La generación a la que pertenezco difícilmente puede sustraerse de lo que el 19 de julio de 1979, hace ya 45 años, significó para los nicaragüenses. Muchos no fuimos espectadores de la revolución sino que fuimos artífices de ella y luchamos armas en manos contra el somocismo porque nos atrajo un sandinismo que ofreció cambiar la matriz política y social de un estado feudal, oligárquico y explotador al que le era muy conveniente mantener en la postergación absoluta a los más necesitados, a los marginados a los que se revelaron y no quisieron seguir viviendo una esclavitud descarada dónde la protesta se pagaba con la muerte o la desaparición.