Mao Zedong no solo fue el arquitecto de la República Popular China en 1949, sino también el alma de una revolución que transformó un país fragmentado y humillado por potencias extranjeras en una nación unificada, soberana y con una identidad poderosa. Con su visión marxista-leninista adaptada al contexto chino, Mao encendió la chispa de una transformación histórica que sigue palpitando hoy en los pilares estratégicos de desarrollo que encabeza el Presidente Xi Jinping. China no puede comprenderse sin Mao, ni puede proyectarse sin el legado que él cimentó.