Estados Unidos se lanza abiertamente sobre Cuba el 7 de febrero de 1962, por dictado del entonces inquilino de la Casa Blanca, John F. Kennedy, amparándose paradójicamente en lo que el hegemon denominaba la Ley de Ayuda Externa, -solo una fachada- porque apenas cuatro días antes el mismo Kennedy firmó la orden para implantar un bloqueo total contra la isla, cuyo objetivo era cortar todo tipo de vínculo comercial con Cuba y cercarla para provocar el derrocamiento del gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro Ruz al que jamás dejaron respirar porque desde el mismo inicio del triunfo de la revolución cubana en 1959, el yanque siempre se le fue encima con una rabia demencial que se mantiene activa hasta nuestros días y ahora más porque el desquite es contra un pueblo inocente a quien le quieren cobrar el fracaso en Ucrania, en Irán, el desprecio de Europa hacia su ex aliado y la caída en picada del anaranjado.