La hecatombe nuclear, un fractal de Gaza

Enviado por tortilla el Mié, 06/08/2025 - 17:43
Wilfredo Gutiérrez, 6 de agosto 2025
 

Gaza
Después de la desgarradora tragedia humana que viven los niños, las mujeres, los ancianos, los jóvenes y toda la población de Gaza por el genocidio israelí apoyado por Estados Unidos y la OTAN; y después de presenciar el acobardamiento (o, ¿debería decir impotencia?) de la mayoría de los políticos del mundo, qué puede importar que estalle una guerra nuclear mundial y acabe con todo de una buena vez. ¿Acaso un sufrimiento humano sería inferior al otro? ¡Por Dios! ¡Qué es la relevancia distintiva!
 
La hecatombe nuclear solamente sería el mismo patrón fractal del exterminio humano en Gaza repetido en una diferente escala. Sería una “autosimilitud,” es decir, aquello que en la teoría fractal ocurre cuando una “parte” de la realidad al ser ampliada se parece al “todo.” ¡Qué más da entonces! Mirémoslo como una simple transmutación del dolor: De “limpieza étnica” a “limpieza de la especie.” Además, estamos viviendo en un mundo carente de empatía y remordimiento donde, además de la fuerza, prevalece la discriminación y el trato desigual como cosa normal de la vida. Quizás no es una exageración que la humanidad, como dicen por ahí, ya está viviendo “horas extras.”
 
Pero, ¿Qué podría arrastrar nuestros corazones a tan desdichada reflexión? Talvez dos cosas. Primero, una concepción de la política como “el arte de lo posible” que hace del hombre un “artista” en la persecusión de objetivos determinados por el poder y la acumulación de fuerzas militares. Un objetivo tan querido como es la paz, por ejemplo, los “artistas” de la “realpolitik” lo persiguen de forma bruta: “La paz a través de la fuerza.” Pero ellos no son “idealistas,” simplemente son “pragmáticos.”
 
Como todo en la vida, sin embargo, “hay de todo en la viña del Señor,” no todos los “artistas” de la “realpolitik” son, por así decirlo, Picasso, Da Vinci o Rembrandt. Toma como muestra algunos portentos de la OTAN o la triste Europa de nuestros días. La “chapucería” política os sorprenderá. Pero es precisamente esta “chapucería” política la cosa responsable que está llevando al mundo a la hecatombe nuclear.
 
Esta misma “cosa” ha intentado recientemente un ataque terrorista en las instalaciones de la Planta Nuclear Central de Zaporizhzhia, controlada por Rusia. De haberse consumado la conflagración, uno se pregunta ¿Qué podría haber seguido a continuación en el camino? ¿Londres? ¿Bruselas? ...  ¿Quién sabe?
 
Además, Estados Unidos, según fuentes, ha anunciado recientemente el despliegue de dos submarinos atómicos en “zonas estratégicas.” Rusia, por su parte, con una racionalidad equilibrada en “el arte de lo posible,” ha respondido advertiendo sobre la importancia de entender el postulado que “en una guerra nuclear no hay vencedores,” y ha reiterado también su voluntad de diálogo.   
 
Puesto que “no hay vencedores” en la “limpieza de la especie,” quién idiota espera beneficiarse de la “limpieza étnica” en Gaza. El contrabalance de poder indicado en aquel postulado es lo que da un chance a la cordura. Pero un chance que cuelga de un hilo porque la altanería emocional de la “realpolitik” pueden reventarlo en cualquier momento y llevar el mundo al exterminio.
 
Cuando los intereses del poder es lo único que “disuade,” el “realismo político” se olvida de abordar las causas profundas de los conflictos militares. Se olvida del desarrollo económico y social al que todas las naciones del mundo tienen un derecho legítimo. Se olvida de abordar la desigualdad social, el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente y otras necesidades fundamentales como la educación y una cultura de respeto y tolerancia. “La paz a través de la fuerza,” como señalan los expertos, “es una falacia” que tiende a exacerbar las tensiones y los conflictos militares. Así que, la tendencia hacia la aniquilación de la especie se torna irreversible. 
 
Segundo, sin el absurdo prejuicio de “superioridad” de Occidente, la filosofía política de la “realpolitik” no podría haber llegado hasta donde está. El prejuicio de “superioridad” es el combustible que incendia y agranda la bravura del “realismo político.” Ambos fenómenos están intrínsicamente relacionados en una forma en que la dinámica misma de ambas fuerzas genera violencia, muerte, discriminación y la exclusión social de aquellos a quienes el delirante prejuicio considera seres “inferiores.”  
 
El delirante prejuicio funciona más o menos así: “Mi superioridad se debe a mi raza, a mi belleza, a mi género o a mi posición socioeconómica. Por ello, estoy autorizado a discriminar, excluir y hasta matar. Si no lo entendéis así, pues para eso tengo la fuerza, para demostrártelo.” Es precisamente esta torcida percepción de la psique humana lo que mantiene los intereses del poder y la fuerza “viento en popa.”   
 
Eso es también lo que genera la arrogancia descarada de vociferar imbecilidades de la peor calaña, como estas conocidas más o menos así: “Esta tierra será para nuestros colonos;” “los africanos se olvidaron de decir gracias;” “que el mundo se ocupe de la ayuda humanitaria, nosotros no;” “ellos son animales;” “go back to your country;” “viven en estado de condenación,” “son criminales y violadores,” etc, etc. Dmitry Medvedew percibió el fenómeno nítidamente: “Occidente… lleva en la sangre una idea enfermiza y anticuada de su propia superioridad.” Así que, estamos ante un “virus” de “mala muerte.” 
 
La “idea enfermiza” de “superioridad” y la filosofía política de la “realpolitik” son las dos fuerzas motrices en marcha que están llevando a la humanidad hacia la hecatombe nuclear. La única esperanza del género humano descansa en los hombros de la humanidad misma, la cual, a través de sus pueblos, puede detener la demencia que controla sus destinos. Detener el genocidio en Gaza significa detener la hecatombe nuclear. La intrepidez del primer acto es la prueba, o el ensayo de consciencia mundial, para detener lo otro – aunque una vez logrado lo primero, quizás no sea necesario lo segundo. Talvez “la mula ya no vuelve al trigo.” [Sea dicho con el perdón de la mula]
 
Sólo la humanidad misma (no la “realpolitik” ni la “diplomacia del mazo”) puede producir la voluntad política justa para cambiar las reglas del juego. Y para ello, se necesitan sentimientos a montón que puedan elevarse a la altura del dolor ajeno. Cuando, por ejemplo, en medio de la dicha propia de “celebrar los logros de una nación como Nicaragua,” al mismo tiempo se puede “sentir angustia por Gaza,” como escribió Becca Renk. El genocidio en Gaza, dice ella, “seguramente perseguirá al mundo para siempre. La pregunta es: ¿haremos algo para detenerlo?”
 
Cuando digo “qué puede importar que estalle una guerra nuclear mundial y acabe con todo de una buena vez” no es pesimismo, resignación, fatalismo o algún furor descolocado de adolescente. Claro que no. Por supuesto que “NADIE” quiere una hecatombe nuclear. El problema es que la “limpieza étnica” en Gaza es el objetivo político querido de la podredumbre política, mientras la gran mayoría del mundo, aunque rechaza la demencia, no puede hacer nada. Entonces pensé que trayendo la “limpieza de la especie” ante las narices tendría algún sentido. Al fin y al cabo, ¿No sería esto la “obra maestra” de vuestra “realpolitik”?  Pues, toma esta desdichada reflexión en vuestra desdichada psique como una invitación a imaginar (o “sentir”) las maravillas del átomo en todo su esplendor.
 
--Wilfredo Gutiérrez es sociólogo