Marcio Vargas Arana, Radio La Primerísima, 2 de agosto 2025
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Me molesto cuando algunas personas preguntan, cuando hablan de películas ¿es cine o es documental?, cuando es lo mismo, sólo que el cine de ficción utiliza actores y el documental personajes reales, pero los dos géneros cuentan una historia al igual que la literatura o el teatro.

El documental es un género cinematográfico, ciertas veces veo en la televisión nacional muchos reportajes que les dicen documentales, cierto que algunos trabajos periodísticos se acercan a la delgada línea de clasificarlo como arte, pasa muy poco, desgraciadamente. el documental es una película y aunque utiliza elementos periodísticos como la «entrevista» se diferencia por ser atemporal y tener lirismo con elementos artísticos, pero al igual que la ficción cuenta una historia, tiene plan de producción, personajes, drama, comedia, trabajo de fotografía, guion técnico, etc.
Cuando estudiaba, a principios del siglo en Cuba, para ser director de cine, mi sueño era ser realizador de obras de ficción como la mayoría de mis compañeros de clase deseaban. Para mí esto pronto iba a cambiar.
La primera vez que cursé la materia «Historia del Documental» me enamoré de este género a primera vista. Me maravillé al ver el primero de la historia del séptimo arte: “Nanuk, el esquimal”, de 1922, que narra la vida de un esquimal de Alaska. Para la mayor parte del mundo estos singulares personajes eran desconocidos hasta que se estrenó el filme.

Como examen final de la clase de documental era hacer uno y yo pedí un permiso a mi escuela para hacerlo en mi país sobre el Sistema Sandinista de Televisión. Era mi primero y lo titulé “Aquellos años”. Fue hecho con los mínimos recursos; por este trabajo de clases me di cuenta que traía el documental en la sangre. Fue selección oficial del festival «Voces contra el silencio» de México y transmitido muchas veces en un nuevo canal en esa época llamado Telesur.
No puedo describir lo que se siente cuando ves por primera vez a un espectador llorar con tu trabajo. Pasó en mi primer Documental. La mayoría de mis trabajos se hacen sin presupuesto, sin ganar nada, pero con el orgullo de cumplir a mi militancia con mi arte.
Mucha gente me difama, algunos me insultan en las redes sociales o en la calle con epítetos como «Cineasta de los Ortega Murillo», honor que me hacen. Cada amenaza, cada insulto me da más entusiasmo para seguir batallando tanto en las redes, como en mi programa de tele, como en mis documentales.
Después de estrenar y llevar “Guerra contra el pueblo” a toda Nicaragua y fuera, entendí la importancia del audiovisual para relatar la verdad de lo acontecido en el intento fallido de Golpe de Estado. Es un privilegio histórico que se me haya permitido hacer ese trabajo, que quede como un documento histórico de esos tres meses de sangre, dolor, destrucción y gloria. Porque no pudieron ni podrán con el sandinismo jamás.
La mayoría de mis trabajos como 6%, realizado en los tiempos en que a muchos les daba pena decir que eran sandinistas, lo trabajamos —con mi hermano Carlos— por varios años con una cámara junto a las piedras, convencidos de que en algo contribuíamos con una lucha justa. Asimismo, realicé trabajos en Cuba defendiendo esa hermosa Revolución, cuando yo era un alumno que pagaba mis estudios, es decir nunca fui becado. Con orgullo aporté a la Patria de Martí y aprendí lo más que pude de ella, lo hacía por defensa al país más justo que he conocido.

Regreso a mis tiempos de estudiante en mi adorada Cuba. Mi profesora de Documental había sido alumna de Santiago Álvarez, el cubano considerado el «Padre del documental Latinoamericano» que hizo filmes clásicos como Now, un corto de seis minutos donde se describe de una forma estética única la represión hacia los negros en Estados Unidos.
Álvarez fue un hombre que filmó en Vietnam bajo los bombardeos del imperialismo a ese valiente pueblo y le dio al género Documental el discurso de nuestros pueblos, lo convirtió en una nueva forma de lucha revolucionaria.
Años después vendrían otros compañeros que seguían este novedoso estilo de Cine, como los argentinos Octavio Getino y Fernando Solanas, quienes hicieron en 1968 un filme de 268 minutos llamado La hora de los hornos, una obra de arte dividida en tres partes: Neocolonialismo y violencia; Acto para la liberación; y Violencia y liberación. Muchos de ellos fueron mis profesores y tuve la gran fortuna de conocerlos.
No se puede dejar de mencionar a Patricio Guzmán que realizó La batalla de Chile, una cinta que explica paso a paso el golpe de estado que derrocó al Presidente Salvador Allende en 1973 en Chile. Guzmán tuvo que sacar de su país clandestinamente los rollos de 35 milímetros que narraban uno de los acontecimientos más terribles de la historia de la Patria Grande. En esos tiempos se decía que «tu cámara era tu arma» y en toda la región nacieron muchos realizadores que pasaron a la historia como Humberto Ríos, Julio García Espinoza, Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea, Miguel Littin, Fernando Birri, entre otros. Grandes nombres que sembraron el Nuevo Cine Latinoamericano y que inspiraron también el nacimiento del INCINE en Nicaragua.

El sueño de esa generación de cineastas se concreta en la fundación en 1988 de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba en San Antonio de los Baños. Concebida para ser la primera escuela de cine del mundo donde podrían estudiar personas de escasos recursos del continente, fue inaugurada por el Comandante Fidel Castro y el escritor Gabriel García Márquez.
Es considerada hasta la fecha una de las mejores Escuelas de Cine del planeta. Varias veces el Director de El Padrino, Francis Ford Coppola, ha visitado la escuela, al igual que Steven Spielberg, Robert Redford, George Lucas, Steven Soderbergh, Matt Dillon, Benicio del Toro, entre otros artistas de los más famosos del mundo.
Tenía que relatar un poco de esta historia para llegar a Nicaragua, donde en 1979 nace INCINE (Instituto Nicaragüense de Cine), que durante algo más de una década produjo ficciones, documentales, noticieros de cine y muchas obras que obtuvieron reconocimientos en todo el mundo.
Un hecho curioso, pero que tiene explicación, es que con todos los recursos para hacer Cine en Nicaragua se destacó el Documental sobre todos los otros géneros. Era el principio de la Revolución Sandinista, Nicaragua estaba en los ojos del mundo y creo que por esa historia de gloria, sangre y libertad, el Documental se desarrolló en un escenario único.
Cineastas nuestros como Frank Pineda, Ramiro Lacayo, María José Álvarez, Fernando Somarriba, Mariano Marín, Rafael Vargas Ruiz, Rossana Lacayo, entre otros, realizaron documentales como los famosos Noticieros INCINE, que eran sin duda influenciados por el Noticiero ICAIC de Cuba.
Muchos de estos trabajos se pueden ver como cine de «propaganda», lógico en los ochenta donde una Revolución triunfante fue atacada por los yanquis. En un estado de guerra era necesario la batalla por todos los frentes, incluyendo el cine.
Regreso en el tiempo a recordar momentos agradables. Hoy quiero compartir algo muy especial con ustedes: me acuerdo cuando defendí mi tesis en el 2005 en La Habana: el documental “El cine soy yo”. Jamás voy a olvidar a mi tutor, Eduardo de la Torre, un maestro muy querido quien fue casi toda su vida documentalista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y filmó en 7 guerras.
Un cubano que también fue alumno del gran Santiago Álvarez. Publico algo de sus palabras que escribió en un papel que después me regaló y que guardo con mucho cariño:
«Marcio ha demostrado ser un documentalista que defiende las ideas revolucionarias del Che, de Fidel, de Sandino con un compromiso real con el documental para librar grandes batallas en favor de un mundo más justo».
Ese día lloré de felicidad y me prometí ser consecuente con ese discurso. Lo intento siempre, se los juro.