El canto de tus besos
“Pensar que tú esperabas la palabra
y que yo nunca, ¡nunca!, te la dije.”
(Manolo Cuadra, 02.11.1930)
Es como el trinar de los pájaros
junto a una laguna en la selva:
a primera escucha, parece un canto monótono,
pero al afinar los oídos
se descubre la coordinación melódica de los intérpretes.
Quizás, o mejor dicho, estoy seguro,
que si ese amor no te ha tocado,
el canto que emana de esos besos
se vuelve imperceptible al oído.
Por tanto, nuestra primera premisa sería:
se debe ser consciente de ese amor
para percibir los besos como melodías.
Además, debe cumplirse una segunda condición
para validar esos besos como arte acústico
de percepciones suprasensoriales:
debe existir una conexión entre el beso
y aquel que ha sido besado.
Y es así como ese beso se transforma
en una marcha de amor,
un vals de pasiones,
una ópera de emociones,
un vibrato ininterrumpido entre el sentir y el discernir
de las palabras no dichas,
pero que siempre están presentes.
Es ahí, en ese preciso instante,
consagrado entre el espacio y el tiempo,
en donde estamos solo los dos,
interpretando la mejor de nuestras melodías.
Y cuando el eco de nuestras melodías se disipe,
quedará en el aire una resonancia infinita,
un recuerdo que no se desvanece,
sino que danza en la memoria, suave y eterno.
Quedará un compás inmortal que seguirá vibrando en el silencio.
Jeremy Cerna
Berlín, 12.04.2025