La moral del mundo multipolar

Enviado por tortilla el Mar, 11/02/2025 - 10:55

Wilfredo Gutiérrez. 11 de febrero 2025
 
“La comunicación entre Los Estados Unidos y nosotros es de drones y misiles” – dijo una vez un líder político Yemení.
 
El régimen sionista israelí asesinó a 71 personas y dejó más de 200 heridos en Gaza después de un par de horas del alto el fuego con Hamas. Al día siguiente, el Primer Ministro Israelí Benjamin Netanyahu declaró: “Os lo prometo, lograremos todos nuestros objetivos de guerra,” y aseguró “reanudar la guerra con tremenda fuerza.” Hace dos días, el régimen sionista ha llevado a cabo una “limpieza étnica” en Cisjordania. El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, recomendó “una mentalidad de guerra” para la alianza. El Presidente Donald Trump emprendió “la conquista de Canadá, la usurpación de Groenlandia, el cambio de nombre del Golfo de México y el despojo a los panameños de su canal."
 
Cuando yo leo esto, debo de ser muy cándido para preguntarme, ¿De qué diablos está hecha la conducta humana? ¿Cómo se puede entender una conducta que decide todo lo que quiere sin importar cómo conseguirlo? ¿”Libre,” rebelde, soberana, salvaje, inmadura? Quizá todo se puede interpretar, pero no se puede dejar por fuera lo inmoral. La moral, a mi juicio, es la fuerza política por excelencia en el mundo.
 
El mundo parece no poder escapar a la idea de que el origen de la moral es “la ley del más fuerte,” ya que, como se dice comunmente, “la historia la escriben los vencedores.” Los “vencedores” imponen “las reglas del juego” de la sociedad y determinan lo que es bueno y malo. Pero lo que no hay que perder de vista es que la “moral” de los “vencedores tradicionales” en la historia ha sido una visión unipolar de dominación global refugiada en teorías seudocientíficas de “ley natural.”
 
A juzgar por la crítica situación geopolítica actual del mundo, yo veo cuatro puntos nodales que me parecen dignos a tomar en cuenta. Estos puntos, aunque no tengan “nada nuevo bajo el sol,” podrían arrojar alguna luz para quienes serán los “nuevos vencedores” en la historia, y talvez hasta para quienes se puedan redimir de la prepotencia unipolar:
 
(1) La “moral” de los “vencedores globalistas tradicionales” se presume amoral, pero es, en verdad, inmoral. Para ellos, es mejor presumirse “amoral,” como es propio de los animales, y de este modo poder justificar cualquier acto de violencia sin ser acusados de inmoralidad, como es propio de los humanos.
 
La táctica de presumirse amoral se remonta a una ideología política que viene de los conceptos de “realismo político” o “amoralismo oligárquico” desde los tiempos de Calicles en el diálogo Gorgias de Platón, pasando por el maquiavelismo y el Darwinismo social. En el centro de estas ideologías está la idea de que “los más fuertes” están autorizados por “ley natural” a dominar y conquistar el mundo; y por la misma logica, los “débiles” deben obedecer y cumplir la autoridad del “más fuerte.” De este modo, ellos pueden desviar la responsabilidad moral de cualquier acto de violencia hacia cosas naturales como “genes” o “reacciones neuronales.”   
 
El elemento dinámico en estas ideologías es la “falacia naturalística.” Por virtud de esta falacia, las élites políticas dominantes pueden disimular que los “más fuertes” determinan lo que es bueno y malo; pueden decir “científicamente” que “el origen de la moral está en los primates,” y pueden también proyectarse al mundo como “amorales.” Al fin y al cabo, “ser amoral” es menos descarado que “ser inmoral.” Si el origen de la moral está en propiedades naturales, la “falacia naturalística” se convierte en una herramienta maravillosa para hacer creer al mundo que lo que “es natural” es “bueno,” y lo que “no es natural” “es malo.”
 
Pero la “falacia naturalística” va más lejos todavía. La falacia sirve para convencer al mundo que dominar, avasallar o sojuzgar “es bueno” porque “es lo natural” y porque es la razón por la que “el fuerte” es “más fuerte.” Asímismo, resistir, libertar o emancipar “es malo” porque “no es natural” y porque, en vez de obedecer, es lo que hacen “los débiles.” Si esto no fuera cierto, el Presidente francés Emmanuel Macrón no podría haberse quejado de que los africanos “Se olvidaron de dar las gracias” – al expulsar de sus tierras a las fuerzas imperialistas francesas. En esta mentalidad farsante, los franceses habían hecho “lo bueno” porque era “lo natural” y no se puede entender aquella “descortesía.” ¡Fantástico! Valga la ironía.
 
Esta es la misma mentalidad farsante, colonialista y supremacista de gente como José María Aznar y Mario Vargas Llosa para quienes los indígenas latinoamericanos seguramente también “deberían” decir “gracias” por el genocidio español en América. No podía ser de otro modo. El tamaño de la demencia es tal que la “falacia naturalística” resulta la herramienta “científica” maravillosa para camuflar la inmoralidad.
 
(2) Las teorías políticas que justifican las acciones de los “vencedores globalistas tradicionales” son una falacia. Las élites políticas dominantes del mundo unipolar no son “más fuertes” o “menos fuertes” por causa o superioridad de “ley natural.” Ellos son “más fuertes” o “menos fuertes” por los términos claros y precisos con los que determinan los “fines” y los “medios” de su comportamiento político moral.
 
Una perspectiva sociológica básica sobre la esencia social de la acción humana demuestra el fraude teórico. La conducta humana, en esta perspectiva, no puede ser entendida sin el acto de operación a la cual el sujeto, individual o colectivo, le asigna un sentido o una percepción. Esto significa que la voluntad política del individuo, con sus propios “fines” y “medios,” interactúa con la voluntad política colectiva de las instituciones sociales de la sociedad. A su vez, estas instituciones sociales, con sus “fines” y “medios” respectivos, actúan como fuerzas sociales externas al individuo a lo largo de su vida para formar su personalidad y percepción del mundo. Así que, toda percepción, individual o colectiva, es esencia social, con lo interno y externo ya contenido, que surge de toda la sinergia interactiva históricamente involucrada.
 
Las ideologías políticas maquiavélicas y darwinistas han hecho de la “ley del más fuerte” una “ley” sacrosanta donde los “intereses” siempre están en el centro de la praxis política, mientras la moral no existe. A la luz de la perspectiva sociológica, sin embargo, uno puede ver que los “fines” de las élites políticas y “oligarcas amorales” del mundo nunca en la historia han “justificado” los “medios” en un nivel medianamente decente. Además, los “medios” de la acción humana no pueden ser “justificados” por los “fines” – eso es políticamente falaz. La relación entre “fines” y “medios” es una relación de estrategia de causa y efecto, en la que la moral juega un papel central en su relación con la realidad.  
 
No hay que rumiar mucho para ver gráficamente la falacia política de los “vencedores globalistas tradicionales” a la luz de la esencia social de la acción: El robo de territorios en Gaza (el fin) “justifica” el genocidio (el medio). El robo y reparto de territorios y petróleo en Siria (el fin) “justifica” el asalto terrorista en dicha nación (el medio). El sueño mesiánico del “Gran Israel” (el fin), cuyo objetivo no es más que un insolente descaro del mundo unipolar, “justificará” el genocidio y terrorismo (el medio) de los pueblos originarios del Oriente Medio. ¡Estupendo! Disculpad otra vez la ironía.
 
La cuestión no es que los “fines” (el robo de territorios) “justifica” el “medio” (el genocidio). Eso es cinismo crudo. El punto es que el “medio” (el genocidio) causó o hizo concreto el “fin” (el robo de territorios). El asalto terrorista causó o hizo concreto el robo y reparto de territorios en Siria, etc. La relación entre “fines” y “medios” es básicamente una relación de estrategia en la que la finalidad intencional de la acción causa un efecto, independientemente de ser “más fuerte” o “menos fuerte.” Un estudiante, por ejemplo, dice, “Quiero ser ingeniero y voy a estudiar duro en la Universidad para graduarme.” Después de un tiempo, el estudiante sencillamente exclama el valor de su estrategia: “¡Por esto, ‘me maté’ estudiando!” Los “oligarcas amorales” del mundo, por supuesto, nunca van a reconocer el valor de su estrategia: “¡Por esta tierra y este petróleo, cometí el genocidio!” Lo lógico para ellos es torcer la cosa: “el fin justifica los medios.”
 
La esencia social de la acción es también el libre arbitrio o libre albedrío del ser humano. Sin embargo, ciertos “científicos,” “psicólogos,” “neurocientistas” y “filósofos de la ciencia” dicen que el libre albedrío “es una ilusión” o que “no existe.” Pero, ¿Por qué estos “científicos” niegan el libre albedrío? En primer lugar, porque ellos están intelectualmente entrampados en la “falacia naturalística” y todo lo que huele a libertad debe ser rechazado porque “es lo malo” o “lo no natural” que se opone al “más fuerte.”
 
En segundo lugar, muchos “científicos” hacen gala de un obsesivo, y hasta enfermizo, rechazo a Dios como el origen de la moral. Su fóbica actitud hacia Dios no les permite aceptar una idea teológica del libre albedrío. Para ellos, la “ciencia” es su único Dios. Es por eso que alegan que el origen de la moral “está en los primates.” Al fin y al cabo, es más fácil rechazar una idea teológica del libre albedrío que oponerse a las pautas de investigación científica dictadas por el “más fuerte.”
 
Paradójicamente, sin embargo, estos señores “científicos” junto con sus amos políticos poderosos pueden, con toda libertad, reservarse para ellos mismos el libre albedrío, venga de donde venga, como un patrimonio exclusivo para dictar “las reglas del juego” del mundo unipolar. Lo que estos farsantes no pueden negar es el libre albedrío real que hoy está en cargo del mundo multipolar. Esto no es “una ilusión” para ellos, ya que es realmente la fuerza moral y política que, con sus “fines” y “medios,” está actualmente transformando el orden mundial.
 
Además, es una conchuda osadía querer abandonar la responsabilidad moral que implica la libertad. Como lo diría Sartre, estos señores pueden ser acusados de “profesando mala fe” por querer abandonar su responsabilidad moral al creer (o hacer creer al mundo) que no son libres. No creáis que es por casualidad que los políticos del neoliberalismo acusan de “dictadores” y “autocracias” a los gobiernos que, precisamente, tienen la responsabilidad moral de ser libres y soberanos.
 
Las élites políticas dominantes no pueden aceptar que todos los individuos, y todas las sociedades, son generalmente diferentes porque toda acción humana, individual y colectiva, es propositiva. No pueden aceptar que una cosa es tener metas, y otra es cómo lograrlas. Tampoco pueden aceptar que no todas las personas, ni todas las sociedades, persiguen sus “fines” con métodos salvajes, como ellos.  
 
(3) El aforismo que “en geopolítica no hay buenos y malos, sólo hay intereses” es también una falacia. Es una falacia porque toda acción humana es siempre una relación dialéctica entre moral y realidad. Toda conducta humana, con sus “fines” y “medios,” siempre se determina en los dominios de lo que “es” y lo que “debe ser. Y el “deber ser” es precisamente lo que trata con la moral; y la realidad es lo que “es.”
 
Los humanos cotidianamente están haciendo determinaciones del “deber ser” ante lo que “es” la realidad que se le presenta a ellos como “mala” o “buena.” La acción humana, con sus “fines” y “medios,” busca normalizar o poner en orden una realidad que moralmente es percibida como “mala.” Y como el ser humano, individual o colectivo, es siempre el sujeto de la acción, pues, siempre habrá “buenos” y “malos” en la película.
 
Por ejemplo, la mentalidad supremacista y colonialista de los conquistadores europeos de los años 1500s, según historiadores, creyó que las poblaciónes nativas del Continente Americano eran de unos “indios salvajes” que vivían en “un estado de perpetua condenación.” Pues, esa era la realidad (lo que “es,” lo que “era”) que en la percepción de los conquistadores estaba “mal.” Entonces, ellos decidieron hacer el “bien,” es decir, el “deber ser,” para componer la situación. Así que, ellos determinaron “hacer una guerra justa” (el “medio”) contra los “indios,” para exterminarlos y para que “los indios se reconciliasen con Dios” (el “fin”). De ahí en adelante, ya conocemos todas las historias de terror y genocidio que cometieron.
 
¿Lo veis? El aforismo es una falacia porque toda acción humana es siempre una relación dialéctica entre moral y realidad. En el mundo actual, los potencialmente “nuevos vencedores” en la historia, los líderes políticos del mundo multipolar, hasta donde yo puedo ver, están hartos de toda esa realidad de lo que “es” y “ha sido” la acción humana unipolar hasta el día de hoy. Están hartos de lo que “es” la realidad de dominación, opresión y avasallamiento de las naciones por la “ley del más fuerte.”
 
Así que, la “nueva moral multipolar” está ahora ejerciendo el “deber ser,” es decir, el “bien,” para lograr un orden mundial más justo y ecuánime entre todas las naciones del mundo. Los integrantes de la nueva moral buscan el respeto mutuo, la equidad, la cooperación y la ganancia compartida entre todas las naciones, sin importar su tamaño y los recursos naturales que cada nación pueda ofrecer al mundo.
 
Pero los líderes políticos de la moral multipolar, en el momento actual de transición civilizacional, están también bregando con los “medios” de “fuerza” necesarios que exige la transformación global. Es por eso que los Yemeníes, al igual que otras resistencias hoy en el mundo, están “jugando” el mismo y “único lenguaje” de “comunicación” que entienden los que se creen amos del mundo, como se implica en el epígrafe. No pueden prescindir del uso de “la fuerza” para ejercer el “deber ser,” para hacer “el bien” y poder cambiar una realidad que se les presenta a ellos como “mala.” Ese es el reto de la moral multipolar.
 
Si me preguntáis, cómo debería rezar el aforismo en su justo sentido, dejadme decirlo así: “En geopolítica hay intereses, pero también están el bien y el mal.” Así de sencillo. El hecho que haya “buenos” y “malos” en geopolítica, como todo en la vida, no es una condena personal a nadie, es simplemente un fallo o un acierto en la esencia social de la acción humana. ¿Por qué créis que lo que pensamos y lo que decimos en la vida cotidiana nunca son lo mismo? No es por falsa modestia, sino por ese reparo moral que hay en la conducta humana de “fines” y “medios” para no hacer daño a nadie.
 
(4) El “determinismo economicista” derivado del marxismo es un peligro para el concepto “estratégico” de la acción humana. Yo puedo ser acusado de “determinista social” al discutir este punto, pero mi entendimiento es que entre la “base” y la “superstructura” de toda sociedad, siguiendo la terminología marxista, existe una interdependencia mutua. Si es así, entonces la cuestión es más de prioridad o predominancia coyuntural en uno u otro aspecto que de “determinismo” de cualquier clase.
 
La interdependencia mutua entre ambos ámbitos es precisamente lo que hace posible la existencia de la sociedad. Y la sociedad, según un principio sociológico básico de estructura y organización social, no sólo es una esencia o una sustancia enteramente distinta de las características individuales de sus “partes,” sino que también “es más que la suma” de sus componentes individuales. Los “fines” y los “medios” de la acción humana, por lo tanto, deben estar moralmente y políticamente más obligados a la sociedad en su conjunto que a algún componente individual.
 
El “determinismo economicista” es derivado del argumento marxista de determinación de “última instancia” de la economía como el factor fundamental de cambio social y desarrollo de toda sociedad. El problema es que este “determinismo economicista” tiende a hacer de las instituciones sociales, intelectuales, políticas y morales de la sociedad, una subordinación permanente e incesante.
 
Este “determinismo economicista” es peligroso porque induce a subordinar todo el tiempo las decisiones políticas importantes de la sociedad a los intereses de “última instancia” de la economía, los cuales son generalmente los “intereses” de unos pocos. El “determinismo economicista” es peligroso porque tiende a ignorar la importancia coyuntural que requiere, por así decirlo, “determinaciones de primera instancia” en la superestructura política de la sociedad.
 
Hoy en día, por ejemplo, el adjetivo “estratégico” parece sufrir de un cierto exceso en las relaciones internacionales. Cuando dos naciones declaran que han hecho “acuerdos estratégicos,” estos acuerdos son generalmente de apoyo financiero de una nación a la otra para la construcción de un puente, una planta energética, un aeropuerto, un oleoducto, y similares tipos de infraestructura. Por supuesto, ellos son “proyectos estratégicos” para el desarrollo económico y social de cualquier sociedad. No se trata de abandonar esos proyectos. ¡Faltaría más!
 
Habiendo dicho eso, sin embargo, como lo atestiguamos hoy en la situación bélica de Europa del Este y Oriente Medio, un par de bombazos del adversario puede hacer saltar en pedazos esos “proyectos estratégicos” en un instante. Su valor de determinación de “última instancia” puede perderse en un santiamén o hacerse todavía más lejos o más “último” en el tiempo.
 
Actualmente, parece existir una carencia de determinaciones políticas de “primera instancia” que, con sus “fines” y “medios,” podrían responder de forma ágil y dinámica a situaciones que requieren disuación, protección, prevención u otras formas inmediatas contra agresiones externas. Que no os quepa duda que las acciones del adversario contra obras de infraestructura económica o contra figuras políticas son también determinaciones políticas de “primera instancia.”
 
Algunos medios informativos dicen que las fuerzas militares rusas atacan objetivos estrictamente militares de Ucrania, mientras que las fuerzas militares de Ucrania-OTAN atacan objetivos militares pero también atacan constantemente poblaciónes civiles de Rusia, infraestructura económica, aniquilan figuras políticas, y hacen constantes sabotages a barcos petroleros rusos. ¿Qué significa esto? Sin duda, esto muestra la superioridad política de la moral multipolar frente al mundo unipolar. Pero también deja entrever el activo papel de las determinaciones políticas de “primera instancia” de los agresores, mientras parecen pasivas las determinaciones de “primera instancia” de la Federación para anticipar o neutralizar las agresiones.  
 
Cuando buques petroleros de Rusia cargados con miles de toneladas de crudo no pueden ser recibidos en los puertos de India y China porque los empresarios respectivos tienen temor a ser castigados por las “sanciones” occidentales, estas son determinaciones de “última instancia” perniciosas para la moral multipolar. Si no hay una determinación política de “primera instancia” de parte los líderes políticos de India y China para intervenir en la situación y permitir que los buques petroleros puedan ser recibidos, ¿Cuál es el “chiste” de la alianza multilateral?
 
Cuando el gobierno brasileño ha bloqueado la entrada de Venezuela y Nicaragua en la organización de los BRICS, esto, aunque es una decisión política de “primera instancia,” es una decisión miserable de los “fines” y “medios” de la moral multipolar. Aparentemente, la alianza multilateral tendrá que crear manuales básicos para principiantes que puedan entender los conceptos de soberanía de otras naciones, ya que es triste observar la vileza o defectos en la retina de ciertos líderes políticos que presumiblemente serán los “nuevos vencedores” en la historia.
 
Cuando el Presidente Donald Trump decide subir los aranceles a las importaciones de México, Canadá y China, esto es una determinación política de “última instancia” de la economía en la que el mandatario estadounidense busca un proteccionismo para la economía estadounidense y para obtener otras exigencias de las demás naciones. Si esto es una decisión política acertada de “última instancia,” es algo cuestionable, ya que, según expertos, desatar una guerra comercial entre las naciones no podría resultar en beneficio para la economía estadounidense, para la sociedad estadounidense en su conjunto, ni para las naciones involucradas.  
 
Pero supongamos que el Presidente Trump decide mañana desmantelar una red interna de distribuidores de Fentanilo y otras poderosas drogas que están matando y degenerando la humanidad de miles de personas en Estados Unidos; y decide llevar a la justicia a los responsables. Pues, esto sería si duda una legítima decisión política de “primera instancia” del Presidente, ya que, esto podría comenzar a sembrar las semillas para una maravillosa sociedad del futuro de Estados Unidos.
 
Yo entiendo que las relaciones económicas, en el sentido marxista, son “la base” de los acuerdos políticos de una sociedad, pero no creo que la “base” sola y exclusivamente con sus factores económicos puede lograr el desarrollo económico y social de una sociedad sin la influencia activa de las ideas de la superestructura que gobiernan ese desarrollo. ¿Cómo podría explicarse el admirable desarrollo humano, económico y social de Nicaragua sin las ideas Sandinistas? Los Somoza, los Chamorro, los Barrios, los Alemán, y toda la recua de bandidos que mantuvieron al pueblo nicaragüense en miseria y pobreza durante muchas décadas nunca hicieron nada bueno por el pueblo porque siempre fueron peleles de las determinaciones de “última instancia” de la economía estadounidense.
 
No niego que la posición de las personas en las estructuras socioeconómicas de la sociedad condicionan sus percepciones, valores y acciones, pero el reparo moral que existe en la determinación de “fines” y “medios” de la acción humana es mucho más poderoso que “vivir sólo del pan.”   
 
Estos son, pues, los cuatro puntos nodales, ligeramente pincelados, que me parecen dignos de tomar en cuenta. La moral del mundo multipolar, la cual está expuesta a toda índole de amenazas, debe superar los escollos inherentes en estos puntos. Perdonad la inmodestia si, para terminar, digo que, sin una mínima consideración a estos puntos, la moral multipolar bajo el mando de los “nuevos vencedores” en la historia podría andar un largo camino con bastón o con muletas.
 
* El compañero Wilfredo Gutiérrez es sociólogo