La Naturaleza está ofendida

Enviado por tortilla el Lun, 18/11/2024 - 18:32

Moisés Absalón Pastora, Detalles del Momento, 18 de noviembre 2024

Somos mal agradecidamente los terráqueos parásitos obviamente bestializados que nos comemos y nos multiplicando irracionalmente con el absurdo criminal de que la naturaleza es un enemigo.

Francamente los animales son más sabios que nosotros que de siempre hemos credo que los recursos de la madre tierra están, tan a nuestra disposición de que los podemos explotar y usar a nuestro antojo sin entender que estamos arrebatando la vida al único hogar que el universo ha concedido hasta hoy a nosotros que humanamente no somos nada.

Nuestra ignorancia es tal que no entendemos los mensajes y las señales de Dios, que son más que claras. Tampoco hemos atendido, por el contrario, hemos negado la opinión de los científicos del ambiente o los líderes socioambientales cuando nos exponen las causas de tantas tragedias que suceden y que no son otra cosa que el lenguaje de una naturaleza reactiva y en protesta contra nuestra mano criminal.

Ni los gobernantes ni los gobernados del mundo han tomado con la seriedad que requiere esto del cambio climático y menos los que tienen un enorme poder de fuego que con las guerras que estimulan para que la industria armamentista gane lo que han hecho es pegarle fuego al planeta con sus bombas para meter a lo que queda de la humanidad en un ataúd redondo para que la naturaleza, como ya lo está haciendo, nos lleve a patadas al cementerio.

No hay duda la naturaleza está reaccionando contra la especie humana con todo su furor. No podemos resistirnos a tan palpable realidad y menos ahora que vivimos en carne otra tragedia, la de Sara que, sin ser huracán, está zarandeando a Centroamérica, solo por mencionar una de las muchas tragedias que también ocurren simultáneamente en otras partes del mundo, pero ahora con una recurrencia, que es fácilmente comprensible pensar en que nos encontramos en los últimos días porque la dimensión de cada impacto es simplemente apocalíptica sin que de ninguna manera media que seas nación grande o pequeña.  

Los fenómenos que azotan son tantos y con características tan diversas que debe ponernos a pensar sobre lo que hicimos, sobre que seguimos haciendo. El planeta vive una realidad muy diferente a todo lo que llegamos a conocer a lo largo de la existencia que aún sobrevive. No lo queremos aceptar porque somos engreídos y atorrantes, pero el mayor tiempo de nuestra vida la hemos pasado actuando contra el mundo y así nos hemos convertido en conspiradores contra el planeta que el Creador nos dio para habitar.

Nos llamamos Homo Sapien, pero somos en realidad la especie más salvaje y cavernaria de esto que equivocadamente hemos llamado civilización porque la verdad es que la auténtica civilización está en la selva, en la montaña, en los bosques que aún quedan y donde habitan los animales, los animalitos, que verdaderamente son más sabios que nosotros porque respetan la naturaleza y porque viven en ella no la destruyen como nosotros las bestias de dos patas que hacemos cualquier cosa para destruir la “Pachamama” la Madre Tierra que tristemente parió hijos infames que la matamos.

Hemos perdido de vista la conducta correcta y que somos transeúntes y jamás dueños del mundo. No queremos identificar el origen del desorden, el caos, el crimen, la falsedad, la aberración y la violencia que prevalecen hoy en el mundo. Esos efectos devastadores, que son la causa del mal causado, están en la conducta de la gente que es opuesta a la dignidad de la naturaleza del hombre.

La educación que hemos recibido y seguimos recibiendo más allá de las aulas escolares y universitarias lamentablemente no está relacionada con los valores humanos y por eso todo lo que nos concierne, tanto en la esfera de la política, la conducta social, la actividad económica, la búsqueda espiritual y la responsabilidad con la naturaleza, son cosas que en nuestra “cultura” tienen un espacio muy reducido y en consecuencia en nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu porque y tristemente será siempre un problema en tanto no hagamos cambios en las acciones y conductas de nuestra manera de vivir.

Los hombres hemos cambiado al mundo. Nos hemos olvidado de quien lo hizo para nosotros y en nombre de la modernidad y la tecnología hacemos cosas divorciadas con el sentido común como si El Creador no nos observara. Dios está presente en nosotros y mira con miles de ojos todo lo que hacemos. Por eso cuando sucede cada cosa en el planeta; terremotos, tsunamis, huracanes, tornados, erupciones, grandes heladas, calores infernales, inundaciones, quemas de bosques, sequias, crisis económica, actos terroristas como los que vivimos aquí en 2018 y la pandemia del COVID-19 etcétera, lo que realmente está pasando es el anuncio de nuestro destino final como producto de lo que nuestra propia mano ha hecho en línea de acción con la perversión de la mente humana.

Hemos cubierto nuestra mente con un manto de ignorancia, hemos tapado nuestros ojos con el egoísmo y cerrado el corazón con el orgullo. Despreciamos la decencia y no nos queremos dar cuenta que la vida y todo aquello que tanto decimos cuidar puede irse de un momento para otro. Estamos sumergidos en la brutalidad de la ignorancia, malgastando la vida en la búsqueda de cosas transitorias y guardando silencio ante tanta inmoralidad.

El mundo está padeciendo innumerables problemas porque la gente no pone límites a sus deseos. Las guerras, los conflictos ideológicos, las distancias entre las naciones ricas y las naciones pobres, la demencia por el poder por el poder mismo, la sed de figuración, el terrorismo, las dictaduras, la depravación en algunos religiosos, el lesbianismo y el homosexualismo, los crímenes atroces, el incesto, la pedofilia, la infidelidad, la traición, el narcotráfico, la prepotencia, el fraude y la corrupción son elementos que en su conjunto han hecho desaparecer los valores morales y lo peor es que hay quienes los patrocinan y los promueven.

Hay quienes matan en nombre de Dios y dicen que sus guerras son santas. Hay profesionales de la fe que desde sus sotanas proclaman el odio cambiando el evangelio por la politiquería. Van contra la naturaleza y las leyes del Creador y de la misma manera gobiernos que se prestan para realizar matrimonios, supuestamente legales, entre homosexuales o entre lesbianas.

Ahora los “predicadores” de la modernidad nos ven como trogloditas porque hay quienes rechazamos la idea de que nuestros menores realicen el sexo en las etapas tiernas de su vida. Por negarnos a darles permiso para ir a una fiesta para que regresen “temprano” a las cuatro de la mañana. Es decir, vivimos al revés. Dañamos lo que debemos amar. Traicionamos lo que más nos vale y después pretendemos sorprendernos por lo que nos pasa.

La humanidad va en retroceso porque hay quienes te hablan de paz con el garrote en la mano. Se dicen honorables, decentes y honrados, pero te quitan el calcetín sin quitarte el zapato. Por eso el mundo está padeciendo innumerables problemas porque la gente no pone límites a sus deseos y no entiende que, aunque se aspire a la riqueza, uno debe procurar sólo lo que le corresponde, pero desgraciadamente somos depredadores de nuestra propia especie y lamentablemente no estamos haciendo nada por cambiar nuestras actitudes.

Meditemos bien sobre todo esto. Pensemos qué haremos cuando no tengamos a esta Nicaragua, qué haremos cuando no tengamos patria. Para entonces estaremos prefiriendo morir porque la purga de nuestros errores, el dolor de los que aún puedan ser purificados, será tan terrible como los daños que nuestra mano ha causado a la naturaleza y a nuestra propia humanidad a la que hemos visto como cualquier cosa.

En lo que respecta propiamente a los nicaragüenses hay entre nosotros gente realmente malvada que nos quiere conducir a la destrucción del país porque esas son las órdenes que reciben de quienes les pagan. En ellos no hay valores, no hay principios, no hay decencia. La ley la tienen para violarla y mientras tanto los canales de televisión en muchos países, sobre todo en Estados Unidos transmiten abiertamente pornografía y películas sangrientas y de horror diabólico y los niños y los jóvenes las ven sin control porque es prohibido controlarlos y después se asustan por las masacres diarias que generan las armas vendidas sin restricción a cualquier loco; Noticias rojas todos los días donde la muerte te cobra la vida por un pinche trago de guaro; Pleitos de cuartería donde algunos individuos se sacan las tripas o simplemente llaman a la sedición porque se creen intocables. La vulgaridad ahora es tan frecuente que los mismos periodistas o presentadores de programas la usan como si estuviesen hablando con un pandillero fuera de micrófono.

No manchemos nuestras manos con la sangre de la naturaleza ni de la decencia. Ya muchos de nosotros vamos de salida, pero tenemos autoridad para reclamar por la humanidad, porque venimos de un tiempo donde el respeto a los valores de la vida existían, se promovían y eran parte de la cátedra diaria en nuestros hogares y cuando no entendíamos eso por razones entonces nos lo hacían entender con tajonas, a fajazos, con castigos de verdad y no por eso odiábamos a nuestros padres, antes bien somos, hasta que nos llegue nuestra fecha de caducidad, profundos agradecidos de lo que nos enseñaron y nos inculcaron.  

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA