Un extraño fragmento

Enviado por tortilla el Mar, 26/12/2023 - 19:00

Wilfredo Gutiérrez, 26 de diciembre 2023

Si la solidaridad es un sentimiento de adhesión a la causa o empresa de otros, el fragmento que nos ocupa en este texto es claramente cierto. Que las convicciones y los discursos políticos sean la única fuente exclusiva de “prejuicios, ardides y maquinaciones” es otro asunto.

Thomas Merton, según Jorge Eduardo Arellano, “creía… que la solidaridad de los poetas ‘no está planeada ni ligada a las convicciones políticas, puesto que estas son fuentes de prejuicios, ardides y maquinaciones.’” Totalmente cierto, “no está planeada ni ligada.”

El problema es quién decide que ese sentimiento de adhesión a la convicción política se produzca o no. ¿Qué podrían pensar al respecto Leonel Rugama, Ricardo Morales Avilés, Roque Dalton, Mario Benedetti, Pablo Neruda, Rubén Darío, Lope de Vega, Gabriela Mistral, Arlen Siú, Magda Portal, Federico García Lorca, y otros tantos en la historia que hasta derramaron su sangre por llevar la expresión luminosa a la resistencia de los conflictos de clase y las injusticias sociales de gobiernos, reyes y tiranos?

¿Cómo podríamos negar que una íngrima métrica bajo las balas recogida de la idiosincrasia popular (“¡Qué se rinda tu madre!”) sirvió al “poeta trunco” Leonel Rugama, no sólo para evocar una “adhesión” a la convicción política, sino una cristalización de la palabra en cuya vehemencia de la realidad se fundieron y perdieron todas las indeterminaciones?   

¿Y qué podemos decir de los cantos épicos de la palabra poética en el bando imperial de la historia? Me refiero a la poesía del poder; aquella que se erige en abierta y declarada alianza con el poder político del imperio. Digamos por ejemplo La Eneida, esa monumental obra literaria del poeta romano Publio Virgilio Marón. ¿No es esto una bella representación literaria de la poesía del poder? ¿No es esto un monumento a la Gloria del César y la grandeza de la génesis civilizacional del imperio romano?   

¿Qué extraño podría ser que de repente un poeta Sandinista, o simplemente un patriota de Nicaragua, un día le cante con todas sus letras un poema al Comandante Daniel? Digamos, un poema que, sin ocultar su propósito político, sea una epopeya en cuanto al hecho inequívoco de ser este hombre el primer líder político de la nación que comenzó a sembrar las semillas del desarrollo humano y desató una guerra inmisericorde contra la pobreza de su pueblo. O sea, una joya del espíritu que también honre y enaltezca la participación popular activa de un pueblo que se coloca detrás y adelante de su líder en la construcción de la nueva sociedad.  

Las covicciones y discursos políticos no son la única fuente, exclusiva, de prejuicios y maquinaciones. Las convicciones y discursos religiosos, literarios, ideológicos, poéticos y culturales son ellos mismos manantiales psíquicos de prejuicios y maquinaciones. Lo que hace la diferencia fundamental, en cualquier tipo de discurso, es el derrotero hacia donde se dirige la buena fe de la palabra luminosa, no sólo con lo que juzga o prejuzga, trama o conspira, sino también con lo que propone, infunde, evoca e inspira en las mentes de su sociedad.  

No es lo mismo los versos de un poema que trama y conspira por la causa política que busca y construye la justicia social de su pueblo que otras letras poéticas que traman y conspiran por un proyecto político que mantiene a su pueblo en pobreza y miseria mientras las élites se forran los bolsillos. ¿Pero por qué esos dos sentidos de la palabra poética no pueden ser lo mismo? No lo sé. Pero estoy seguro que es algo más allá del arte. Talvez la respuesta habría que buscarla en Sócrates cuando decía que “el mal es ignorancia;” o en Jesús: “Perdónales que no saben lo que hacen.”

Todos los tipos de discursos del conocimiento humano son fuentes semánticas y cognoscitivas del poder de la palabra que juzga, prejuzga, favorece, desfavorece, acecha, oculta, trama, conspira, aprecia, desprecia y conjura hacia el fin propuesto. Hasta el más sublime e inocente de los poemas de amor de un poeta es “impuro” porque trama y conspira para “conquistar” el amor de su amada, o amado. Mientras exista la dialéctica entre la consciencia por sí misma y la consciencia “de algo,” todos los tipos de discurso del ser humano serán “impuros.”  

El profesor de sociología Edward Curtin (en su valoración del libro de Hugh Turley y David Martin, The Martyrdom of Thomas Merton – An investigation) escribió: “los autores demuestran más allá de toda duda que el monje trapense y escritor pacifista Thomas Merton fue asesinado y no murió en un accidente inventado, como se ha afirmado durante todos estos años.”

Si esos fueron los hechos, ¿Por qué querría el imperio matarlo? ¿Acaso la no-violencia, el pacifismo, la oposición a la guerra de Vietnam y a las armas nucleares no eran en sí mismo la práctica de una opción política del sujeto? Claro que sí. Pero esto por supuesto no justifica el asesinato del poeta. Volviendo a Sócrates, yo tendría que pensar que cuando esta “ignorancia” viene desde los halcones de la sociedad, esta tiene que ser la más baja y perversa de las ignorancias. Lo mismo sucede cuando “aniquilar amalek” resulta ser la ceguera, no sólo de la conspiración del Sionismo, Washington y Occidente, sino también de los altísimos fariseos de hoy ante el genocidio en Gaza.  

El fragmento de Merton no es extraño por sus relaciones semánticas internas o por su intensidad asociada con el contexto histórico mundial que le tocó vivir, sino más bien, dicho en un sentido Ricoeuriano, por el contraste que suscita la “proposición de mundo” en la autonomía del fragmento y la hermenéutica del lector sobre la proposición existencial de Nicaragua.   

De cualquier manera, el inestimable legado histórico de Merton y la praxis de su vida van mucho más allá de cualquier hermenéutica del fragmento. Hoy quizás, el mismo poeta se sorprendería. “¡Cómo es posible tal cosa!” – podría exclamar. Al fin y al cabo, no hay nada absurdo en auto-disentir de vez en cuando; de hecho, los conceptos siempre van a la zaga de una realidad que se presenta cambiante, compleja y caótica.   

No puedo terminar este escrito sin decir que mi “prejuicio” talvez era otro. Yo simplemente me pregunté a mí mismo, ¿A quién le sirve tal cosa? ¿A quién le sirve una concepción de “pureza” poética en una sociedad revolucionaria como la de Nicaragua? ¿Qué relato se busca representar en el imaginario colectivo de una nación antiimperialista?  

* Wilfredo Gutiérrez es sociólogo