La esencia de la bestia

Enviado por tortilla el Jue, 19/10/2023 - 17:44

Wilfredo Gutiérrez, 19 de octubre 2023

“Estamos luchando contra animales humanos y estamos actuando en consecuencia.”
(Yoav Gallant, Ministro de Defensa Israelí).

“Nosotros los alemanes, los únicos del mundo que tenemos una actitud decente hacia el animal, adoptaremos también una actitud decente hacia esos animales humanos.”
(Heinrich Himmler, General Plenipotenciario de las SS del Reich y uno de los principales arquitectos del Holocausto).  
 
“Son unos animales.”
(Nayib Bukele, Presidente de El Salvador, en alusión a los militantes de Hamas).

Si alguien cree que ofende a otras personas cuando les tilda de “animales,” el evento, por su presunta connotación, siempre es más bien al revés.

Pero en verdad los humanos no debemos sentirnos ofendidos por el término. De hecho, somos la única especie en la tierra que sobrepasa la connotacion. Los que talvez deberían sentirse ofendidos son los propios animales, junto con el pobre cabro que hace algunos cinco mil años algunos humanos soltaron en el desierto para supuestamente despojarse ellos mismos de su propia culpa.   

Nunca una actitud humana ha sido tan clara como el agua que aquella que se proyecta mediante los abusos de la “razón instrumental” en la imagen del “chivo expiatorio.” Una imagen que, como proyectada en los epígrafes, tiene su origen comunmente trazado a ese milenario ritual bíblico del pueblo hebreo, el cual todavía funciona como una táctica perfecta.

¿Pero por qué “táctica”? Porque, además de ser claramente un mecanismo psicológico de defensa, muchos humanos en el mundo todavía creemos que para eliminar nuestras propias culpas, nuestros propios pecados o defectos indeseables, debemos proyectarlos sobre otros entes externos para aparecer nosotros mismos “purificados;” digamos, con “una actitud decente,” al estilo de Himmler.

La verdad es que no importa si el que tilda de “animales” a otras personas es Hitler, es el régimen Zionista de Netanyahu o alguien de ascendencia palestina por estos lares. Lo que importa es que dichos epígrafes componen una extraña conjugación nitidamente representativa de las tácticas de deshumanización. Sobre todo, cuando se piensa en los contextos y las brutalidades de los dobles raseros mediáticos en las realidades históricas concretas.  

Lo que no hay que perder de vista es que, cualquiera que sea la mugre proyectada mediante la “razón instrumental,” el evento debe de ser, como ya dije, propiamente entendido, al revés. O como lo plantearía también el escritor norteamericano James Baldwin:  "Lo que sea que tú ves en otras personas es lo que ves en el espejo... todo el mundo lo sabe, todo escritor lo sabe... no importa lo que pueda estar describiendo, me estoy describiendo a mí mismo." (Citado por el historiador Louis Allday).  

Pero, ¿Qué es la bendita cosa que está detrás de todo el asunto? ¡Casi nada! Apenas con timidez pronunciamos la idea de “igualdad social.” Pensemos por un instante, por ejemplo, por qué esa idea aparece tan pisoteada por el suelo en el conflicto Israelí-Palestino, y por qué, y quién la pisotea tanto. ¿Quién es el artífice de la proyección? Son muy pocas las sociedades en el mundo que, como Nicaragua, bendita y siempre libre, sin una pizca de vacilación, han apostado a la igualdad social de sus pueblos. ¿En qué parte o rincón de nuestra humanidad, o alma, se esconde ese maldito odio o pánico espantoso a la idea de “igualdad social” entre los humanos? Lo que yo veo aquí es que ese horror es una de las conductas más cobardes de la “razón instrumental,” ya que es un comportamiento que sólo ha podido tener frutos en el campo de los “fines” y “medios” maquiavélicos de la dominación.  

Cuando alguien aborrece los valores de la bondad social, yo creo que sólo puede hacerlo de una manera: Con el arma de las “diferencias.” Esa basura de la que estamos hartos de saber: diferencias raciales, diferencias genéticas, diferencias de género, diferencias de inteligencia, etc. Son esquemas turbios saturados de malabares del intelecto únicamente para rumiar, pero que su verdadero objetivo es adjudicarse la “autoridad científica” para discriminar socialmente, y dictar la sentencia de muerte de la igualdad social.  

¿Acaso la razón humana sólo puede existir como “instrumental”?  Por qué no puede ser también representativa, simbólica, o qué sé yo; especialmente porque estamos hablando de colectivos humanos, de convivencia social. El fracaso de la ONU, tantas veces criticado, yo creo que se debe a esa burda esclavitud de la organizacion a la “razón instrumental” de las naciones poderosas que dirigen el mundo unipolarmente, y por lo cual es incapaz de servir a los intereses de todas las naciones del mundo.  

Es por eso que los artistas de la proyección de la mugre están viendo “chivos expiatorios” por todos lados para que la “igualdad social” continúe siendo una quimera. Es como si solamente unos cuantos humanos en la sociedad y el mundo tienen el derecho a ser libres de dolor y sufrimiento, y el resto que se muera porque no sienten, y porque sus intereses y necesidades no cuentan.

Los animales propiamente dichos, aunque no saben nada de la “razón instrumental,” ellos, sin embargo, tienen comportamientos que según algunos cientistas son de un sentido superior al de los humanos en los campos de la empatía, el luto, la justicia, el altruismo y el amor. Pero no vayamos tan largo. Los perros, por ejemplo, no conocen nada de falsas modestias ni hipocresías. Ellos se cagan, comen y fornican donde les da la gana, pero también son seres increíblemente amorosos y expresivos.  

Los animales no saben nada de proyección de los propios defectos indeseables sobre otros para limpiar el desastre interno. Ni han cometido ni fabricado justificaciones intelectuales sobre la base de aquellas “diferencias” para cometer los peores actos de barbarie y atrocidades en la historia. Y mucho menos que sepan los pobres animales de la verdadera esencia de la bestia: La arrogancia, el orgullo, la prepotencia y el supremacismo.

Por algo Baldwin también cuestionaba, “Si el concepto de Dios tiene alguna validez o alguna utilidad, esto sólo podría ser para hacernos a nosotros más grandes, más libres, y más amorosos.” ¿Vos que pensáis? ¿Nos llevará Dios a este día?

* Wilfredo Gutiérrez es sociólogo