Testimonio del Compañero Camilo Mejía al Tribunal Internacional de los Pueblos

Enviado por tortilla el Dom, 04/06/2023 - 14:10

Testimonio del Compañero Camilo Mejía al Tribunal Internacional de los Pueblos

3 de junio 2023

 

Me llamo Camilo Mejía. Nací en Nicaragua el 28 de agosto de 1975, en la época del régimen de Somoza. Mis padres formaron parte del movimiento sandinista para derrocar a la dictadura, y más tarde trabajaron para el gobierno tras el derrocamiento de la dictadura. Viví en Nicaragua los siguientes 11 años de mi vida.

Después de que el gobierno sandinista perdiera las elecciones generales en 1990, mi madre decidió trasladarse a Costa Rica, donde pasamos dos años antes de mudarnos a Estados Unidos, en enero de 1994. Terminé el bachillerato a finales de ese año, en Miami (Florida), y me matriculé en la universidad en la primavera de 1995. Después de dos semestres decidí alistarme en el ejército estadounidense como soldado de infantería, a los 19 años. Estuve en servicio activo los primeros 3 años y medio, luego volví a casa y regresé a la universidad en 1998, mientras completaba mi contrato militar de 8 años en la Reserva. Mi hija Samantha nació en el año 2000 en Miami, Florida.

Dos meses antes de completar mis ocho años de servicio, y un semestre antes de graduarme de la universidad, mi contrato militar fue extendido a través de una orden ejecutiva. Fui desplegado al teatro de operaciones en marzo de 2003, y serví los dos primeros meses en Jordania, en las afueras de la capital, Ammán, proporcionando seguridad perimetral para el emplazamiento de misiles patriotas del ejército estadounidense, y para contratistas estadounidenses que trabajaban para una empresa llamada Kellogg Brown & Root, filial de la empresa Bechtel, uno de los principales contratistas de defensa.

Dejamos Jordania en abril de 2003 para ir a Irak, donde nuestra primera misión fue dirigir un campo de prisioneros de guerra. Allí nos entrenaron para mantener a los prisioneros iraquíes privados de sueño mediante una serie de acciones que equivalían a tortura psicológica. Tras dos semanas en Al Assad nos trasladaron a una ciudad llamada Al Haditha, donde vigilábamos una presa hidroeléctrica en el río Éufrates. Nuestra siguiente misión fue en una ciudad llamada Ar Ramadi, donde entramos en combate con la resistencia iraquí, que utilizaba tácticas de guerra de guerrillas urbana y dependía en gran medida de la población civil para cubrirse y ocultarse. Mientras estuvimos en Ar Ramadi, se calcula que matamos a unas 32 personas durante las operaciones de combate, todas ellas civiles. El número de muertos es una estimación no oficial, ya que la política era no contabilizar las muertes de iraquíes.

A los siete meses de mi despliegue me concedieron un permiso de dos semanas para viajar a Miami. Durante ese tiempo, decidí no regresar a mi unidad en Irak por los crímenes de guerra de los que había sido testigo y en los que había participado. El 15 de marzo de 2004 intervine en una rueda de prensa en la que denuncié la guerra como criminal e ilegal y me declaré resistente a la guerra y objetor de conciencia. Tras la rueda de prensa, me entregué en una base militar de Massachusetts.

En mayo de 2005 fui juzgado en un Consejo de Guerra Militar. Me declararon culpable de deserción y me condenaron a 12 meses de reclusión, a descender de sargento primero a soldado raso, a la privación de mis prestaciones y sueldo, y a la baja por mala conducta en el ejército. La sentencia llevó a Amnistía Internacional a declararme preso de conciencia del gobierno de Estados Unidos.

Estuve encarcelado en una prisión militar de Fort Sill, Oklahoma, desde mayo de 2004 hasta febrero de 2005. Tras mi encarcelamiento me convertí en activista contra la guerra en el movimiento de veteranos. Escribí unas memorias sobre mis experiencias en el ejército y en la guerra de Irak, en las que describía mi conversión de soldado de infantería a activista contra la guerra. Volví a la universidad y me gradué en Psicología en la Universidad de Miami, en 2007. Y continué siendo activista y conferencista hasta aproximadamente 2010. Durante todo ese tiempo colaboré con Amnistía Internacional como antiguo preso de conciencia. Concedí entrevistas, hablé en distintos actos y me coordiné con su personal para proporcionar información a la gente en lecturas de libros y otros actos de oradores. Mantuve una buena relación de trabajo con Amnistía Internacional durante muchos años tras mi salida de prisión.

En 2009 decidí dejar de viajar como activista contra la guerra y conferencista para hacer trabajo local de justicia social en casa, en Miami, para poder estar más cerca de mi hija y pasar más tiempo con ella. Trabajé con el movimiento obrero como organizador de trabajadores, y luego empecé a trabajar en el movimiento por los derechos de los inmigrantes. También participé activamente en los movimientos ecologistas y antirracistas. Durante todo ese tiempo seguí haciendo activismo contra la guerra y aprendiendo más sobre las intervenciones estadounidenses en distintas partes del mundo.

Durante la guerra de Siria empecé a notar discrepancias en la información de los medios de comunicación occidentales. Mi formación y experiencia militares me ayudaron a identificar las noticias falsas sobre supuestos bombardeos de objetivos civiles por parte del ejército de Bashar Al Assad. Basándome en mi formación y experiencia en protocolos nucleares, biológicos y químicos, también empecé a darme cuenta de las noticias falsas e inventadas de los medios de comunicación occidentales sobre supuestos ataques químicos contra civiles por parte del ejército sirio. Empecé a leer los informes sobre el uso de armas químicas elaborados por los equipos de inspección de armamento de las Naciones Unidas y me di cuenta de que las acusaciones se fabricaban con la ayuda de ONG´S de la sociedad civil, financiadas por gobiernos occidentales, agencias de desarrollo y entidades filantrópicas. Entre las ONGs se encontraban organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional.

Unos años más tarde, en 2014, vi que en Ucrania se producía una situación similar; los gobiernos y los medios de comunicación occidentales financiaban y colaboraban con ONGs y de derechos humanos para presentar un levantamiento violento como un movimiento pacífico, con el fin de derrocar al presidente elegido democráticamente, Víktor Yanukóvich. En ese momento empecé a estudiar de cerca cómo Estados Unidos y sus aliados occidentales estaban utilizando a la sociedad civil y a las organizaciones de derechos humanos, en estrecha colaboración con las principales empresas occidentales y de medios sociales, para llevar a cabo operaciones de cambio de régimen en todo el mundo.

Cuando escuché por primera vez sobre las protestas en Nicaragua, en abril de 2018, mi primera impresión fue que eran pacíficas, y en reacción a las reformas del gobierno al sistema de jubilación; no presté mucha atención. A medida que pasaban los días, comencé a escuchar que el gobierno nicaragüense estaba matando a manifestantes pacíficos. Empecé a prestar más atención a las imágenes que se compartían en las redes sociales y que empezaban a aparecer en Internet y en los medios de comunicación occidentales. Vi que en Nicaragua se estaba llevando a cabo una operación muy similar a la que había visto en Siria y Ucrania.

Una vez más, mi formación militar y mi experiencia de combate en Irak me ayudaron a identificar las operaciones de falsa bandera que se transmitían a todo el mundo como prueba de la opresión gubernamental. En un caso, una supuesta masacre del gobierno contra estudiantes se publicó en un sitio de noticias de Facebook, pero el sitio era nuevo y no estaba conectado a ningún medio de comunicación oficial. Se acusaba a los agentes de policía de utilizar fusiles AK-47 para matar a los estudiantes, pero las imágenes carecían de la autenticidad y la gravedad de una situación de este tipo: no había sangre, los estudiantes con heridas de bala estaban consultando tranquilamente sus teléfonos móviles, el personal no tenía equipo médico, no había nadie al mando, había gente haciendo su vida cotidiana en segundo plano, y la persona que transmitía la escena hablaba directamente a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional, rogándoles que hicieran algo respecto a la matanza.

Había imágenes que mostraban a personas heridas, sangrando, muriendo y falleciendo, pero la cobertura atribuía la culpa al gobierno sin contexto alguno. Eso me recordó escenas que había visto en la cobertura de las revueltas de Ucrania, en las que francotiradores abrían fuego contra manifestantes y policías, creando confusión y alimentando aún más la violencia. También había imágenes de policías y conocidos sandinistas torturados, tiroteados, heridos y asesinados, e imágenes de algunos de sus cadáveres quemados a la vista de todos, pero esas escenas no aparecían en los medios de comunicación occidentales ni en los informes sobre derechos humanos. Si lo fueron, se contaron como muertes de la oposición, y se atribuyeron a la violencia gubernamental o sandinista.

Cuando pude comprobar los hechos y hacerme una idea clara del engaño que se estaba produciendo, sentí la necesidad de hacer algo para corregir la situación. Escribí una carta abierta a Amnistía Internacional y la hice publicar en varios medios de comunicación independientes en inglés y español; el título de la carta es Carta abierta a Amnistía Internacional sobre Nicaragua de un antiguo preso de conciencia de Amnistía Internacional. La respuesta de la organización llegó a los pocos días, pero no abordaba ninguna de las informaciones falsas que habían incluido en su informe. Se limitaron a garantizar su compromiso con la verdad y los derechos humanos. Hasta el día de hoy han seguido proporcionando información sesgada, parcial y manipulada.

Seguí investigando y aprendiendo más sobre cómo Estados Unidos estaba llevando a cabo el cambio de régimen en Nicaragua y en otras partes del mundo. Me di cuenta de que el diseño de cambio de régimen que utilizan hoy en día se había perfeccionado, pero no era nuevo. Muchas de las tácticas para provocar que la gente se volviera contra su gobierno, aunque sólo fuera por un tiempo limitado, se habían empleado en el pasado, en lugares como Irán, China y en todo el mundo árabe y Europa del Este. Pero el vehículo para tales tácticas había recibido un nuevo rostro y un nuevo nombre, y había encontrado un nuevo hogar en las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil financiadas por Estados Unidos y Europa, que ahora son capaces de llegar a millones de personas casi instantáneamente, gracias a la complicidad de poderosos conglomerados tecnológicos y de medios de comunicación mundiales.

Este nuevo diseño de cambio de régimen, impulsado por organizaciones de la sociedad civil, de derechos humanos y de medios de comunicación, está financiado en gran medida por una organización que se creó para limpiar la cara de las operaciones de cambio de régimen dirigidas por la CIA, que incluían violentos golpes de Estado militares y asesinatos. El nombre de esa organización es National Edowment for Democracy, o NED para abreviar. Se creó en 1983 para hacer abiertamente el trabajo que había realizado encubiertamente la Agencia Central de Inteligencia. Poco después de su creación, la NED empezó a financiar medios de comunicación de la oposición en Nicaragua, para publicar mentiras sobre el gobierno sandinista y aislarlo internacionalmente. Uno de los primeros receptores nicaragüenses de fondos de la NED, en 1983, fue la familia Chamorro y su periódico La Prensa. La misma familia recibió financiación de la NED para llevar a cabo la operación de cambio de régimen en 2018; los fondos se canalizaron a través de varias de las fundaciones y empresas de la familia para ser distribuidos a un gran número de entidades no lucrativas y medios de comunicación en apoyo de las operaciones de falsa bandera destinadas a derrocar al gobierno.

Otro de los primeros receptores de fondos de la NED fue la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), que recibió fondos en 1986 para encubrir las atrocidades de la Contra contra el pueblo nicaragüense. Ese mismo año, la Corte Penal Internacional de La Haya declaró a Estados Unidos culpable de financiar a la Contra y de minar los puertos nicaragüenses. La ANPDH es una de las organizaciones que alimentó con información falsa a medios internacionales y organizaciones de derechos humanos durante el fallido intento de cambio de régimen en 2018. La ANPDH y las demás organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil que encabezaron el intento de golpe de Estado recibieron financiación de la NED, de la Agencia de los Estados Unidos para la Ayuda Internacional (USAID) y de otros gobiernos y fundaciones de los Estados Unidos y de la Unión Europea. En los registros financieros de esas entidades, así como en los artículos escritos por sus beneficiarios, pueden obtenerse cuentas detalladas de la financiación.

Un ejemplo de ello es un artículo escrito un hombre llamado Benjamin Waddell, publicado por la revista Global American. El título del artículo alude a las protestas de 2018 en Nicaragua: Sentando las bases para la insurrección: Una mirada más cercana al papel de Estados Unidos en el malestar social de Nicaragua. Refiriéndose al uso de la financiación de la NED para derrocar al gobierno sandinista, Waddell concluye:

La participación de la NED en Nicaragua revela el potencial de la financiación transnacional para contribuir al cultivo del tipo de habilidades, redes y estrategias necesarias para que la sociedad civil desafíe con éxito a los gobiernos autoritarios. (...) independientemente de la opinión que se tenga sobre cuestiones éticas de esta naturaleza, la participación actual de la NED en el fomento de grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder de la financiación transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI.

Entiendo que la idea de que organizaciones no gubernamentales progresistas, fundadas y desarrolladas bajo la apariencia de ideales altruistas, puedan servir como punta de lanza de los esfuerzos occidentales de cambio de régimen en cualquier parte del mundo, parece bastante increíble, y eso es lo que hace que el cambio de régimen en el siglo XXI sea tan poderoso y difícil de ver y de oponer.

Comparto esta cita para mostrar que la información que he incluido en mi testimonio no es en absoluto un secreto. La financiación y la formación de la sociedad civil y de las organizaciones de derechos humanos están todas en los registros oficiales, accesibles para cualquiera; la colaboración de las ONGs de la sociedad civil con la ayuda estadounidense y las agencias gubernamentales está bien registrada y accesible; los planes detallados para llevar a cabo el cambio de régimen en Nicaragua, junto con los nombres de las entidades implicadas, los mecanismos de financiación, los contextos políticos, económicos y sociales de los diferentes escenarios de cambio de régimen, está todo disponible para cualquiera que quiera verlo. Está a la vista de todos.

Concluyo aclarando que no trabajo, ni he trabajado nunca, para el gobierno de Nicaragua.  Estoy aquí, por voluntad propia, porque quiero que Nicaragua y el pueblo nicaragüense sigan siendo libres e independientes; aunque nunca he sido militante oficial del partido sandinista, soy sandinista, y seguiré siendo sandinista hasta el último día de mi vida, porque ser sandinista es la más alta manifestación de amor que puedo profesar a mi país y a mi pueblo.

Gracias por escuchar mi testimonio.