Radio La Primerísima 29 de octubre de 2026
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«Hay que defender la Revolución como dé lugar. Sin Revolución no hay nada, ni habrá vida ni llegaremos a ninguna parte».
David McField
La madrugada del jueves falleció en Managua a los 90 años de edad, el poeta y diplomático caribeño David McField, considerado uno de los más grandes de la poesía caribeña y nicaragüense de todos los tiempos. Sus honras fúnebres se celebrarán la tarde y noche del jueves en la funeraria Monte de los Olivos, y posterior a su sepultura la Presidencia de la República rendirá homenaje en su memoria en la UNAN Managua, en el auditorio 12, que lleva el nombre de otro gran poeta revolucionario, Fernando Gordillo.
Semblanza biográfica
Por Harley Ezel y otros autores, redes sociales.
El poeta, maestro, licenciado en español y diplomático nicaragüense David Sidney McField Richards nació el 6 de octubre de 1936 en El Rama, Nicaragua. Hijo de Sidney Mcfield e Isamar Richards. Es autor del emblemático poema “Pancasán” y está considerado uno de los mejores poetas del Caribe.
Es uno de los tres poetas que ha sido incluido en las antologías poéticas a nivel nacional. Sus poemas han sido publicados, además, en la Primera Antología Poética de la Costa Caribe (1998), en el Nuevo Amanecer Cultural, en La Prensa Literaria, en la Información, en Sunrise, en “Pandemónium” revista del Instituto Nicaragüense de Cultura, en WANI, en muchas revistas de prestigio nacional, en revistas, en emisoras y canales locales de televisión.
Fue nombrado como uno de los Personajes del Milenio en la Región Autónoma del Caribe Sur (RACS).
Desde niño se desempeñó en diversas labores como vendedor de frutas, mandadero y lustrador.
Se trasladó a la ciudad de Managua para estudiar en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), a la vez comenzó a laborar como maestro de español en el Colegio Bautista, donde tuvo de alumno los músicos Ricardo Palma (1946–2022), Adán Torres (1945) y Mauricio Peña (1946).
En 1967 publica “Dios es negro” y sus poemas “Margen” y “Tarde” fueron parte de la Revista Mokuana, y su cuento “El milagro”, de la Revista 7 Hombre y Jaguar.
Dios es Negro
Dios es negro, como Nkruma
Como Lumumba o Kwabnah.
Nadie lo ha visto, por eso
Nadie cree en su negrura.
Ascochinal está de acuerdo
Y eso basta.
Dios es negro: incoloro.
Y los hombres más bestiales
e han vestido de gabán blanco
para burlarse del santo
a quien sólo se imaginan
del color de sus paisanos;
pero Dios es negro, negro, negro,
para sorpresa de todos
los que adoran a los blancos…
En 1968 obtuvo su licenciatura en Español en la UNAN y publicó ese año “En la calle de enmedio”, en 1970 “Poemas para el año del elefante” y en 1972 “Poemas populares”.
En mayo de 1974 junto a Rosario Murillo y Camilo Ortega (1950–1978), entre otros cuadros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), funda el Grupo Gradas, movimiento artístico que se manifestaba en las gradas de las iglesias por medio de diversas disciplinas artísticas.
Para ese entonces, escribe el poema “Pancasán” inspirado en la gesta heroica de Pancasán el 27 de agosto de 1967 en Matagalpa. Tema que se convirtió en un himno revolucionario al ser interpretada por el grupo Pancasán.
El poema Pancasán y otros dos fragmentos sonoros en la voz de David McField. Audio
McField es autor del celebrado poema Black is black (negro es negro) y del primer poemario multirracial e insurgente Dios es negro, el que vino a marcar en 1967 un hito sin precedentes para la literatura de la Costa Caribe por su “negritud rítmica y realismo social”.
En este mismo año, sus poemas Margen y Tarde salieron publicados en la revista de literatura Mokuana, junto a los de Ernesto Mejía Sánchez, el padre Ángel Martínez, Noel Rivas, Julio Cabrales, Fernando Gordillo, Beltrán Morales y el guerrillero Julián Roque.
Asimismo dio a conocer su cuento El milagro, en la revista “Hombre y jaguar”, donde llegó a ser editor junto a los poetas Félix Navarrete y Paul Tiffer.
Su obra literaria abarca también los textos: En la calle de en medio (1969); Poemas para el año del elefante (1970); Poemas populares (1972), Los veinticuatro: poemas y canciones (1975); y sus nuevos poemas Recolección y su primera novela, Ciudad Rama.
Uníos
Unámonos
juntemos brazos para dar el golpe
juntemos fuerzas para alzar la voz.
Juntemos cenizas
y hagamos cuenta de todo lo perdido.
Han pasado frente a nuestras puertas
ante nuestros ojos
hacia la muerte
solos, solos,
tristes, muertos ya de soledad
y tristes.
Unámonos
juntemos ilusiones
y ansias de tempestad.
Que todos seamos como un hormiguero.
Juntemos ponzoña con ponzoña
dolor con dolor
duelo con duelo;
y afinemos el hocico,
afinemos el oído
afinemos la puntería de nuestras palabras.
Unámonos.
Están alzando paredes hasta el ciclo contra nosotros.
Nos han cercado el paso por todos lados
y es en contra de nosotros que apuntan sus armas.
Cabalgan por las noches acechándonos, fichándonos,
pinchándonos, visitándonos inesperadamente,
inoportunamente, calladamente.
Han afilado sus colmillos contra nosotros
presupuestándonos, educándonos, amaestrándonos
amonestándonos, acariciándonos, violándonos,
y a costa de nuestro dolor
están haciendo sus fiestas.
En 2011, declaró a un periodista que “entré a la poesía por la puerta trasera como entran todos los de abajo, porque no podían sacarme, ya estaban los poemas ahí, y toda Nicaragua cantó la música y letra de David McField, entre ellas: Paloemayo, Marie, Pancasán, El niño negro, Quien tiene que cambiar, El mundo al revés”.
La lírica de Mcfields es música que se baila, se canta y se reflexiona. Escribía desde la calle, con rimas pícaras que desarmaban al contrincante o seducían a la enamorada. Esa irreverencia y picardía le abrieron paso hasta consolidarse como el gran “poeta negro” de Nicaragua, el que cantaba a la selva, a la mujer, al viento, a la libertad, destaca el blog Tortilla con Sal en su texto Mcfields: la voz afrodescendiente, que abrazó la bandera sandinista.
En 1975 publica “Las veinticuatro (poemas y canciones)”. En 1979, después del triunfo de la Revolución Sandinista, es designado secretario general del Politécnico de Nicaragua. Ese mismo año, fundó la librería “Libromundo” y fue nombrado embajador de Nicaragua en los países africanos.
En 1998 fue incluido en la Primera Antología Poética de la Costa Caribe. “Mi poesía es rebelde e histórica, como dice uno de los poetas por ahí, una poesía musical, como un romance negruzco, una poesía comprometida con una invitación a la lucha, al combate y a la rebelión”, expresó McFields en entrevista con Graciela Aragón Reyes del programa Brújula Artística.
En 2008 fue designado Embajador de Nicaragua en Jamaica.
En 2018 publica su “Antología Poética”, (siendo su portada un retrato realizado por el pintor Róger Pérez de la Rocha) y se presenta como invitado especial en el IV Festival de Poesía Rubén Darío del Círculo Literario del Adulto Mayor – CLAM (CLAM) en la La Biblioteca Alemana Nicaragüense
En 2019 fue galardonado con la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío por su destacada labor en la defensa de las culturas de la nación nicaragüense.

Crisol de razas
David McField Richards, quien aún sigue reclamando en su poesía de crisol de razas, pan, agua y luz para los pobres del mundo, indistintamente de su color, escribe que nadie ha visto la piel de Dios, pero sí las injusticias.
¿Los negros nos han dejado su cultura?
Creo que si agarras al negro aislado no estás haciendo nada. Negro es solo, sólo negro y nada más. Pero si estás claro dónde estás, en el pueblo, como Duncan Campbell o Willy Hooker, o cualquiera de los negros que llegan a Managua, ese es su espacio.
Empecé a decir: ¡Dios es negro!; el que no le guste que se vaya donde el diablo que es blanco. Yo no estoy discutiendo aquí la calidad de esos poemas; estoy hablando de unos chisporrotazos, borbollones, que surgen de la vivencia aquí en Managua, y que traigo encima de la Costa Atlántica y que nadie se atrevía a decir.
Hablamos de El Cristo negro, Tata Chombo negro; y a nadie se le acontece pensar que Dios es negro; para sorpresa de los blancos. Porque según La Biblia y los sabios a Dios nadie lo vio jamás. Los ateos insisten en eso y los bíblicos también.
La poética afro siempre está vinculada a la musicalidad. ¿Su poesía tiene esos ritmos?
El ilustrísimo poeta Julio Valle-Castillo la cita (en su antología El Siglo de la Poesía en Nicaragua). Mi género es eminentemente musical, aunque no ande en un orquestón, como la del Duque Ellington, o Louis Armstrong, o el que vos querrás, como Mango Ghost, (José Sinclair).
En los años sesenta, traje el Palo de Mayo a la Managua, en el barrio de la Mecatera, bajo la lluvia, y fue un asombro. Así entré a la poesía por la puerta trasera como entran todos los de abajo, porque no podían sacarme, ya estaban los poemas ahí, y toda Nicaragua cantó la música y letra de David MacField: Pancasán, el Niño negro, Quien tiene que cambiar, El mundo al revés, fueron poemas cantados por más de un millón de personas.
Muchas personas no sabían de quién eran las canciones y cantaron Pancasán, que es un hito en la música nicaragüense. Nadie dice esa es una música de negro, no; como el Palo de Mayo, todo mundo lo baila porque está rico.
Muchos se preguntan si existe poesía negra. ¿Qué dice al respecto?
Es como que se pregunten si existe poesía latinoamericana o española, porque está escrita en español. Todo depende de quién la haga y cómo ve el mundo. No es que vea el mundo negro o blanco. Para escribir estas cosas que escribo, no es necesario ser negro, hay que tratar de saber escribir; ésta es la lucha más grande del blanco, del negro.
¿Siente en Rubén Darío algo de la poesía afro?
Acordate que Rubén Darío dice que en él hay un poco de negro, aunque sus manos son de marqués. Ese es un feeling, pero también decía que sus poemas estaban en Netzahualcóyotl. Rubén Darío dijo cosas que aún hoy en día podrían costarle un leñazo, pedrada, o un balazo como allá en Puerto Cabezas, en aquella época. Él había visto todo lo que estaban haciendo los yanquis, apenas pudo balbucear algunas cosas, pero les dio duro.
Entre las diversas culturas, ¿podríamos estar hablando de una poesía mestiza, donde se rompen los esquemas de las razas?
Es parte del paquete nacional. ¡Claro!, trasciende los niveles de raza. El racismo es otro problema con el que hay que tener cuidado, porque lo pueden explotar algunos, para fregar a otros. Hay que tener cuidado, Black is black, el poema, dice así, «give me a chance», pero si no les das un chance al indio, al negro.
Entonces, ¿podrían estar afuera los rastafaris?
¡Ah, no! Cada loco con su tema. Que le metan al reggae y lo que tengan. Y claro, es lo que te digo: no podés quedarte anquilosado, ni en la torre de marfil, ni en tu receptáculo de porquería. Hay que levantarse y brillar, como dice el profeta. Es lo mismo, como cuando hablo del negro y del pobre, comiendo basura podrida, o de la niñita que vende su sexo por dos pesos porque no tiene qué comer. ¿Y quiénes son los más jodidos en este país? El indio, el negro, el mestizo. ¡Los negros estamos en vía de extinción, los negros están acabándose en este país!
¿Cómo que «los negros se están acabando»?
Vas a Bluefields, y no ves las nubes de zancudos que se miraban antes, lo que ves ahora es un crisol de razas. Vos ves mestizos, mayagnas, creoles; mira las gentes de Steadman Fagoth, o mirá el rostro de Brooklyn Rivera, o de Hazel Lau; es decir, no estamos hablando de que si sos indio, mestizo o negro, si no que este es el problema de Nicaragua.
¿Ahí está su poesía?
Nosotros no andamos peleando en una insurrección individual; fue más elegante y bellísimo cuando Carlos Martínez Rivas habló de su Insurrección solitaria; fue un fenómeno y sigo creyendo que fue el mejor poeta que ha surgido en los últimos años, aunque a muchos no les guste; sin embargo, hay una lucha de los pobres, ahí estoy yo, ahí mi poesía, ahí el crisol de las razas.
David McField, Antología Poética - Descarga
Desde el fondo de tu ausencia
Poemas de David Mcfield, de su libro Poemas para el año del Elefante, 1970
Generacional
Para ti,
Hijo mío
el escaso pan de mi trigo
el sudor de mi frente,
la esperanza de un día claro
Y este legado de treinta oscuros años de vergüenzas.
Porque tu padre y tus abuelos
dejaron los huevos en la frontera.
Para ti, hijo mío
Treinta años de vergüenza,
El escaso pan de mi trigo,
El sudor de mi frente
Y la esperanza de un día claro.
Solo hay un poema
Solo hay un poema
que vive dando vueltas en la jaula
y se escribe
de la paz,
el amor,
la guerra,
y el poema duende, sigue aferrándose,
retoñando,
ronroneando,
un continuo ronroneo
sin parar jamás.
Hablo de ti
de mí
de todos
de todo…
y no digo jamás tu nombre entero:
miedo,
mecha
candil
carburo
fúrico.
Queda el verso triste
fastidio
amargo
ausencia miedo mecha candil carburo
fúrico.
El alba no llega todavía.
Qué decir de ti
Qué decir de ti
sino de tu muerte iterativa todas las tardes
y cuando la vida desde lo íntimo grita tu nombre
callas y miras y te olvidas
esperas
Mientras tu nombre de lejos hace muecas
como duendecillos
idos.
Tus ojos ya sin lágrimas
miran
nada de lo que pudiera ser.
La luna allá lejos,
la laguna
pero no para que tú la disfrutes
Tu horizonte
hiede en cuatro dimensiones
y tu sonrisa queda
«la más amarga desesperación»
Retienes ilusiones en la dificultad de tu beso
Y en la agonía sin tiempo del lejano milagro
Miras la noche entera
Y no miras nada
Y no sabes nada
Porque tú has sido cálculo de otros
Pesar de todos
Ambición de todos
Y quién sabe si en tus manos están tus días
Y quién sabe si en mis manos están sus días.
Aguantas
tantas horas de calvario sin bajarte de la cruz
bajándote la intimidad todo el tiempo
con manos que no comprenden siendo tuyas
bajándote la vergüenza hasta el ombligo
para morir tu intimidad diluida.
Miro
tu voz perderse mientras hablo de ti
y me hablas
desde el fondo de tu ausencia
prestándome tu corona de espinas
sabiendo bien que somos
apenas lo que podemos.
Oyendo unos tambores en Tangañica
Encimita de la piel está la pena
el temor al público
la solitud.
Pero cuando el primer tambor
dice tum,
el otro secunda tum tum,
y empiezan a tumbar los negros
la noche se viene cerquita
y mil años son nada.
Rumba, rumba, tumbamba, tumba
y la escena soy yo
tumbando, rumbando
rumbo al Congo
a Benin
a Zambia.
Me pregunto, rosa negra,
¿cuál de estos seré yo?
doña Elena.
Génesis.
¿Quién me salva del sajino,
quién me saca esto de mí?
y este tambor cotidiano
que a veces me dice que no
luego obligado trae el sí.
¡Hay Río Escondido, triste!
soñándote estoy así
en el corazón de Zambia
que es el mismo de Bluefields
es ramakí
es Atlántico
es Pacífico.
¡Qué bruto! ¡Bruto! ¡Bruto!
es mi Nicaragua aquí
reventando sus cadenas
construyendo el porvenir
revolviendo el pasado
hasta el infinito ¡Al fin!
Black is black
Ser negro da lo mismo,
en cualquier latitud
black es black.
Si no que lo digan,
las magníficas actuaciones de Sidney Poitier
los formidables músculos de Jim Brown,
Caupolicán moderno,
o Lotario, fiel como el golpe que asesta a los enemigos
de Mandrake.
No es cuestión de alma blanca.
Porque negro es negro,
black is black,
full time: por dentro y por fuera.
Negro en los muelles de New York,
en Old Bank,
en los algodonales de Atlanta,
en Vietnam, Laos y Camboya,
en el Madison Square Garden.
Negros, sudando de ambición,
en las olimpiadas mundiales
“dándole colorido al espectáculo”
Pelé, Pelé, Pelé y “el negrito del batey”
y los demás en tantos climas son
“negros simplemente”.
Black is black
Pero “give me a chancemake a raise a rass”.
“Give me a chance”.
Todo puede sucederle a uno
Todo puede sucederle a uno.
No es cierto que nadie puede abrir una caja fuerte.
No es cierto que la vida se garantiza con un
seguro de vida.
Hay más.
Nuestra infinitesimal inseguridad
al igual que la de los presidentes
está en continuo acecho.
Como la hierba del campo sin tanto
verdor
vamos pasando o quedándonos
mientras todo nos pasa.
Al fin hallamos que antes de llegar a nosotros
nuestra presencia en Adán era un recuerdo
después de lo otro.
Es nuestra disposición;
morir
antes de nacer a la verdad.
Al final, decimos
al dilá, allá será.
Esto es presencia.
Mayo
A June
Está lloviendo en mi tierra
y huele a tierra mojada.
Me lo ha dicho mayo
me lo dice el viento
que sopla fresco y holgado.
Pobre viento enamorado
todo roto y remendado
le soba el pelo al zacate
que lo tiene bien peinado.
Porque luego al paloemayo
se puso empericuetado.
Mayoya dice mi novia,
sinsaima dice encantada.
Y mayo va por la noche
tunante y supiritado
lobulando las orejas
picando la rana al sapo
más grande la papada.
Mayaya Lasinki
Mayaya o
Maya ya ya ya ya
Mayo llegó.
A una que pasa
De la misma manera
como tú
pasan las gentes del empleo público
con tan alto cuello
y tanto orgullo
como que si nunca fueran a llegar a la mesa de los gusanos
como que si nunca hubieran tenido que ir al inodoro.
Quiero decir tu nombre
Quiero decir tu nombre
y digo cielo.
Toco el infinito con mis dedos
digo
corazón
madre
libro
frutas, níspero, caimito, mango
y mamones
y todos tus nombres arden
en mi cerebro,
esmeralda
rubí
estrella
pino
río
lagarto
miel
besos
senos
niño
adolescencia
alba
pájaros
lucero
y es hora de levantarme
porque ya está amaneciendo.

