Vigencia y actualidad de la Revolución Popular Sandinista - Breve recuento

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Miguel Ayerdis, UNAN-Managua, 19 de septiembre 2019

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Introducción

El triunfo de la Revolución Popular Sandinista (RPS) ---así conocida y reconocida internacionalmente--- el 19 de julio de 1979, representa un acontecimiento histórico-político de enorme dimensión para América Latina. La experiencia nicaragüense de liberación nacional, sirvió de modelo a imitar, en términos de estrategias de lucha, de unidad y alianzas, entre los países sojuzgados del mal llamado “tercer mundo” (Bujard y Wirper, 2009; 9-14). La lucha heroica (de ribetes épicos) del pueblo en contra de la dictadura somocista, desde la década del sesenta, guiada por el movimiento guerrillero Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), hizo que las fibras más sensibles de la solidaridad internacional tocaran los corazones de millones de personas en el mundo, incidiendo de manera significativa en la derrota total del régimen (Pisani, 1989).

La celebración nunca antes vista en la historia del pueblo nicaragüense, del derrocamiento de la larga y cruel dictadura dinástica (1937-1979), aquel 20 de julio de 1979 en la plaza de la República (bautizada ese mismo día como Plaza de la Revolución), reflejaba la magnitud de las expectativas individuales y colectivas de la inmensa mayoría de los habitantes de este país centroamericano. Fiesta paradójica en una ciudad cuyas cicatrices visibles del terremoto que la destruyó la noche del 23 de diciembre de 1972, todavía en la memoria colectiva, era acompañada por ráfagas de balas de todo calibre que surcaban los cielos de la histórica plaza y sus desolados alrededores.

La mayoría de los diferentes estratos sociales, de una u otra manera, sobreponiéndose de la ruina moral y material a la que el régimen los había llevado, llegaron a pie, o por cualquier medio de transporte, muchos de ellos vestidos de verde olivo, empuñando todo tipo de arma, acompañados de amigos o parientes que regresaban victoriosos de los frentes de guerra (Núñez Téllez, C. 1982; 135-140). Una experiencia irrepetible por las dimensiones de la tragedia que la precedía (Ferrero Blanco, 2012, p645-648) y la espontaneidad y naturalidad con que departía un heterogéneo conglomerado social, olvidando con este reencuentro, el día, semana, mes y años acumulados, cuando sus vidas pendían de un hilo ante la represión institucionalizada; dejando en suspenso por un instante, el recuerdo de los miles de seres queridos que, en el camino de la larga lucha de liberación, ofrendaron sus vidas.

Era una especie de catarsis colectiva de una revolución en ciernes que hacía volar la imaginación de sus miembros, deseosos de comenzar la tarea de construcción de la “nueva sociedad” que resonaba en sus oídos y martillaba la mente, al escuchar los emotivos y combativos discursos de los dirigentes. Muchos de ellos con sus rostros cansados, por los múltiples días y semanas sin dormir, sudados, barbudos que, desde una tarima improvisada, a un costado del palacio nacional (hoy Palacio de la Cultura), en esa tarde eterna del 20 de julio, desfilaban uno a uno presentándose con sus nombres verdaderos, bajo el asombro y la alegría de los concurrentes, al ver en persona a legendarios dirigentes, conocidos únicamente por sus seudónimos o sus hazañas.

Durante esos felices primeros pasos de revolución, había un amplio consenso social, de manera particular, entre los sectores urbanos con cierto nivel académico, sectores medios y populares, muchos de ellos víctimas de la brutal represión de los últimos años de la dictadura, del significado de este acontecimiento histórico, tantas veces esperado y soñado: la llegada de una nueva institucionalidad política, social, cultural en paz. De manera simultánea, en la mente y corazones de los familiares de los miles de víctimas, se albergaba la confianza en el nuevo gobierno revolucionario de hacer justicia, castigando a los victimarios, mitigando las heridas y el dolor, aún frescos, de sus seres queridos.

El efervescente discurso revolucionario de sus dirigentes, seguido con mucha devoción, durante esos primeros años, incorpora de manera consciente, festiva y comprometida, formas nuevas de relacionarse en el marco de una cotidianidad vivida con intensidad. El término “compa”, designando a un compañero o compañera, aglutinaba una carga simbólica que traspasaba las barreras de clase, infranqueables hasta ese momento, enunciando (y anunciando) un nuevo lenguaje (revolucionario) donde los nuevos valores morales, éticos, y de solidaridad serían el referente principal, en las relaciones entre los colectivos organizados de la naciente institucionalidad social.

Valores que durante los primeros años del triunfo de la revolución (y en alguna medida durante casi toda la década de los 80), empiezan a materializarse en nuevos compromisos y acuerdos de diversas índoles que modelaron la vida de amplios sectores comprometidos con la revolución sandinista. En esencia representaban “acuerdos sociales y políticos” populares, con una visión de clase que, a diferencia de las anteriores componendas de la oligarquía burguesa, buscan la defensa de la revolución y sus nuevas instituciones, sabiendo los escollos que representa la “nueva aventura” de la construcción de una sociedad más justa y equitativa.

Las primeras acciones gubernamentales de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), como la Cruzada Nacional de Alfabetización, son acompañadas de ruidosas, emotivas y combativas movilizaciones de masas, celebrando y homenajeando a los caídos en la lucha, sin ningún asomo de cansancio. Estas prácticas evidencian los niveles de resistencia y conciencia política que comienzan a forjarse y modelarse entre los sandinistas, en este nuevo contexto revolucionario (Arríen, Matus Lazo, 1989). El imaginario popular sandinista, incorpora el término “héroes y mártires”, dentro de una lógica sustentada en la mística revolucionaria, que guiará las luchas por la defensa de los intereses populares, materializadas en leyes, decretos de la JGRN y en la carta magna sancionada en 1987.

De alguna manera, se acepta entre historiadores y cientistas sociales, la convergencia de actores y expresiones políticas organizadas, heterogéneas (no sandinistas) en la derrota de la dictadura somocista, quienes, en un contexto particular, crearon un “amplio frente nacional” para dar al traste con el régimen1 (Torres-Rivas, 2011; 25; Martí i Puig y Close, 2009; Martí i Puig, 2004, 151-156; Wheelock, 1986, 83-88; Harnecker, 1987). No todo fue unidad o consenso entre los sectores de la burguesía nicaragüense y empresarios descontentos con los somocistas en el poder; ni fácil llegar a acuerdos mínimos, entre las fuerzas sandinistas, sectores escindidos de esa burguesía y expresiones revolucionarias organizadas no sandinistas (Chamorro, P.J. 1990; Cristian, Sh., 1985). No obstante, la toma y control del poder por el FSLN, los esfuerzos en la construcción de la nueva democracia, la defensa de la soberanía y el desarrollo social, pondría a prueba la capacidad de negociación de la dirigencia revolucionaria, en medio de rupturas de “aliados tácticos” y de recomposición estratégica a lo interno de las fuerzas sandinistas.

La particularidad del triunfo revolucionario a partir de una insurrección armada que contó con la participación de amplios sectores sociales, religiosos y empresariales, dio el tono al modelo del régimen revolucionario que se instauraría. El programa del FSLN2 y los puntos consensuados a partir de las proclamas del grupo de Los Doce, evidencian la dimensión de la nueva institucionalidad política, social y cultural de la RPS (Cuadernos Universitario, 1977). El Programa de gobierno del 9 de julio de 1979 (Ministerio de Justicia, V.1. 1979; 9-41) y el Estatuto Fundamental de la República (Lacayo, M. 1979; 1-8) que deroga la constitución política somocista de 1974, “trazaba la naturaleza y la organización institucional del nuevo Estado y establecía las directrices básicas de actuación política en el Programa de Gobierno” (Martí i Puig, 2004; 152). La expresión sobresaliente del nuevo modelo era: pluralismo político, economía mixta y no alineamiento.

Las contradicciones con los sectores de la burguesía organizada en cámaras empresariales, el poder fáctico de la jerarquía eclesiástica, un contexto geopolítico internacional en crisis (la guerra fría, lucha este-oeste, caída del socialismo real) y errores propios de la experiencia en la construcción y conducción de un nuevo régimen social y político, crean un escenario de confrontación militar, alentado y diseñado por los gobernantes de Estados Unidos, cuya disputa central es el poder. Esta disputa político-militar se dirimió en las urnas en 1990 al alcanzar el gobierno las fuerzas de derecha, que durante toda la década de los ochenta, mantuvieron un “frente interno” de lucha en contra de la revolución (Núñez, 1991). La respuesta electoral no resolvió del todo el tema del control político del estado y la sociedad, pero sí marcó el diseño del modelo de democracia nicaragüense.

La frase expresada el 26 de abril de 1990 en la plaza de los No alineados por el líder sandinista Daniel Ortega, de “gobernar desde abajo”, hacía referencia a las enormes “raíces” creadas durante el proceso revolucionario sandinista en su primera etapa, desde el punto de vista institucional, cultural (ideológico) social y económico, estableciendo una nueva arquitectura en la contienda política que se avecinaba durante las décadas de 1990 y 2000. La victoria electoral del 2006 del FSLN y de su líder máximo Daniel Ortega, evidencian la estrategia pragmática, acorde a los tiempos de reflujo (crisis) revolucionario, que trajo consigo la desintegración de la URSS, la desaparición del llamado “socialismo real”. Sobre todo, este triunfo electoral representa un giro de la lógica perversa y sin escrúpulos del neoliberalismo, de culto al mercado, del “triunfo” del capitalismo y de la visión unipolar impuesta por la oligarquía criolla desde el año 1990.

En este trabajo, pretendo abordar tres aspectos que permitan la comprensión de la continuidad y vigencia de la revolución popular sandinista (llamada en la actualidad Revolución sandinista). En la primera parte, se hace una aproximación sucinta de la lucha del FSLN a partir de sus estrategias de alianza, y la composición de sus miembros en sus estructuras político-militares que, coadyuvaron a la caída del régimen somocista. En la segunda, se revisan de manera general, los rasgos más sobresalientes del modelo de la revolución en su primera etapa (década de los ochenta), así como sus contradicciones a lo interno de las estructuras revolucionarias. Por último, se enumeran las estrategias relevantes emprendidas por el FSLN para la toma del poder en su segunda etapa (2006), haciendo énfasis en los aspectos de continuidad y/o enlaces con la primera etapa.

El triunfo revolucionario sandinista

La tesis que sustenta el triunfo de la RPS como resultado de una insurrección armada vanguardizada por el FSLN, constituye la principal narrativa política y militar sobre la que se articula este importante episodio de la lucha latinoamericana, compartida y aceptada por amplios sectores de izquierda (Harnecker, 1987). Otra narrativa con menor difusión y consenso, --mencionada con anterioridad-- no niega la insurrección, pero la ubica formando parte de un frente de lucha anti somocista, donde participan amplios sectores sociales, empresarios, obreros, comerciantes, artesanos, intelectuales, profesionales, grupos religiosos, entre otros (Christian, Sh., 1985). Esta última explicación, busca restarle protagonismo al FSLN y a la tesis del “factor militar” en la caída del régimen de Somoza.

Un acercamiento al contexto de lucha contra el régimen de los Somoza debe iniciar analizando el resurgimiento del vetusto y fragmentado Partido Conservador en la década del sesenta, donde una camada de jóvenes toma las riendas de la fracción principal de este partido. Encabezados por el dinámico e histriónico dirigente Fernando Agüero Rocha y acompañado por Rafael Córdoba Rivas, Enrique Lacayo Farfán, Clemente Guido, Reynaldo Antonio Téfel y Pedro Joaquín Chamorro, apuestan por las urnas en las elecciones de 1963 y 1967 para acabar con la dictadura (Ayerdis, 2017).

La continuidad de la lucha armada iniciada por el FSLN en 1961, se ve ensombrecida durante gran parte de la década del sesenta, debido a las maniobras imperiales de los gobierno de Kennedy y Johnson, quienes buscando contrarrestar lo que llamaban en esa época, la “influencia perniciosa de Cuba y el comunismo” en la región latinoamericana (su patio trasero), implementan el programa conocido como Alianza para el Progreso, el cual consistía en un paquete de medidas reformistas, relacionadas al sistema electoral, al aspecto social y económica, buscando maquillar la imagen de los regímenes militares de la región (Figueres, et.al., 1962). En el caso de Nicaragua, sólo en el contexto de este programa se puede entender, la alternancia amañada promovida por Luis Somoza, hijo mayor del dictador Anastasio Somoza García, al no presentarse a la reelección presidencial en 1963, permitiendo que llegara al Ejecutivo (elecciones fraudulentas de por medio) un ministro de su gabinete, René Schick Gutiérrez, fallecido de manera repentina en 1966, en pleno ejercicio del poder.

La desilusión causada entre las filas conservadoras por la traición del líder conservador Fernando Agüero Rocha y la masacre del 22 de enero de 1967, profundizó el proceso de atomización de este partido representante de las llamadas “paralelas históricas”3, revitalizando la alternativa de la lucha armada como única vía para sacar del poder a la dictadura y reconstruir el país sobre sendas democráticas de inclusión social. La gesta guerrillera de Pancasán, en agosto de 1967, se considera la respuesta a la masacre de enero de ese año y el repudio a la oligarquía representada en los partidos políticos tradicionales.

La guerrilla de Pancasán de agosto de 1967, es considerada una acción histórica de propaganda armada desde “la montaña”, de gran repercusión para las ciudades del país. Este resurgimiento militar en la selva, sigue la estrategia cubana y el ejemplo de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia (visión llamada foquista). Pancasán se inscribe dentro de las experiencias latinoamericanas de lucha de gran simpatía entre la dirigencia sandinista, como expresión de liberación. De manera temprana, esta acción plantea la disyuntiva “lucha urbana-lucha desde la montaña”. La “ciudad” tiene (y tendrá) una presencia relevante en la concepción guerrillera –-al igual que la “montaña” ---, expresada en movilizaciones estudiantiles, huelgas, y otras acciones de denuncia y operativos militares (protesta del estadio nacional, recuperación económica, La Perfecta, entre otros), poniendo de manera discreta (en esos años de finales de la década del 60), en la agenda del debate interno, una u otra perspectiva de lucha que, años después, incide de alguna manera en la división producida dentro de las filas del FSLN.

Dirigentes históricos del FSLN (ver testimonio de Omar Cabeza, 1982; El zorro, 1987; Hugo Torres, 2001…) han señalado que los cuadros del FSLN diseminados en sus diferentes estructuras, legales, semi legales o clandestinas, durante la década del sesenta hasta mediados de la década del setenta, apenas llegaban a un centenar, diseminados en “la ciudad” y en “la montaña”. Este último escenario de lucha, se convierte en un referente simbólico, de mística y temple revolucionario, siguiendo las concepciones guerrilleras latinoamericanas en boga. La “subida a la montaña” de los combatientes a prepararse en caliente –militarmente hablando--- les revestía de gran autoridad moral frente a los cuadros de la ciudad, convirtiéndose en una escuela de “graduación guerrilla” por antonomasia. El Comandante Fonseca, justificaba en alguna medida la estrategia guerrillera de la montaña (sin excluir la lucha de la ciudad) por el peso de lo rural en la estructura social, cultural y económica del país, durante la década de los sesenta y setenta (Fonseca, 1982; 132).

La montaña y su significado moral durante toda la lucha armada del FSLN será un referente importante (Cabezas, 1982; Borge, 1987), aun cuando décadas después, la visión revisionista de Hugo Torres (2003) y Humberto Ortega, intenten restarle el mérito histórico que tenía. Lo anterior tampoco niega el mérito que tuvieron las acciones ejecutadas por combatientes urbanos quienes se veían urgidos de actuar, en desiguales y heroicos enfrentamientos armados, debido a circunstancias de delación u operativos de “recuperación económica”, tales son los casos de Julio Buitrago, Leonel Rugama, Jonathan González, Ricardo Morales Avilés, Oscar Turcios, entre otros.

De igual manera, las espectaculares acciones armadas ejecutadas en San José, Costa Rica entre 1969 y 1970, y las realizadas en Managua (Nicaragua) en 1974 y 1978, cuyos propósitos era la liberación de cuadros prisioneros en las cárceles de estos países, sirvieron de escaparate publicitario de la lucha armada anti dictatorial. Ante la población en general, estas acciones de gran cobertura periodística por los medios anti dictatoriales, revestían a los miembros del FSLN y su organización, con una aureola de invencibilidad, heroísmo y desprecio hacia la muerte.

Durante el período de finales de la década del sesenta y parte de los setenta, las estructuras internas y externas del FSLN estaban conformada en su mayoría por miembros provenientes de la ciudad, siendo los de ascendencia universitaria los más notorios (Cabezas, 1982). En otras palabras, eran jóvenes de clase media y uno que otro entroncado con familias de la alta burguesía (Carlos Agüero en 1969, Joaquín Cuadra en 1972, los Carrión Cruz en 1973, Javier Carrión en 1973 y Jaime Wheelock Román en 19734). De igual manera, había un porcentaje de cuadros y combatientes provenientes de sectores empobrecidos, campesinos reclutados en diversos momentos, sobre todo durante las campañas realizadas en Raití, Bocay en 1963, Pancasán en 1967 y por medio de las operaciones realizadas por la legendaria columna Pablo Úbeda. Entre los cuadros de extracción popular, están: Germán Pomares, “El Danto”, Pablo Úbeda, los hermanos David y René Tejada, Gladys Báez, Filemón y Francisco Rivera, Oscar Turcios Chavarría, José Benito Escobar, Pedro Arauz Palacios, René y Carlos Núñez Téllez, Henry Ruíz Hernández, entre otros.

Arropada por la visión marxista-leninista, las luchas de liberación nacional (Argelia, el movimiento de la OLP, la revolución cubana y Vietnam) y el pensamiento nacionalista de Sandino, la dirigencia del FSLN encabezada por Carlos Fonseca Amador, como principal líder y los dirigentes Julio Buitrago Urroz, Oscar Turcios Chavarría y Ricardo Morales Avilés (dirigentes máximos entre 1967 y 1973) estructuran una estrategia de lucha en la ciudad y el campo, sustentada en una vasta red de colaboradores, casas de seguridad, apoyo logístico y escuelas de formación política y militar (Fonseca. 2006; 162-190). Esta vida compartimentada, de rigurosa disciplina, en términos de operatividad y doctrina, se mantienen sin fisura. No obstante, como hipótesis de trabajo, se puede afirmar que, a partir de la segunda mitad de la década del setenta5, cuando el régimen somocista entra en la crisis política irreversible, producto de las denuncias internacionales de represión y muerte contra los campesinos, se produce una “apertura” en cuanto a la incorporación de nuevos cuadros de clase media y media alta –principalmente--, cuyas nuevas visiones de lucha interpelan (cuestionan) la conducción histórica del FSLN6.

No existe consenso alrededor del origen de la división del FSLN. Se puede intuir a partir de entrevistas, testimonios y memorias escritas en las últimas décadas (Ortega, H., 2017; Torres, 2002) que las primeras disensiones se iniciaron entre 1973-74, acentuada con la salida de los compañeros liberados por el operativo de la casa de Chema Castillo (diciembre de 1974) y consumada en 1976 con las llamadas “tendencias” del FSLN (Guerra Popular Prolongada GPP, Terceristas o insurreccionales y Proletarios). En su libro de memorias “En el mes más crudo de la siembra”, Jacinto Suárez Espinoza (2019), señala que cuando el comando que liberó a los presos políticos en diciembre de 1974, por medio de la toma de la casa de “Chema Castillo”, llega a la Habana, Eduardo Contreras no permitió que el Comandante Carlos Fonseca participara en la conferencia de prensa que dieron los miembros de este comando en esta ciudad.

Cuando se da la ruptura, las tres tendencias ya cuentan con su propia jefatura de mando, estructuras militares operacionales, logística y un aparato de relaciones públicas internacionales. Si bien las tendencias mantendrán en ciertos periodos, un mínimo de comunicación, esto no impide que la falta de coordinación operativa, se pague con la vida de algunos importantes cuadros que caen entre 1975-78. Durante los años de la división (1975-1979) en medio de la tensión de la lucha armada, las confrontaciones (discusiones) entre las tendencias se daban mayormente en la esfera ideológica, por medio de proclamas y escritos publicados en boletines y revistas que cada tendencia producía a partir de la creación de un sistema de información y/o propaganda y educación política7.

En este período (1975-1979) se observa que el programa histórico del FSLN dado a conocer en 1969 es mantenido por las tres Tendencias siendo el referente de las reivindicaciones revolucionarias de la lucha anti somocista. Las proclamas y discursos de sus dirigentes, convergen en los postulados esenciales del Programa Histórico: lucha frontal contra la pobreza y la exclusión social; integración real de la costa caribe al país; acceso sin restricciones a la educación y salud; acceso a la tierra y un techo digno; política exterior independiente; participación ciudadana en la formulación y puesta en práctica de las políticas públicas; respeto a las creencias religiosas, veneración a los mártires de la revolución y defensa de la paz (Fonseca, Obras, 2006; DEPEP-FSLN, 2015).

Los elementos principales que desembocan en la división del FSLN (1975 hasta principios de 1979) están relacionado a discrepancias entre cuadros de mayor antigüedad (algunos en el exterior) y los recién reclutados (incorporados al trabajo clandestino) que se encuentran en el interior de país8, relacionadas a tácticas y estrategias para guiar la lucha de la toma del poder. No tiene tanta incidencia –como se sugirió en su momento— la larga ausencia dentro del país de cuadros del FSLN, entre ellos el Comandante Fonseca (incluyendo Humberto Ortega) quien desde finales de 1970 se encontraba en el exterior. La visión de los que apelaban reforzar el campo y aquellos que defendían y priorizaban la acción política callejera (huelgas o alianzas) en la ciudad, tiene mayor coherencia en la medida en que se vea el fondo de las contradicciones entre los militantes fundadores (o antiguo militantes) y los nuevos ingresos. (Ortega, H, 2017; 368-386;).

Un análisis diferente (en este caso preliminar) a la luz de las declaraciones y escritos de dirigentes históricos en la década del ochenta (Ivernizzi, Pisani, y Ceberio, 1986; Borge, 1989) sugiere---pese a cierta “auto censura” (previsión) durante este período, del abordaje del tema de la división del FSLN--- que la raíz de estas contradicciones fueron exacerbadas por cuadros recién incorporados al FSLN, provenientes de sectores medios y altos de la burguesía, quienes de manera vertiginosa ocuparon cargos importantes dentro de la estructura del FSLN y empezaron a cuestionar los mandos y las tácticas de lucha. Entre estos cuadros nuevos están los hermanos Carlos y Luis Carrión Cruz, Wheelock Román, (también Eduardo Contreras Escobar, reclutados estos últimos en otro contexto) provenientes de las comunidades católicas de base, dentro de una estrategia de apertura iniciada por el Comandante Ricardo Morales Avilés, uno de los dos cuadros a cargo, entre 1970-1973, de la dirección del FSLN en Nicaragua, junto a Oscar Turcios Chavarría (18 de septiembre de 1973 fecha de la caída en combate de ambos).

La estrategia de abrir el FSLN reclutando nuevos miembros es objeto de reflexión del Comandante Fonseca, quien no se opone, siempre y cuando se tome en cuenta “la procedencia social…que provengan de las clases explotadas” (Fonseca, obras, 1982; 100). Estas reflexiones anotadas en 1975, a escaso un año de su caída, responde a las contradicciones suscitadas dentro del FSLN en cuanto a las estrategias de apertura a nuevos militantes y la promoción de estrategias de alianzas con sectores de clase media y alta de la burguesía, iglesias, y economía:

No es difícil observar el cuidado que en su actividad habitual ha tenido el Frente Sandinista para salirle al paso al peligro que representa en la situación actual del país, la pseudo oposición burguesa. Este cuidado se manifiesta en el contenido de los documentos que se exigió publicar al enemigo con motivo del combate del 27 de diciembre. Es evidente que en el futuro inmediato se hará necesario tomar medidas para desenmascarar a tal sector político (Obras, 1982; 101).

Cuando el Comandante Fonseca cae en combate en noviembre de 1976 la división del FSLN estaba consumada y cada una de las tendencias apuntará sus estrategias de luchas a gestar alianzas con diversos sectores de la sociedad, entre ellos religiosos, empresarios, obreros y campesinos. En este escenario de contradicciones a lo interno del FSLN, de crisis del régimen somocista, y recrudecimiento de la represión, se da un ascenso en las formas de lucha organizadas en el campo y la ciudad. En este sentido Jaime Wheelock, siguiendo el discurso que justifica la división de la organización guerrilla, a partir de contradicciones tácticas acerca de la lucha a seguir, plantea años después que las tres tendencias tenían razón en las estrategias: “la guerra de la montaña”, “los movimientos huelguísticos” y la “sublevación” de las ciudades” (Wheelock, 1986; 84.85). Paradojas de los contextos políticos, Humberto Ortega en su libro Epopeya de la Insurrección (2017) no le dará crédito ni a la Tendencia Proletaria que dirigía Wheelock, ni a la GPP de los comandantes José Benito Escobar, Pedro Arauz Palacio, Tomás Borge, Henry Ruíz y Bayardo Arce, entro otros, adjudicándole la estrategia del triunfo a la Tercerista o Insurreccional.

El escenario creado por la estrategia de una insurrección (sublevación como le llama Wheelock) de todos los sectores de la sociedad, se justifica por el ascendente malestar de los sectores pobres reprimidos con brutalidad, la agudización de la miseria y el aumento de la percepción de una explosiva crisis política a partir del descontento y/o ruptura de los tradicionalmente aliados o complacientes empresarios oligárquicos, con la dictadura. Las expresiones políticas Unión Democrática de Liberación (UDEL) entre 1974-1979 y el Frente Amplio de Liberación (FAO) entre 1977-1979, representan iniciativas “novedosas” de la burguesía criolla, necesitada en este contexto de crisis, de liderazgo para ser alternativas en un posible cambio de gobierno, especialmente frente a los Estados Unidos, al que siempre ven como un actor importante para que les solucione el conflicto político a su favor, conminando en este caso, a la dictadura a realizar elecciones o en el peor escenario, exigiendo la renuncia de Somoza (Duque Estrada Sacasa,2014)9.

En medio del contexto político antes planteado, la Tendencia Tercerista o Insurreccional del FSLN abre su estructura, en una audaz estrategia de lucha, incorporando a sectores medios y altos de la burguesía y negociando alianzas con empresarios, intelectuales, religiosos y otros sectores sociales, con el fin de preparar la insurrección popular. Mientras tanto, la tendencia GPP como la Tendencia Proletaria, hacen lo suyo, actuando bajo la lógica de la negociación y alianza con sectores populares y medios, en una tercia por hegemonizar la lucha –o demostrar que tenían razón en sus estrategias-- por medio de las armas o las movilizaciones de masas.

Contradicciones superadas por medio de un pragmatismo y madurez política que permitió la unidad de las fuerzas sandinistas, allanando el triunfo revolucionario del 19 de julio de 1979. Los consensos superan a los disensos en estas históricas negociaciones que culminan con discursos e imágenes grabadas en la mente y conciencia del pueblo nicaragüense, identificado de manera plena con la lucha del FSLN. El mensaje que, desde Radio Sandino, aquel marzo de 1979, anunciaba la unidad de las tendencias, auguraba un nuevo camino de lucha, guiada por el cumplimiento del programa histórico de 1969 y la fidelidad al ideario de Sandino, Fonseca y de los héroes y mártires caídos en la lucha. Una unidad del FSLN cuya estructura de la Dirección Nacional Conjunta, evidencia las contradicciones aún no resueltas, convencidos sí de las condiciones favorable para la toma del poder.

En conclusión, la confluencia de una serie de factores heterogéneos como el incremento de la violencia armada, las movilizaciones callejeras, las contradicciones entre los sectores oligárquicos, el uso de la represión para mantener el orden público, profundiza la crisis generalizada de un régimen dictatorial sin alternativas de recuperación. En el contexto de 1978-79, el FSLN se convierte en un factor decisorio para la resolución de la crisis política en que se encuentra inmerso el régimen somocista, al tensionar su capacidad de movilización y acciones armadas, combinadas con la habilidad de negociación con todos los sectores sociales, políticos, religiosos y económicos del país.

La estrategia política beligerante del FSLN desmonta los planes de la derecha oligárquica (el FAO) de asumir el poder, apelando a la mediación de la OEA y Estados Unidos para que el gobierno/Congreso de este último país, convenza al dictador y realice elecciones o en el mejor de los casos, renuncie antes que sea tarde, instaurándose –en este contexto-- el escenario de la insurrección (Chamorro, P.J. 1989). En su soberbia, el dictador se aferra al poder y decide continuar la guerra, no quedando otra alternativa que la salida violenta, armada, aprovechada por el Frente Sandinista, llamando a la ofensiva final a partir del paro nacional convocado para el 6 de junio de 1979, coordinado con sectores burgueses (empresariado no somocista) que se suman, sabiendo que sus tácticas de sacar por la vía pacífica al dictador habían fracasado (Duque Estrada Sacasa, 2014).

Originalidad de la Revolución en su primera etapa

El derrocamiento de la dictadura producto de la insurrección armada en julio de 1979, contó con la participación, desde diferentes frentes de lucha, de algunos sectores empresariales, denominaciones religiosas, agrupaciones políticas, gremios obreros, campesinos y otras fuerzas populares organizadas (Movimiento Pueblo Unido, MPU). La composición del grupo de “Los doce” (Cuadernos Universitarios, 61-62), es una de las expresiones de las complejas negociaciones de alianzas anti somocista que tendrá su concreción inmediata en la composición de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN)10. Composición gubernamental en la que se apoyan los sectores no sandinistas, en esos inicios de la revolución, para reivindicar autoría en el derrocamiento de la dictadura, y las excusas para el enfrentamiento armado (el centro de su discurso será una supuesta “traición a la revolución”). Al mismo tiempo marca las pautas del perfil de la Revolución Sandinista (Chamorro, V., 1997).

Un análisis de la RPS y del modelo de sociedad e institucionalidad que se gesta a partir del 19 de julio de 1979 debe de contemplar la puesta en marcha del programa histórico del FSLN de 1969 por parte de la JGRN. La premura por la materialización de los cambios en virtud de la naciente democracia, el desarrollo social, la soberanía y la paz, conlleva la toma de medidas drásticas para el establecimiento de un nuevo marco jurídico y legal en el país, evitando con ello la anarquía y el desorden. La primera medida fue la derogación de la constitución de 1974 y la puesta en vigor de manera provisional, del Estatuto Fundamental de la República, promulgado por la JGRN el 20 de julio de 1979. Inédito, polémico, pero necesario en ese contexto, desde el punto de vista jurídico, para la creación de una nueva institucionalidad y un marco legal que lo sustente, sobre las cuales se iba a regir el país en los inicios de la primera etapa revolucionaria. En el considerando II del Estatuto Fundamental, se establece de manera clara lo que se pretendía como gobierno, en materia social, económica y política:

restaurar la paz, sentar las bases para la instauración de un sistema de gobierno democrático con profundas raíces populares, y emprender la gran tarea de reconstrucción nacional en lo político, en lo social, en lo económico, para lo cual se necesita el orden jurídico adecuado. (Ministerio de justicia, 1979; vol. I, pág.35)

 

La construcción de un estado y gobierno democrático, sería la misión principal de la dirigencia revolucionaria por medio de la JGRN, las estructuras partidarias y organizaciones de masas sandinistas, a la que se avocan durante los diez años de la primera etapa de la revolución. La democratización del país, crucial como lo reafirma Carlos M. Vilas (2005), sabiendo que desde el nacimiento como república, la sociedad nicaragüense nunca había gozado de períodos democráticos. Era una palabra extraña, hasta cierto punto, en el discurso de los dirigentes revolucionarios pero que iban a defender, pese a las agresiones militares y económicas (Torres-Rivas, 1987). Este modelo democrático se sintetiza en tres ejes (o enfoques): Economía mixta, pluralismo político y no alineamiento.

Se podría discutir las virtudes y defectos del diseño de gobierno y estado centralista (fuerte, vertical), protector, como característica del modelo de la primera etapa la revolución. Válidas o no las críticas, no había otra alternativa, las condiciones precarias en que vivía la inmensa mayoría de la población, producto de la miseria y el analfabetismo a consecuencia de décadas de marginación lo exigían. Hubiera sido una traición a los principios revolucionarios dejar en la “mano invisible del mercado” esta tarea urgente demandada por el pueblo. La puesta en marcha del programa de gobierno se hizo sentir a partir de la promulgación y puesta en vigor de manera rápida, de una batería de leyes y decretos promulgados durante los primeros dos años de la RPS, buscando darle el protagonismo que merecían los sectores populares, al incorporarlos como sujetos sociales de la revolución.

Se ha enfatizado como característica de la revolución y de su modelo democrático, en su primera etapa, el respeto a la propiedad privada y colectiva, libre mercado, libertad de organización política, de pensamiento, y una política exterior independiente (CIPRES, 1991; M. Vilas, 1984). El pluralismo político se expresa desde sus inicios por medio de la conformación del Consejo de Estado (1979-1984), la Asamblea Nacional (1984-1990) y las leyes producidas bajo estos foros políticos representativos de la sociedad, permitiendo la libre organización política y partidaria, expresada en la conformación del Frente Patriótico de la Revolución que aglutinaba a partidos aliados a la revolución (Partido Popular Social Cristiano, Partido Socialista, del grupo del Doctor Briceño, Partido Conservador Demócrata, Partido Liberal Independiente, entre otros) y la Coordinadora Democrática Nicaragüense que aglutinaba a los partidos de la derecha.

De igual manera, la “economía mixta”, es un eje del nuevo modelo político revolucionario que sustenta la presencia y legalidad de la existencia de tres tipos (o expresiones) de economía, las que podían coexistir: privada, cooperativa y/o estatal y la mixta. En este sentido, el modelo iniciado por la revolución, tensionado y reajustado por la situación de agresión militar y bloqueo impuesto a partir de 1985 por Estados Unidos, establecía un espacio para el ejercicio del mercado libre, que nunca se cerró. Otra cosa es la estrategia contrarrevolucionaria de ciertos empresarios, quienes a partir del control estatal de algunas redes de comercialización y/o producción, a consecuencia de la situación que genera la emergencia de la agresión imperial, se suman a los planes desestabilizadores, afectando el mercado interno y los logros sociales de revolución en su conjunto, derivando -- en ese contexto-- en tensiones y enfrentamientos con estos sectores económicos.

El principio de soberanía presente como reivindicación del programa histórico del FSLN, se hace sentir a partir de una política exterior no alineada, de apertura y amistad con todos los pueblos del mundo, priorizando aquellos pueblos y expresiones políticas que luchan por la paz, la justicia y la liberación. Una de las primeras tareas emprendidas por el gobierno revolucionario fue el abrirse al mundo, instaurando relaciones con todos los pueblos, bajo el principio del respeto mutuo e igualdad y la sujeción y defensa del orden jurídico internacional. En estos primeros años, el Gobierno Sandinista establece una política exterior amplia e independiente, comenzando con los países agrupados en el Movimiento de países no alineados (NOAL), bloque socialista y del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME); Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, (URSS); gobiernos progresistas y revolucionarios asiáticos (Vietnam, China Popular) africanos (Angola, Mozambique, Burkina Faso) y con Estados Unidos. Fortalece las relaciones con los movimientos de liberación nacional históricos que luchan por una causa justa, tales como el Frente Polisario, la OLP, entre otras organizaciones.

Otro rasgo importante de la RPS sustentada en el programa histórico, es el tema del protagonismo de los sectores populares, negada por el capitalismo somocista en contubernio con los sectores oligárquicos del país. Antes del triunfo de la revolución, el sistema capitalista somocista no tuvo interés alguno de permitir, mucho menos organizar, a los sectores populares en función de canalizar sus demandas más sentidas ante el Estado. Las pocas organizaciones permitidas, eran aquellas organizaciones que les aseguraban el voto cada cuatro años. En medio de esa situación, los sectores marginados, empobrecidos, estudiantes, artesanos, enfermeras, se organizaron de manera ilegal, desafiando a la dictadura, en demanda de trabajo, salud, educación y en los últimos años de la dictadura, para exigir su salida del poder.

Con la llegada al poder del gobierno revolucionario, la organización de todos los estratos sociales, populares, se convierte en una estrategia urgente para el emprendimiento de las tareas que restituyeran sus derechos, tanto tiempo negado por el estado burgués y oligárquico nicaragüense, representado por la dictadura somocista. Es así, a los pocos meses de haber triunfado la revolución, diversas expresiones organizadas de la sociedad se hacen sentir con fuerza nunca antes vista: obreros (CST, UNE), campesinos (ATC), propietarios pequeños, medianos y grandes de finca (UNAG), mujeres (AMLAE), niños (ANS), estudiantes (UNEN, FES), pueblos originarios, expresiones religiosas, de capacidades diferentes, artísticas, artesanos, entre otras. Expresiones organizadas, la mayoría de ellas, nacidas con la revolución, defenderán y mantendrán su origen de clase e ideología política, durante el periodo neoliberal. Loable trabajo de resistencia y adaptación a los cambios coyunturales y avatares del modelo capitalista hegemónico actual, sin perder su esencia.

La temprana ruptura (abril de 1980) de la “alianza” entre el FSLN (y los partidos agrupados en el Frente Patriótico de la Revolución) y los sectores oligárquicos y empresariales anti somocista que apoyaron la insurrección armada para la toma del poder, se debió entre otras razones, a la clara posición de la dirigencia revolucionaria de darle el papel protagónico a los sectores populares, en el diseño del modelo económico y social del nuevo gobierno. La confiscación de las propiedades del somocismo, allegados y socios, pasando a formar parte del proyecto económico de la revolución (creación del Área Propiedad del Pueblo, APP), la promoción de la propiedad colectiva (cooperativas) y otros emprendimientos, evidencian esa voluntad de tener como actores principales del modelo económico a los sectores populares organizados.

Otra razón de la ruptura de la burguesía anti somocista con el proyecto de la revolución, debe encontrarse en la posición independiente –como se dijo con anterioridad—de la política exterior, de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) y el FSLN. Con la llegada a la presidencia de Estados Unidos del republicano Ronald Reagan en enero de 1981, se inaugura una política agresiva hacia Nicaragua y Centroamérica, bloqueando los préstamos en los organismos internacionales (los 75 millones ya aprobados por el BID para la compra de trigo) y apoyando a los remanentes de la Guardia Nacional refugiados en Honduras para la agresión armada. Esta situación, hace que la dirigencia revolucionara trabajara con mayor celeridad en la apertura y puesta en marcha de relaciones de cooperación con la URSS, el bloque socialista y otros países revolucionarios como Vietnam, Corea del Norte, China Popular. De igual manera, se fortalecen las relaciones con Cuba, los movimientos de liberación nacional, como Palestina y el Frente Polisario, entre otros. El FSLN se incorpora al Movimiento de países no alineados (NOAL)

En esos primeros meses de la revolución (agosto de 1979 - abril de 1980) los sectores de la burguesía, agrupados en los partidos políticos tradicionales o de nuevo cuño (Movimiento Democrática Nicaragüense, MDN), empresarios oligárquicos organizados en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSIP, luego COSEP), sectores de clase media, liberales somocistas y el clero de la iglesia católica, entre otros, se enfrentan a la revolución, acusando en foros internacionales de “traición” al gobierno revolucionario. A partir de esta premisa, articulan un discurso anti sandinista y contra revolucionario, apelando a un protagonismo magnificado y manipulado, acerca de la participación en el derrocamiento de la dictadura. Si acaso la tuvieron (discutible), fue porque Somoza y su camarilla, con la que habían cohabitado desde los inicios de la dictadura, no les dejó más remedio que rebelarse, sabiendo que al hacerlo, no rompían los lazos de “consanguinidad y afinidad” de intereses económicos, ideológicos y de clase a los cuales en su esencia se debían y deben en la actualidad.

La salida de la JGRN de Violeta Barrios de Chamorro y Alfonso Robelo en abril de 1980, no es más que el fin del “pacto” (alianza) circunstancial y táctico forjado en el fragor de la lucha, con un sector de la oligarquía. Estas figuras eran los representantes de los sectores oligárquicos que, por siglos, detentaron el poder político en el país y contaban –y aún cuentan-- con poder económico e influencia política internacional, razón por la que esta ruptura abre un frente de oposición significativo, desde sus inicios para la revolución. Fiel a su histórica cultura política, entreguista y cipaya, buscan resolver la contradicción con la revolución, apelando a la ayuda del gobierno de Estados Unidos.

En el caso del empresario Robelo, se decanta por la vía armada sumándose al proyecto de construcción del ejército mercenario, llamado “contras”, conformado inicialmente por remanentes de la Guardia Nacional de Somoza y con posterioridad se integran campesinos, manipulados o resentidos por abusos cometidos por algunos funcionarios del gobierno o miembros de las estructuras partidarias territoriales (Matamoros Hüeck, 2006). Robelo también colaboró con el frente contrarrevolucionario que se trató de organizar en Costa Rica (Alianza Revolucionaria Democrática, ARDE), teniendo a Edén Pastora como el representante militar de esa expresión armada, fracasando y apartándose, al final de la década de los ochenta, en medio de pugnas y acusaciones por el reparto de la ayuda de la CIA a los contras, apropiada mayormente por los contras del Frente Democrático Nicaragüense (FDN) acantonados en Honduras (Berreby, G., y E. 1988).

Por su parte, doña Violeta establece una estrategia de lucha, “cívica” a lo interno del país, teniendo como centro de operaciones al diario La Prensa, perteneciente a la familia de su marido (PJCH) y como aliados naturales tendrá a la cúpula del COSEP, partidos y movimientos políticos de la derecha (liberales y conservadores) y miembros de la jerarquía católica, que al igual que los contras, serán financiados por el gobierno de Estados Unidos. Es ingenuidad pensar que la estrategia desde el diario La Prensa en contra de la revolución, cuya figura principal –de este “frente interno” en contra de la revolución-- doña Violeta, (familia, amigos de clase e intereses económicos) no estuviera conectada con las acciones armadas de los contras. Las paradojas de las negociaciones de Sapoa, evidencian las serias contradicciones, entre los representantes de los contras residentes en Estados Unidos y usufructuarios principales de la ayuda que entregaba el gobierno norteamericano, los comandantes de campo y otros directivos que se movían de manera legal entre Nicaragua y Centroamérica, condición que facilitó, en alguna medida la negociación de la desmovilización y la posibilidad de la candidatura de doña Violeta (se sabe que existen otras razones por la que fue escogida) (Matamoros Hüeck, 2006).

Como todo proceso nuevo, los errores cometidos en esta primera etapa, han sido reconocidos de manera pública por dirigentes sandinistas. La complejidad del contexto de los inicios de la revolución (1979-1982), con medidas drásticas para reconstruir el estado, sus instituciones, un corpus legal que diera garantías ciudadanas y una estructura económica que perfilara la orientación del modelo revolucionario, hicieron que afloraran contradicciones, algunas solubles y otras no, debido al tipo de actor involucrado. De manera particular –como se ha dicho-- con sectores empresariales provenientes de la oligarquía, cuya contradicción era insoluble. En el caso de los campesinos, medianos y pequeños propietarios, se pudo resolver muchos de los problemas, al integrarlos a los programas, no obstante, el atraso social de siglos, y la manipulación a que fueron sometidos por grupos anti sandinistas, complejizaron la situación, siendo reclutados algunos de ellos por la contra.

Las transformaciones en la tenencia de la tierra y el usufructo del uso de este bien productivo, a partir de la aplicación de la reforma agraria, sumado a las tempranas agresiones económicas por parte de Estados Unidos, iniciando el gobierno de Reagan, --como se ha señalado con anterioridad-- al cortar el préstamo para la compra de trigo en 1980, sientan las bases para la crisis política que se avecina. La reforma agraria afecta inicialmente a los terratenientes vinculados al somocismo e indirectamente a los campesinos, por el vínculo que a lo lago de la historia mantuvieron por medio del sistema de tenencia y explotación de la tierra, colonato, aparcería, entre otras expresiones socio-productivas, (herencia colonial) y todo el sesgo cultural presente en las relaciones sociales, generando descontento entre el campesinado (Rubén, y De Groot, 1988). Debe recordarse que se tomaron medidas impopulares, de control en algunas zonas productivas, de la circulación de la producción de algunos productos agrícolas, debido a las acciones en contra de la revolución de sectores empresariales de derecha (aliados con la contra) que destruyeron la red de distribución de alimentos, al acaparar y especular con dichos productos (guerra económica).

Ampliando lo anterior, durante los primeros años, la estrategia de desarticulación del sistema de distribución y comercialización de productos de primera necesidad, por medio del acaparamiento y el agiotismo de sectores empresariales aglutinados en el COSEP, crean un cuadro artificial de crisis económica, haciendo que el gobierno aplique medidas de control sobre los rubros de la canasta básica (CIPRES, 1991). Estas acciones contrarrevolucionarias iban en sintonía con la política del gobierno de Estados Unidos, de interferir en los préstamos que el gobierno revolucionario gestionaba ante organismos internacionales. Ante un escenario de agresión externa de parte del presidente Reagan, el gobierno revolucionario toma medidas de emergencia con el fin de resguardar la seguridad de los nicaragüenses, llamando a todas las fuerzas de la revolución a la defensa armada del gobierno y de la institucionalidad del país, bajo la consigna de “Todas las armas al pueblo”.

La agresión armada contrarrevolucionaria y el bloqueo económico acentuado en 1986 hicieron que el gobierno revolucionario destinara la mayor parte de los recursos económicos a la defensa, creando una economía de guerra. Pese a las dificultades económicas, los programas sociales emblemáticos de la revolución, lucha contra la pobreza, integración de la costa caribe, búsqueda de la paz y participación protagónica de los sectores populares organizados, se mantuvieron como prioridad (Programa de austeridad y eficiencia, 1981). Estas políticas públicas se expresaban en la aplicación y profundización de la reforma agraria, al entregarse tierras a los campesinos de manera individual y el fortalecimiento del movimiento cooperativo; el mantenimiento de la gratuidad de la educación (ver tabla 1), la cobertura territorial en un ochenta por ciento de los programa de salud por medio de campañas y jornadas sanitarias (el veinte por ciento restante, comprendían las zonas de conflicto armado); la ley de autonomía de la costa caribe (aprobada en 1987) y la puesta en vigor de la constitución de la República (1987), legitimando e institucionalizando el modelo revolucionario de estado y gobierno nacido en 1979.

Tabla No. 1. Cobertura de la educación primera etapa de la revolución.

Tipo de educación

1978

1983

1988

Educación especial

355

1,624

2,269

Educación preescolar

9,000

50,163

74,227

Educación primaria

369,640

536,656

599,957

Educación secundaria

80,254

126,738

138,205

Educación normal

2,053

6,172

10,556

Educación Agrícola

118

2.513

2,199

Educación Industrial

2,373

3,985

5,055

Educación Comercial (Administración y Economía)

13,995

18,807

14,651

Otra educación Técnica

1957

9,476

15,235

Educación de Adultos

10,463

187,858

83,797

Educación Superior

23,291

35,588

25,478

Total

513,580

979,580

971,629

Fuente: Arríen y Matus Lazo, Nicaragua: diez años de educación en la revolución. MED, 1989.

La polarización política se acentúa en esta década de los ochenta. Por un lado, estaban los que defendían la revolución en su primera etapa, representada mayoritariamente por sectores populares y algunos de clase media, muchos de ellos de recién incorporación a este estrato social, fruto de las políticas de formación y emprendimiento de los programas sociales. Por el otro, los sectores oligárquicos representados por los grandes empresarios y comerciantes, que junto al clero apostaban por el desgaste interno de la revolución (por medio del bloque y el apoyo a la agresión armada) y su eventual caída. En medio de este panorama de confrontación y crisis económica, algunos simpatizantes iniciales y miembros del FSLN comienzan a desgranarse, desertando o pasándose a las filas de la oposición interna de país11.

A lo anterior se agrega, la campaña sistemática en contra de la revolución de radio emisoras y periódicos de la derecha que siempre gozaron de libertad para expresarse, permeando con sus mensajes a algunos sectores empobrecidos de la ciudad y el campo. La censura y sanciones aplicadas a medios de comunicación que abiertamente llamaban al derrocamiento del gobierno revolucionario o utilizaban “fake news” para confundir y manipular al pueblo, como lo hacían abiertamente el diario La Prensa y la radio Corporación, obedecía a la condición de guerra y emergencia que se estaba viviendo, refrendadas por las leyes del país.

La construcción discursiva alrededor de la unidad monolítica de las estructuras partidarias y la disciplina entre los militantes, era una forma de asegurar la fortaleza de la revolución, expresada en la coordinación y/o división de trabajo de la dirigencia nacional de la revolución: unidad entre partido, estado, gobierno. Una unidad puesta en cuestión a partir de contradicciones manejadas con habilidad y discreción por dirigencia nacional, quienes sabían de las deserciones de cuadros intermedios provenientes de sectores sociales burgueses, integrados al FSLN a finales de la década del setenta o como producto de la fiebre revolucionaria de los inicios del triunfo, quienes no aguantaron la situación de crisis vividas a finales de la década de los ochenta.

Entre las filas de militantes de origen social proletario que por años, venían trabajando en los territorios, fortaleciendo las estructuras de base, y participando de manera activa en las tareas de la revolución, se acumula alguna inconformidad, debido –entre otras razones-- a la forma en que se “promocionaban” en cargos de proyección e importancia, dentro del partido y del gobierno, a “cuadros” provenientes de los sectores medios y altos de la burguesía12. Malestar que sale a la superficie hasta después de la derrota electoral del FSLN de febrero de 1990.

La complejidad de la anterior perspectiva –poco estudiada-- tiene como referente hechos que, durante esa época, fueron vistos como aislados o propios de un contexto (etapa) político necesario para la profundización del proceso revolucionario. Sin caer en el revisionismo que no viene al caso, el origen puede encontrarse en la forma en que se hizo la distribución de los cargos en el gobierno, Estado y partido a raíz del triunfo de la revolución. El criterio básico que sustentaba la selección de los cuadros, fue darles un lugar a los más destacados combatientes y dirigentes territoriales que lucharon dentro de país y en el exterior, salidos de las tres tendencias de la etapa de división del FSLN. Esta situación, es aceptable, lo que genera polémica, es la forma en que estos cuadros provenientes de los sectores burgueses, aprovechando sus cargos, integran y promueven de manera evidente, a gente proveniente de su clase social. La justificación que se escuchaba en los corrillos de las estructuras partidarias y Estado, era que ellos tenían formación académica o profesional, por tanto, los que venían de sectores populares, poco preparados en buena parte de la década de los ochenta, tuvieron poco o nada de posibilidades de ascender en cargos.

La profundización del bloqueo (1986-89), el incremento de la escalada militar contrarrevolucionaria y la crisis inflacionaria propia de una economía de guerra, tiene su punto álgido en la conversión monetaria de 1988 (operación Berta), la implementación de reformas económicas drásticas, con el fin de mantener manejables en lo posible, los indicadores macroeconómicos que permitieran conservar las conquistas sociales más importantes de la revolución (Borges, 1988) (Ver fig. 1). Debe recordarse que la ayuda económica, brindada por los países del bloque socialista, comienza a descender, a partir de la crisis irreversible que experimentan, de manera acelerada, estos países, entre 1987 y 1989.

Fuente: Arríen y Matus Lazo, Nicaragua: diez años de educación en la revolución. MED, 1989.

En medio del anterior panorama de crisis política y económica, el pueblo pobre en general sobrelleva sobre sus hombros el mayor peso de las medidas de austeridad y ahorro, repuntando de manera significativa el desempleo. Las deserciones o salida de algunos militantes y simpatizantes del FSLN provenientes de sectores medios, se acentúan, tal como se mencionó con anterioridad13. A lo interno de las estructuras del partido y de las instituciones del gobierno, se genera cierto malestar por las medidas económicas y el proceso de compactación del estado.

El tema de los procesos de paz centroamericanos iniciados con Esquipulas I (1986) y II (1987), manejado con mucha ponderación --no exento de entusiasmo por parte del gobierno revolucionario-- genera esperanzas entre amplios sectores sociales deseosos por acabar con la guerra. La decisión de diálogo con la contra en Sapoa en 1988, pese a lo sensible de esta decisión, por el dolor de los familiares de los caídos y lesionados por la agresión norteamericana, es superada a partir de la disciplina partidaria cultivada por años de revolución. Las comisiones de paz creadas por el gobierno, visitando muchos hogares en las zonas de guerra, y las discusiones en las estructuras del partido, movimientos sociales sandinistas, hicieron que la militancia tomara con madurez esta dura decisión y facilitara el proceso inicial de paz y reconciliación.

La Revolución Sandinista en su segunda etapa

La incorporación de todos los sectores sociales a los programas y proyectos económicos, sociales y culturales, siendo la prioridad los más vulnerables, constituye una de las características sobresaliente de la segunda etapa de la revolución, coherente con el espíritu del programa histórico del FSLN. Podría criticarse, como lo hacen algunos sociólogos, acerca de la independencia o no de los movimientos sociales de origen o influencia sandinista. Lo que está claro es que las estructuras organizativas de campesinos, estudiantes, mujeres, jóvenes, niños, de la tercera edad, LTGB, discapacitados, indígenas, afro descendientes, sindicatos, entre otros sectores de la sociedad, están vinculadas a los programas de desarrollo económico, social y cultural cuyo punto en común de intereses y metas, está recogido en el Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH)14.

El PNDH fue concebido por el gobierno de la Alianza Unidad Nicaragua Triunfa (2007-2011) /Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional (GRUN. 2012-), de manera integral, inclusivo y participativo para todos los actores de la sociedad. La cultura del diálogo y el consenso con todos los sectores políticos, empresariales, gremiales, religiosos, está implícito en este proyecto rector de la revolución en su segunda etapa. El concepto de bien común, presente en este plan, no es un eslogan, apunta a la convergencia en las diferencias y divergencias, acerca del modelo de sociedad para todos, sabiendo que el fin último, es la erradicación de la pobreza y la consecución de la paz.

Antes de analizar los rasgos más destacados del modelo de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, GRUN) durante la segunda etapa de la revolución (2007-), haré una sucinta reseña de la situación política y social durante el período conocido como “neoliberal”, que abarca el período de los tres gobiernos de la derecha (Conservador-liberal de doña Violeta Barrios de Chamorro y los liberales de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños) y que comprende diez y seis años de gobierno (1990-2006). Periodo donde los tres gobiernos representativos de los intereses de la burguesía (empresarios y oligarquía tradicional) se empeñaron por todos los medios de desmantelar la institucionalidad nacida con la revolución de julio de 1979. Como bien lo señala Carlos M Vila (2005) el proceso democrático iniciado con la revolución a inicios de los ochenta, pese a la situación de guerra y habiendo “cedido terreno” a la dimensión política e institucional (la carta magna de 1987), conservó elementos de este proceso, blanco todos ellos de los ataques de los gobiernos neoliberales.

 

Estrategias de lucha del FSLN durante el periodo neoliberal

Es importante destacar que, si la Constitución política de 1987 no fue derogada o cambiada por los gobiernos de la derecha durante los diez y seis años de gobierno, se debió a que nunca contaron con los votos suficientes para llevarlo a cabo. Por esa razón, recurrieron a las reformas por medio de las cuales logran la creación de nuevas instituciones acorde al modelo neoliberal, limitando la participación de los sectores populares en la gestión pública, reduciendo el papel del estado en la vida social e imponiendo un sujeto social sometido al imperio del mercado (el cliente).

El “hallazgo de la sociedad civil” por la revolución sandinista, expresada en los movimientos sociales representativos de las diferentes expresiones organizadas de la sociedad, se convierten blanco de las políticas neoliberales. Los sindicatos organizados dentro del estado se ven sometidos a hostigamientos, desarticulados o debilitados en su influencia y limitados en su capacidad de trabajo, durante el proceso de aplicación de las medidas de choque de los tristemente recordados ESAF (Enhanced Structural Adjustment Facilities) impuestas por el Fondo Monetario Internacional.

Los sectores oligárquicos aglutinados en la Unión Nacional Opositora (UNO) que en 1990 llega al gobierno, se empeñan en cambiar el diseño de la matriz estatal que le asignaba a los sectores populares un lugar preeminente en la gestión pública. La nueva concepción de gestión del Estado, priorizará el mercado y tendrá como nuevo protagonista a los empresarios y financieros especuladores que fundan bancos y financieras para explotar, con créditos usureros a los pequeños y medianos propietario de negocios (Mipyme); marginando a los productores agrícolas, pequeños y medianos, al desmantelar los beneficios de la reforma agraria, reestableciendo la concentración de la tierra (expresada en latifundios y/o grandes haciendas y fincas) y la producción derivada de práctica productiva oligopólicas.

Las leyes aprobadas con mucha premura, durante el período de transición al traspaso de gobierno a doña Violeta (febrero-abril de 1990) y el Protocolo de transición de marzo de 1990 (Lacayo, 2005, p. 131-142), no sirvieron de nada para contener la arremetida de la derecha destinada a acabar con las conquistas heredadas de la primera etapa de la revolución. La Constitución Política –como se ha señalado--- era un obstáculo para las pretensiones de los sectores de la burguesía para el control y/o hegemonización de toda la vida política, económica y cultural del país, siendo un imperativo para ellos cambiarla o reformarla.

La institucionalidad heredada, respaldada por la Constitución de 1987 y una batería de leyes que normaban el actuar de los sectores populares y defendían conquistas sensibles como el derecho a la educación, la salud, a organizarse en cooperativas; 6% para las universidades públicas y acceso al crédito, tuvieron que ser defendidas en la calle en jornadas de movilización que derivaron en enfrentamientos violentos. Todas estas movilizaciones populares por la defensa de las conquistas de la revolución en su primera etapa, fueron acompañadas por el líder sandinista Daniel Ortega, quien se mantuvo de manera permanente al frente de las marchas.

En este escenario, las rupturas en las filas del sandinismo comienzan a darse desde los primeros meses de haber dejado el poder el FSLN. Militantes de mucho reconocimiento durante la década de los 80, por su labor dentro del estado, los aparatos militares y partidarios, incorporados al partido en los últimos años de la lucha contra la dictadura, muchos de ellos provenientes de las clases medias y altas de la sociedad (entroncados con sectores oligárquicos), empiezan a separarse de manera discreta algunos, de manera abierta otros al establecer negocios o firmas empresariales (con sus nombres y apellidos, caso de Carrión Cruz Construcciones), integrando las directivas de bancos privados o en calidad de gerentes de empresas, o como miembros funcionario de los gobiernos neoliberales.

Una parte de ellos dan la última batalla por el control-desmantelamiento del FSLN en el congreso de 1994 donde los futuros dirigentes del MRS (Sergio Ramírez, Dora María Téllez, Luis Carrión, incluyendo al poeta Cardenal y su grupo, entre otros), organizan una estratagema (entre ellas descalificaciones contra aquellos considerados “danielistas”; apelando a valores sustentado en raíces sociales de clase y egos personales) con la finalidad de inclinar la votación y apartar de la secretaría general del FSLN y con ello el aparato partidario, al Comandante Daniel Ortega (Ayerdis, 2018). El plan fracasa y en medio de acusaciones mutuas, se consuma la separación completa y orgánica, luego de la derrota en el Congreso de 1994. Importante es señalar que este grupo de ex militantes ya venían preparando las condiciones para hacer casa aparte, buscando erigirse en “herederos legítimos” de lo que consideraban etapa superada, la Revolución Popular Sandinista (RPS), justificada por el contexto neoliberal, disipando –según sus análisis-- la contradicción con el imperialismo y haciendo innecesaria la lucha de clase.

Los autollamados “Renovadores Sandinistas”, diseñan una bandera anaranjada con la alegoría del sombrero de Sandino, evidenciando una timorata identificación visual con el General de Hombres Libres. Lo más destacado es la ausencia en la mayor parte de las prácticas discursivas de sus militantes, de un hilo conductor que enlace el ideario de Sandino o de los héroes sandinistas, con la coyuntura difícil que vive la mayor parte de la población, sometida a las políticas neoliberales. Las veces que el héroe de las Segovia es mencionado, arropado bajo un discurso en apariencia crítico al neoliberalismo, era para justificar los ataques de destrucción en contra del FSLN y sus dirigentes. De hecho, no hay nada que sugiera, en sus acciones, discursos y trabajos de investigación (financiadas por ONG de partidos alemanes, escandinavas o norteamericanas), un distanciamiento con el neoliberalismo y el modelo de gobierno y estado diseñado desde 1990. Se podría interpretar como una estratagema calculada para acabar con el partido sandinista y su dirigencia.

La salida de estos ex militantes del partido FSLN, se convertiría con el pasar del tiempo, en una contienda que irá creciendo hasta convertirse en un desafío a muerte para muchos de ellos. Se puede constatar este cuadro sicopatológico, en los sucesos de abril-julio de 2018 con el fallido intento de golpe, donde participaron de manera activa, en contubernio con una parte del clero más conservador, empresarios, dueños y empleados de ONGs, así como miembros de partidos de la derecha (Ayerdis, 2018). Desde el año de 1995 los miembros del MRS no descansarán en su afán por estructurar estrategias de desprestigio, denuncias, descalificaciones, hasta llegar a las agresiones en contra de los sandinistas, en una cruzada personalista contra Daniel Ortega y Rosario Murillo. Muchos “militantes de a pie” pueden dar fe que connotados activistas del MRS involucrados en el golpe fallido, desde mediados de la década del noventa, cargaban con un discurso sustentado en el resentimiento y odio hacia el líder Sandinista, exacerbado en los últimos años, a tal punto que la mayoría de ellos (si no todos) eran irascibles a cualquier relación o conversación sobre sus ex compañeros y sobre el FSLN del noventa a la actualidad15.

Las campañas en contra de la figura de Daniel Ortega se arrecian cuando el líder sandinista en una estrategia pragmática y en un contexto político internacional de repliegue (crisis) de las corrientes de izquierda y movimientos progresistas, y del avance arrollador del neoliberalismo, logra acuerdos en 1998 con el ambicioso y corrupto líder liberal Arnoldo Alemán, presidente de Nicaragua. Este “pacto” como le llamaron, fue criticado por los MRS y toda la derecha organizada en partidos políticos, incluso el clero conservador se sumó a este linchamiento político. A pesar de la dimensión de la campaña de desprestigio en contra del Partido sandinista y de su líder, el apoyo popular de la población fue creciendo. De igual manera, entre la militancia hubo madurez y disciplina para comprender y apoyar esta acción política de su líder.

La jugada maestra del líder Sandinista estaba por venir. Un año más tarde, logra entenderse con el Cardenal Miguel Obando Bravo (1926-2018), siendo aún arzobispo de Managua. Este líder religioso fue un personaje carismático, de gran presencia dentro de las estructuras de la iglesia católica, e influyente en la opinión pública nacional16. Esta última estrategia, le permite al FSLN iniciar un proceso de reconciliación con los ex contras, muchos de ellos diseminados en el territorio nacional que deambulaban con limitaciones y precariedades buscando como sobrevivir. Debe recordarse que los liberales de Arnoldo Alemán dieron por finalizado los programas de ayuda del Estado, aduciendo que durante el gobierno de doña Violeta se habían cumplido los acuerdos firmados en Sapoa en 1988 para su desmovilización.

Durante el gobierno plutócrata del liberal Enrique Bolaños, el FSLN logra recuperar fuerzas luego de dos campañas electorales presidenciales (1996 y 2001) que le fueron adversas, sin que mermara su caudal de apoyo popular. Para las elecciones municipales del año 2000 el FSLN logra obtener excelentes resultados electorales al ganar una buena parte de las cabeceras departamentales, incluyendo Managua, la capital. Estos resultados le dan una gran capacidad de negociación al FSLN con el gobierno. Para el año 2005 se alcanza un nuevo acuerdo con el presidente Bolaños relacionado con temas electorales y la aprobación de leyes que daban vía libre a la implementación del CAFTA en Nicaragua, al consensuarse la “Ley Marco para la estabilidad y gobernabilidad”.

Las negociaciones iniciadas con Bolaños en 2005, y que dio como resultado la “Ley Marco”, es otra estrategia de negociación del dirigente sandinista Comandante Ortega, logrando réditos políticos (válido y legítimo dentro del marco de la legalidad) con el fin de ir creando las condiciones favorables para la eventual contienda electoral que se avecinaba. Desde el año 2002 se inició una crisis política por “conflicto de poderes” entre el ejecutivo y legislativo, promovido por los liberales del PLC dirigidos por Arnoldo Alemán, separado de su condición de diputado (Arto 133, reformas de la Constitución del 2000) y encarcelado por corrupción, y quien en ese momento gozaba de casa por cárcel. En la tercia entre las fracciones liberales, el FSLN se encuentra en la mejor posición para establecer negociaciones que contribuyan a la estabilidad política y económica del país, pensando que cualquier crisis los mayores afectados serían los sectores populares, quienes venían soportando las políticas neoliberales de restricción en la inversión social, de los tres gobiernos libero-conservadores que asumieron el poder en 1990, dóciles ante las recetas del FMI.

En este tira y encoje de las fracciones liberales, el presidente Bolaños llega a un acuerdo con el líder sandinista, con el fin de posponer las reformas electorales aprobadas por la Asamblea Nacional, a cambio de aprobar las leyes para que entre en vigor el CAFTA. Estas complejas negociaciones, implicaban también la inhibición de Arnoldo Alemán, en caso que aspirase presentarse como candidato a las elecciones del 2006, y las posibilidades de que el nuevo gobierno salido de esas elecciones, negociara los funcionarios que faltaban por nombrar en los poderes del Estado, y otras reformas pendientes (Bolaños; Envío, 2005).

En medio de los conflictos entre poderes, la situación económica era asfixiante, de manera particular para los sectores populares, muchos de ellos desempleados, o subempleados, sin que se vislumbrara una salida. Pese al volumen de ayudas y donaciones, los gobiernos neoliberales no se preocuparon por estructurar políticas sociales coherentes y consistentes, dirigidas a los sectores empobrecidos. Los planes nacionales estaban destinados al crecimiento económico (esperando el milagro capitalista del goteo o derrame mágico), más que al desarrollo; carente de orientaciones o prioridades sectoriales (programas orientado a los sectores más vulnerables), sin mayor incidencia en la mitigación de la pobreza.

La crisis energética es lo más emblemático del fracaso neoliberal, al convertirse en una situación de crisis y supervivencia en todo el país. Sin que se vislumbrara solución inmediata, la mayor parte de la población empobrecida y algunos sectores medios (los sectores adinerados compraron sus plantas eléctricas), padecieron racionamientos de más de diez horas, únicamente por el capricho de ser los alumnos sobresalientes del FMI en cuanto a gasto y manejo obediente de los indicadores macroeconómicos.

El gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa

El anterior contexto propicia la llegada al poder del FSLN y la continuidad del proyecto revolucionario iniciada en julio de 1979. Parecería una paradoja la hazaña lograda por FSLN en las elecciones de noviembre de 2006, principalmente por el cúmulo de las campañas sistemáticas de odio y desprestigio lanzadas por los militantes del MRS, sus ONGs y los aliados anti sandinistas, durante más de diez años. Es un triunfo de un partido que en un contexto de crisis (reflujo) de los movimientos progresistas e ideas de izquierda, desafiando los postulados tradicionales de las revoluciones latinoamericanas, logra con estrategias nada ortodoxas, pero con clara conciencia de sus orígenes ideológicos, retomar el poder, respetando las reglas del modelo de democracia capitalista occidental.

La experiencia de la revolución bolivariana con su líder Hugo Chávez (1954-2013), la revolución cubana con su líder histórico Fidel Castro (1926-2016) que resistió la crisis de la caída de los países del bloque socialista en 1989-90; los rotundos triunfos electorales de Néstor Kirchner (2003-2007) Luis Inacio “Lula” da Silva (2003-2011), Evo Morales (2006-), Rafael Correa (2007-2017) dan un aliciente a los sueños y esperanzas de las masas empobrecidas del continente, revitalizando el pensamiento latinoamericano de izquierda. Son estas expresiones revolucionarias y progresistas triunfantes que animan durante la primera década del siglo XXI al movimiento revolucionario sandinista en la ruta por la continuidad del proyecto de cambios y transformación iniciada en la década de los ochenta.

El plan de gobierno de la campaña electoral de 2006 y los discursos de sus dirigentes, reafirman el compromiso del nuevo gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa de cumplir con el programa histórico del FSLN de 1969. El devenir de la gestión estatal toma en cuenta las nuevas condiciones coyunturales, distintas a las de veinte y ocho años atrás, cuando por primera vez asumió el poder. Retoma la estrategia política de la negociación y la búsqueda de consenso, con todos los sectores sociales, económicos, religiosos y la oposición partidaria; respeto a los convenios y compromisos internacionales suscrito por los gobiernos anteriores. De igual manera, –como lo hace el programa histórico—prioriza la lucha contra la pobreza, la paz y el desarrollo de la costa caribe de Nicaragua.

Como bien lo dijo Juan Carlos Sánchez (Presentación en Seminario de políticas públicas, junio 2019), director de Planificación de la Presidencia de la República, los primeros años de gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, (2007 y 2008) las políticas públicas del estado y del gobierno, siguieron el patrón de los gobiernos neoliberales debido a la “desarticulación de los programas que impulsaba el gobierno y las diferentes áreas del estado. Esa dispersión y discrecionalidad de los recursos y gestión de la cooperación, limitó la capacidad de negociación con el FMI, quien impuso en esos dos primeros años (a como estaba habituado) las condiciones para la gestión de la política económica del país.

Para el año 2009, el Gobierno de la alianza Unida Nicaragua Triunfa está preparado para enfrentar los retos y compromisos que tiene con el pueblo (y establecer nuevos criterios de negociación con los organismos financieros internacionales), al implementar ese mismo año, el Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH) 2009-2011. Como se dijo con anterioridad, los gobiernos neoliberales hacían planes interanuales, llamados “Plan Nacional de Desarrollo cuyas políticas públicas eran en esencia paliativas. El FSLN le agrega al Plan Nacional de Desarrollo de los liberales la palabra “Humano”, porque es un plan diseñado para los sectores más vulnerables y empobrecidos. Durante la negociación de finales de 2008 e inicios del 2009 con el FMI, los negociadores del gobierno sandinista le hacen ver a los funcionarios de este organismo internacional que los planes económicos y sociales a partir de ese momento serían elaborados por el gobierno. Es así como los planes y presupuestos del gobierno, estarán sustentados en los PNDH (2009-2011, 2012-2017 y 2018-2021), dándole continuidad a las políticas de inclusión social, expresado en la lucha contra la pobreza, el desarrollo de la costa caribe y la promoción de la paz (ver figura 2).

Fig. No. 2 Presupuesto asignado a la estrategia de reducción de la pobreza (2007-2017)

Fuente: Liquidaciones presupuestarias 2007-2016. Presupuesto 2017 aprobado

A pesar de la fragilidad de la economía nicaragüense y la crisis financiera internacional de 2008, las políticas públicas del gobierno sustentadas en el PNDH obtendrán grandes logros, apuntando a un crecimiento sostenido de la economía y mejoras en el nivel de vida de la población. A pesar de problemas estructurales en temas de productividad, y rezago tecnológico, los esfuerzos por la modernización e implementación de estrategias productivas, además de programas de formación de recursos humanos, dieron frutos importantes al incidir de manera positiva en los sectores empobrecidos que ven restituidos sus derechos. Organismos internacionales como el Banco Mundial, reconocen en 2018 que los índices de pobreza y pobreza extrema en Nicaragua han bajado, de un 50 % de la población en 2007 a un 26% en el 2017 (ver figura 3).

Fig. No.3 Evolución de la pobreza y pobreza extrema (%) 1998 - 2016

La restitución de derechos a los nicaragüenses dentro de las políticas públicas derivadas de la implementación exitosa del PNDH, se pueden observar a partir de la enumeración de proyectos sociales y económicos institucionalizados permanentes. Entre estos deben de mencionarse, la gratuidad de la educación primaria y secundaria, entrega sin restricciones del presupuesto constitucional a las universidades públicas y comunitarias (6%) (ver fig. 4); acceso gratuito y de calidad a la salud, la construcción de más de 4000 kilómetros de carretera de todo tiempo17, siendo el país con las mejores carreteras de Centroamérica; la cobertura eléctrica nacional ha pasado del 55 por ciento al 96% durante los once años del gobierno revolucionario (ver tabla 2). Además de logros significativos en la producción de alimentos, dentro de un esfuerzo por la soberanía alimentaria y el impulso de programas sanitarios, como el manejo de las aguas servidas (construcción de pilas de tratamiento de los residuos domiciliares), y diseño y construcción de sistemas de agua potable en la mayoría de los municipios.

Tabla No. 2 Presupuesto designado a la construcción de carreteras (2007 – 2017)

 

2007

2017

Presupuesto asignado

1,511 millones

5,464.38 millones

Km construidos

2,800

Más de 4,000

Fuente: Informe Ministerio de Hacienda 2017

Fig. 4 Asignación presupuestaria a las universidades y centros de educación técnica superior

(2007-2017)

El modelo cristiano, socialista y solidario no es una mera consigna, encierra en su concepción, las metas y estrategias de la revolución, obedeciendo al compromiso histórico militante de continuar profundizando el proceso de la revolución iniciado en 1979, sustentado en el programa histórico de 1969 contenido en los diferentes PNDH:

El 10 de enero de 2007, no solo se cambió de gobierno, se inició también un cambio de valores, actitudes, prioridades, estilo de gobernar, relaciones de poder y políticas. El punto inicial y final de estas políticas es el desarrollo del ser humano y las familias nicaragüenses, en sus condiciones histórica, culturales, sociales, y de políticas nacionales y regionales del siglo XXI PNDH (2012-2017, p.7).

 

Los logros alcanzados por el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional (GRUN) por medio del PNDH, demuestran una estrategia organizativa exitosa contra la pobreza y la restitución de derechos, al establecerse el diálogo y la concertación (reconociendo y respetando las diferencias) como el principal mecanismos para dirimir las controversias y trabajar por el bien común. Prueba de este sistema exitoso, son los índices de participación en los programas del gobierno y en emprendimientos individuales. Las políticas públicas del GRUN, promueven de manera sostenida y con buenos resultados, emprendimientos pequeños, medianos, individuales o colectivos, priorizando iniciativas impulsadas por mujeres (restitución histórica de derechos). Los más de treinta y seis proyectos sociales en marcha, están dirigidos a la mejora del nivel de vida de los habitantes de la ciudad y del campo, siendo la prioridad de estas iniciativas estatales, las mujeres, los jóvenes y niños.

Las políticas sociales de protección y de inclusión social se expresan en la estructuración de un marco legal que sustenta la incorporación de la mujer a la sociedad en términos de igualdad, al establecerse porcentajes de representación y participación en cargos públicos y de elección popular y estimular iniciativas particulares o privadas bajo esta lógica. De igual manera, la atención a los adultos mayores, a los discapacitados están dentro de la lógica de restitución de derechos. La ley del INSS y sus reformas, pretexto para el fallido golpe de estado de abril pasado, interpretada de manera manipulada, buscaba proteger y beneficiar con una mayor cobertura en salud, a los adultos mayores, a los lisiados y víctimas de guerra, aumentando las cuotas de transferencia (aporte patronal) hasta el 3 por ciento de manera gradual, hasta el 2021 a los empresarios, buscando con ello la equidad y justicia redistributiva (ver fig. 6 y tabla 5).

Fig. No. 5 Presupuesto asignado a la salud (2007-2017)

Fig. 6 Datos de afiliación al INSS (2006-2017)

 6

Fuente: Anuario del INSS 2017.

Una de las reivindicaciones del programa histórico hecha realidad en el año 2018, es la finalización de la carretera con cemento hidráulico (de todo tiempo) a la ciudad de Bluefields (Región autónoma del Caribe Sur) uniendo por primera vez en la historia, la costa del pacífico con la del caribe. El único país de Centroamérica que no tenía conexión por tierra con el caribe era Nicaragua. Con esta vía de comunicación, se acaban siglos de aislamiento al romperse la barrera física e imaginaria –culturalmente hablando-- que impedía la integración plena de las comunidades del caribe con el resto del país. Esta nueva condición de integración del caribe, permitirá el incremento de la movilidad y el intercambio con casi medio millón de personas que habitan esta extensa zona, de gran potencial para convertirse en un polo productivo de gran dinamismo, con la expansión del cultivo de café robusta, tubérculos, cacao, pesca, palma africana y turismo.

Por último, es importante destacar que la continuidad del proyecto revolucionario sandinista se percibe en una política internacional independiente, no alineada. Las relaciones internaciones del FSLN, buscan estimular y profundizar las relaciones de amistad y solidaridad con organizaciones, partidos y proyectos revolucionarios o progresistas, con los que históricamente ha mantenido fielmente relaciones, así como nuevos movimientos que converjan en los principios que sustenta la revolución, justicia, equidad e inclusión social. De igual manera, establecer relaciones de respeto y de igualdad con los países del SICA y Sudamérica dentro de una concepción de unidad latinoamericana y caribeña. Sin dejar de abrirse a relaciones francas, pragmáticas y de interés mutuo con los de países de Europa (Unión Europea) y Estados Unidos.

Conclusiones

Las perspectivas de actualidad del proceso revolucionario sandinista pueden analizarse a partir de dos condiciones. Por un lado, la estrategia diseñada por la dirigencia del FSLN le permitió sortear condiciones adversas, internas y externas, manteniéndose como partido beligerante durante el período de los gobiernos neoliberales (1990-2006) facilitando su retorno al poder en el año 2007. Por otro lado, el diseño de una política de gobierno y Estado, en la segunda etapa de la revolución, dándole continuidad al programa histórico del FSLN en sus cuatro postulados básicos: lucha contra la pobreza y la exclusión social, política internacional independiente (soberanía), promoción de la paz y desarrollo del caribe.

Una de los propósitos de este trabajo es encontrar la relación genealógica que sustente el criterio de continuidad del proceso revolucionario sandinista de la etapa primera de la revolución (década del ochenta) y la segunda etapa (2007--). Esta perspectiva de análisis busca establecer un diálogo constructivo con los enfoques, unos más otros menos, que niegan la continuidad del proceso, sustentándose en experiencias teóricas desfasadas, o visiones anquilosadas que no atienden los contextos actuales y los cambios vertiginosos que se han dado en las últimas tres décadas.

La premisa que articula la continuidad del proceso, explicitado en los documentos del partido y el PNDH, es el programa histórico del FSLN de 1969 que establece prioridades para logar el bien común. La idea de inclusión y negociación, implícito en el carácter de la revolución sandinista de la década de los ochenta, sustentada en la economía mixta, no alineamiento y el pluralismo político, es retomado en el nuevo contexto de la segunda etapa de la revolución a partir de 2007, fecha en que el FSLN llega al poder, aceptando en general, las reglas del juego capitalista basada en el libre mercado y como pilar principal la propiedad privada. Los ajustes a esta perspectiva histórica (programa histórico del FSLN) de adaptarlos a los nuevos tiempos (contexto geopolítico y económico del siglo XXI), es un criterio que busca el fortalecimiento de la presencia del Estado en todo el país y la revitalización (y fomento) de formas de propiedad y de participación ciudadana, pensando en una mayor inclusión social y horizontalidad, representadas en cooperativas, pequeñas y medianas iniciativas y emprendimientos.

De igual manera, el tema de la defensa de la soberanía nacional a partir de una política internacional propia, no alineada se ha mantenido, a pesar de las presiones y acechanzas en un contexto de globalización, transnacionalización que buscan incidir en las decisiones y/o control territorial del país. Prueba de la política internacional propia, es la prioridad de reestablecer y/o fortalecer, las relaciones que, en la década de los ochenta, el gobierno revolucionario mantuvo con Rusia, Irán, libia (de Gadafi) Cuba. De igual manera, establecer relaciones y/o alianzas con movimientos revolucionarios y progresistas afines a los postulados doctrinarios como el encabezado por el Comandante Chávez, Revolución Ciudadana (Rafael Correa), el Frente Amplio, entre otros.

El respeto a la libertad de organización y/o manifestación política consignado en la constitución nacida en la primera etapa de la revolución ha sido defendido por el FSLN como un principio irrenunciable. En la primera etapa, pese a la agresión armada, los partidos no fueron suprimidos ni suspendidos. Se mantuvo la representación plural en la Asamblea Nacional y pudieron desarrollar sus actividades, hasta donde la situación de emergencia lo permitía. En las nuevas condiciones de relativa paz que vive el país, el gobierno de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (GRUN) le da continuidad al principio de respeto a la pluralidad política. La misma alianza promovida por el FSLN, aglutina a movimientos, partidos políticos y personalidades cuyos idearios políticos difieren con las del sandinismo, siendo los puntos de convergencia, el bienestar de la población, la lucha contra la exclusión y la defensa de la soberanía del país.

Por otro lado, la complejidad que implica el “reflujo revolucionario”, con el auge del neoliberalismo, la globalización como correlato, la vuelta a relaciones internacionales unipolares y la crisis de los movimientos de izquierda y progresistas a partir de la década del noventa, es un aspecto que para algunos dificulta la explicación de la continuidad de la revolución. Este “hiato político” del período neoliberal, visto desde el punto de visto histórico, representó una especie de escuela para el FSLN, dado que tuvo que sortear campañas y acciones bien articuladas, cuyo propósito era destruir al partido sandinista.

Las acusaciones de algunos “analistas políticos” (MRS) argumentando que la segunda etapa de la revolución no existe porque el FSLN no es el mismo y las políticas de gobierno siguen el mismo patrón neoliberal, es discutible. Para desmontar estas matrices ideológicas, debe de partirse de dos aspectos que estos “analistas revisionistas” minimizan o esconden. Por un lado, la prioridad en el desarrollo (diseño y enfoque de las políticas públicas), combatir la pobreza, restituir derechos, establecido en el PNDH, ¿para quienes? Para los pobres y otros sectores empobrecidos. Estos sectores tienen un lugar preferencial en las iniciativas de emprendimiento, pequeñas y medianas, cooperativas, artesanales, industriales o agrícolas, sin dejar de atender a la gran producción tradicional (como se hizo de manera organizada y pactada hasta inicios de 2018).

El segundo aspecto, el manido argumento por establecer diferencias entre el FSLN de los ochenta y del noventa hasta hoy día, corresponde más a una estratagema política que a un argumento sociológico o histórico. Las estrategias utilizadas para sortear las agresiones y ataques –como se ha dicho— y llegar al poder, pueden ser discutibles, pero lo que no puede obviarse es la coherencia de la dirigencia sandinista en las metas y objetivos de la revolución: cumplir con el programa histórico del FSLN de 1969. El PNDH apunta hacia esta dirección, más allá de las discusiones validas o no, acerca de la calidad de la gobernanza, sabiendo la forma manipulada y partidarizada utilizada por las ONGs de esta categoría.

Por otro lado, el intento de golpe fallido de abril del año pasado, causó daños severos a la economía del país que crecía de manera sostenida desde el 2011 a un ritmo promedio de 4.5 por ciento, y las secuelas psicológicas, por la naturaleza violenta y terrorista de los actos que se escenificaron, dejando luto y dolor en centenares de familiares que perdieron a sus seres queridos. A su vez, las fuerzas sandinistas organizadas, se han fortalecido en sus principios y mística, demostrada en las movilizaciones y acciones políticas, sociales y culturales desarrolladas desde julio de 2018, con entrega y entusiasmo, no vista en años anteriores.

De igual manera, las acciones violentas del pasado año (abril 2018) y la puesta en marcha de planes donde se utilizaron las redes sociales y otras plataformas mediáticas, dentro de la guerra de quinta generación, prevista por ideólogos de los polos de poder imperial internacional, demostraron los vacíos y debilidades, en términos de estrategias, para enfrentar los peligros que trae consigo esta nueva modalidad de lucha contra los movimientos revolucionarios. También, ha permitido la reorganización de las estructuras del partido sandinista para la defensa de la revolución –haciendo una alegoría de la primera etapa de la revolución—, ya no en la escena militar sino en el ámbito mediático (redes sociales), por lo tanto, se ha visto un esfuerzo grande en la formación y/o entrenamiento de la militancia para enfrentar esta agresión.

La recuperación de la mística revolucionaria que acompañara las jornadas de lucha durante la década de los setenta y ochenta, por medio de procesos de intercambio y retroalimentación intergeneracional entre la familia sandinista, es un factor de cambio y actualización importante que se está realizando, con mayor celeridad en este último año. Los esfuerzos de la dirigencia del partido apuntan al aseguramiento de la continuidad de la revolución. La conmemoración de las efemérides, los círculos de estudio (Escuela de cuadros) y la conmemoración de acciones y hechos que marcan la historia del FSLN, así como el cuido y mantenimiento de los monumentos y sitios donde descansan los restos de los caídos en acciones heroicas, forman parte del ritual recuperado y relanzando desde julio del pasado año 2018.

La anterior descripción de las actividades realizadas por las bases y el liderazgo territorial sandinista, grafica la respuesta a las acciones golpistas, cuyo objetivo principal era la destrucción del FSLN como organización política histórica del pueblo nicaragüense18. Prueba de estas acciones en contra del Partido sandinista, es la destrucción de muchos monumentos dedicados a los caídos durante la historia de lucha del movimiento sandinista. Monumentos o sitios de memoria diseminados en plazas, parques, calles de todo el país, sufrieron el odio irracional y la violencia sin límite, promovido por sectores extremistas, reaccionarios, quienes desde la sombra y amparados en su “condición de inmunidad”, dirigieron este monumental despropósito.

El fallido golpe de estado de abril de 2018 demostró la madurez acumulada por décadas por el FSLN y su dirigencia, al asumir con mucha responsabilidad, flexibilidad y firmeza, la agresión contrarrevolucionaria, sabiendo que era algo diferente a las luchas tradicionales a las que se había enfrentado. También la dirigencia del partido, se ha dado cuenta de debilidades o falencias a superar, a pesar de los grandes logros alcanzados en esta segunda etapa de la revolución, sobre la que este trabajo hace énfasis, evidenciando ante los escépticos o detractores vergonzantes de sectores de izquierda anquilosados, la capacidad de crítica y autocrítica del proceso revolucionario que desde el 2007 le viene dando continuidad a la revolución iniciada en 1979 en su primera etapa.

Debilidades o falencias aludidas con anterioridad, tienen que ver con dos aspectos que, en las nuevas condiciones surgidas a partir del golpe fallido, están atendiéndose con la seriedad del caso. Por un lado, las políticas de apertura, diálogo y convergencia de la Alianza Unida Nicaragua Triunfa (GRUN) sigue siendo una estrategia acertada, pero con los aliados estratégicos de la revolución, los micro, pequeños y medianos productores o comerciantes (Mipyme), trabajadores, campesinos, afro descendientes, indígenas. Los sectores empresariales de la burguesía nunca han sido interlocutores sinceros y confiables en términos de integración a los proyectos y planes del gobierno revolucionario, siendo una prueba, su involucramiento en el fallido golpe de estado.

Otro aspecto considerado como debilidad, era el tema de ignorar los frentes de lucha o debate académico y cultural, donde los sectores derechistas y otros vergonzantes ex militantes, desde la década del noventa, utilizando los recursos de sus negocios y ONGs, coparon de manera permanente y sistemática, las redes académicas, publicaciones y editoriales. Por medio de estos espacios nacionales e internacionales, estructuraron y difundieron un discurso descalificador, tergiversado y destructivo en contra del FSLN, sus dirigentes y el legado mismo histórico de lucha emprendida desde la década del sesenta del siglo pasado.

La crisis política creada por los sectores golpistas con el fin de destruir al FSLN (abril de 2018), planteó la necesidad de atender la lucha ideológica en los diversos frentes planteados, tanto en las redes sociales como en los espacios o redes académicas nacionales e internacionales. Una experiencia en este sentido, es la aparición –aunque todavía incipiente-- de estudios relacionados con la situación que vive el proceso revolucionario sandinista (escritos compartidos en blogs, WhatsApp); las políticas públicas, la crisis de los partidos de derecha y el giro fascista de sectores conservadores que creen estar en “nuevas cruzadas” por la conquista, no ya de lugares físicos santos, sino de los corazones y mentes de los ciudadanos nicaragüense.

Sin duda, falta profundizar acerca del papel de los actores sociales de la revolución en su segunda etapa, muchos de ellos continuadores del espíritu emancipador del FSLN. De igual manera, se necesita estudiar las nuevas estrategias de lucha mediática que jóvenes organizados han implementado en defensa de las conquistas de la revolución en pro de su continuidad transformadora. Estos nuevos y creativos comunicadores, han jugado (y siguen haciéndolo) un papel muy importante en los frentes de lucha, durante esta guerra de quinta generación que los sectores reaccionarios han emprendido en contra de la revolución en su segunda etapa.

 

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1 La utilización del vocablo “régimen”, ha sido manipulado y resemantizado por los sectores reaccionarios de la derecha internacional y los lacayos del imperialismo norteamericano, al aplicarlo a los gobiernos progresistas, queriendo satanizarlos con ese término. Según el cientista político argentino Guillermo O`Donnell, el término se aplica a todos los gobiernos sin ningún reparo porque, “es una mediación entre el estado y la sociedad: consiste en un conjunto de instituciones, reglas y prácticas que regula el acceso desde la sociedad a las más altas posiciones en el estado”. Ver La democracia en América Latina, PNUD, 152-152, 2004).

2 El programa histórico del FSLN de 1969 estará implícito en el Programa de Gobierno asumido por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), dado a conocer el 9 de julio de 1979. En una actitud realista de la situación política del momento, la conducción del FSLN da a conocer el “Programa mínimo” que contiene los aspectos más importantes que desde la JGRN se implementarán. Dejando claro que todo será por etapas.

3 Así se le conocía a los partidos tradicionales, liberales y conservadores, representante de los sectores oligárquicos y de los grandes empresarios y comerciantes que se repartieron el poder desde el siglo XIX en elecciones fraudulentas y excluyentes.

4 La narrativa oficial que explica la historia del FSLN, construida durante la primera etapa de la revolución, estableció como fecha de integración al FSLN de Jaime Wheelock Román en 1969. Humberto Ortega en su libro La epopeya de la insurrección, invalida esta fecha de integración de Wheelock y la ubica en 1973 en la Habana, al llegar a este país procedente de Chile, huyendo del golpe de estado de Pinochet. Por su parte Wheelock (Invernizzi, Pisani y Ceberio, 1986; 40) afirma que es militante de los 60. La controversia acerca de las fechas de integración, siempre han estado presente en la discusión dentro la militancia del FSLN, dado que la ubicación temporal, le daba más o menos méritos de lucha al combatiente. En la actualidad, esta visión tiene otra connotación y este estudio la retoma.

5 Es importante aclarar sobre este aspecto. La lucha armada, donde estaba en juego la vida de sus miembros, y la concepción de lucha de clase, como principio primordial de la lucha, genera recelo en cuanto a abrirse, en extremo, a otros sectores sociales más pudientes. Como se ha dicho, esta situación cambia –en alguna medida-- a partir de la profundización de la crisis del somocismo y la aplicación de nuevas estrategias de alianzas. Aunque debe recordarse que entre los años de 72-74 se reclutan a miembros provenientes de las comunidades eclesiales de base, y otras expresiones cristianas progresistas. Entre 1973 y 1974, caídos Turcios y Morales Avilés, las contradicciones internas se profundizan y dará pie a las tendencias. Ver, Suárez Espinoza, 2019, p. 83-111“Y se rompió el silencia”. ENN. 1981; Morales Avilés, R. 1983, p.23.

6 Llama la atención un aspecto “sutil” que se infiere al hacer la lectura de las memorias de doña Violeta publicadas en 1996. Ella hace un recuento de lo ocurrido unos años antes del triunfo de la revolución en 1979 y cuando asume la presidencia en abril de 1990 (a partir del quinto capítulo). En esos capítulos habla de su familia, la lucha de Pedro Joaquín Chamorro y UDEL como los grandes actores de la lucha. Al hacer referencia al FSLN y de algunas figuras históricas sandinistas provenientes de los sectores de clase media y alta, lo hace con un tono (con deferencia y comprensión sobre su actuar) distinto al que hace cuando se refiere a sandinistas históricos de clases populares (Tomás, Daniel, entre, otros). De manera particular cuando hace un balance del gobierno sandinista de los 80. (Chamorro, V., 1997)

7 De manera aislada se dieron casos de agresiones entre las tendencias, no siendo graves la mayoría de ellas. Los desencuentros mayores se dieron por medio de los escritos en las revistas. Digno es recordar el escrito del Comandante José Benito Escobar de la tendencia GPP lanzando duras críticas a los dirigentes de la tendencia Tercerista o Insurreccional en mayo de 1978 por su acercamiento a los sectores burgueses y haber abierto las puertas del FSLN a personas provenientes de esos sectores sociales. Ver las ediciones de los boletines Gaceta Sandinista (Órgano de la “Comisión de información de la representación en Cuba del FSLN) de la tendencia GPP y Lucha Sandinista (“Órgano de la Comisión Exterior del FSLN), de la Tercerista o Insurreccional.

8 En el diario político de Pedro Joaquín Chamorro (PJCH) escrito entre el 13 febrero de 1975 y 20 de diciembre de 1977, señala en una de sus notas lo siguiente: “martes 25 de noviembre de 1975: Trascienden noticias de una escisión seria en el FSLN, con tres expulsados. Estos últimos dicen que renuncian a la militancia”. PJCH continúan diciendo que a los expulsados se les acusa de “desviaciones burguesas” y que estos replicaron acusando a la Dirección Nacional, de no definir con claridad lo que es “la guerra popular”. Ver PJCH, p.128.129.

9 El Frente Amplio Opositor (FAO) fue una alianza política de partidos de la burguesía nicaragüense, compuesta por el movimiento Unión Democrática de Liberación (UDEL) fundado por Pedro Joaquín Chamorro; Movimiento Democrático Nicaragüense, (MDN) de Alfonso Robelo y Partido Liberal Independiente (PLI), fundada en mayo de 1978, como consecuencia de la ruptura de la élite nicaragüense con el dictador Somoza, a raíz del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro el 10 de enero de ese año. El grupo de “Los doce” se une al FAO en julio y se separa en octubre de este año, cuando esta alianza inicia conversaciones con el Partido Liberal Nacionalista (PLN), partido de Somoza. Ver Esteban Duque Estrada Sacasa, ¡Nicaragua Insurrección! 1977-1979, p. 73-75; 219.

10 Debe de recordarse que la insurrección de septiembre de 1978 acentúa la crisis del régimen de Somoza, deteriorada por el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro a mano de seguidores y socios del dictador. Los sectores oligárquicos se mueven a nivel internacional para buscar apoyo en Estados Unidos y otros gobiernos e instituciones multilaterales, entre ellas la OEA, con el fin de ser ellos los principales interlocutores, en una posible negociación de salida del dictador por medios pacíficos. En este escenario, el FSLN actúa con mucha habilidad y flexibilidad con el fin de ser un actor beligerante ante cualquier solución a la crisis política del país.

11 Se dieron casos de traición producto de la compra de conciencia de cuadros intermedios y algunos altos funcionarios, por parte de agentes de la CIA. El caso del ayudante de Humberto Ortega, Roger Miranda Bengoechea fue uno de los más sonados de traición de finales de la década del ochenta. Otro caso similar fue el de Francisco Fiallos quien se refugió en Estados Unidos. En 1985 se dio el caso de la renuncia al FSLN de Moisés Hassan Morales quien durante la insurrección final se incorporó al Movimiento Pueblo Unido (MPU), en su calidad de intelectual, siendo escogido por la dirigencia sandinista para integrar la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Edén Pastora es otro hecho de deserción de un militante que, durante la lucha armada de los últimos años, tuvo una participación destacada.

12 Una de las justificaciones dadas a conocer para ubicar en cargos a militantes (muchos de ellos simpatizando con los golpistas de abril de 2018) provenientes de sectores de la burguesía, era su formación académica frente a los militantes de los sectores populares que a los 21 o 22 años no habían terminado carrera universitaria, eran analfabetos o no sabían inglés. Entre los casos más emblemáticos de promociones sin fundamento, está el de Enrique Gutiérrez, quien llega en 1984 al regional de la Juventud Sandinista a ocupar un cargo en el área administrativa. Apenas cinco meses de estar desempeñando el cargo, Wheelock se lo lleva como asistente al Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria. Desde los años noventa es un alto directivo del BANPRO. Nubia Navarro, una dirigente mediocre que pasó por todos los cargos en el regional de la Juventud Sandinista de Managua, en el año de 1987 se “aburrió” de no hacer nada y se fue a vivir a Estados Unidos. Desde la década de los noventa es una alta funcionaria de bancos privados como el desaparecido Banco UNO.

13 Es importante mencionar que para el año de 1989 circuló una noticia internacional donde se afirmaba que Carlos Mejía Godoy se había exilado en España. Esta noticia fue desmentida por el mismo cantautor quien dijo que estaba en ese país ibérico por razones de trabajo artístico.

14 El Plan Nacional de Desarrollo Humano (PNDH) está concebido como un “plan vivo, en continua construcción, abierto a los aportes de la sociedad nicaragüense, que se actualiza de manera periódica para ajustarse a los procesos cambiantes internos y externos”. Está construido sobre la base de doce lineamientos que de manera continua han servido de guía para la transformación del país desde el año 2007. Ver https://observatorioplanificacion.cepal.org/es/planes/plan-nacional-de-desarrollo-humano-2012-2016.

15 En mi calidad de víctima de esta actitud sicopática de estos anti sandinistas puedo relatar un suceso que me ocurrió en noviembre de 2017 en Cuba. Ese mes asistí junto con la doctora Beberly Castillo de la FAREM-Estelí a un Congreso de editores de revista académica realizada en Matanza, provincia de Cuba. El primer día de estadía, una colega colombiana (omito su nombre), nos saludó con mucha amabilidad. Al saber que éramos de Nicaragua nos manifestó con alegría que tenía una amiga nicaragüense y que le iba a poner un whatsaap, contándole el encuentro con nosotros. Esperamos la respuesta. La nicaragüense le responde de manera inmediata de la siguiente manera: “Cuídate de esos sapos orteguitas, no son buena cosa”. La manera violenta de la respuesta, nos llamó la atención y le preguntamos quien era esa nica que había conocido, respondió no sin cierto rubor en su rostro: Elvira Cuadra. Esta mujer es una hija de las ONG que venían tramando el golpe de estado muchos años atrás, trabajando en el IEEP (Instituto de Estudios Estratégicos y de Políticas Públicas) propiedad del golpista pro norteamericano Félix Maradiaga, principal cabecilla de la violencia de destrucción y muerte desatada entre abril y junio de 2018. Lo interesante es el grado de odio que muestra este personaje incubado por años de paranoia política.

16 El Cardenal Obado es un personaje complejo en la historia de Nicaragua. Siendo Arzobispo de Managua, desempeñó un papel relevante como mediador en los conflictos armados de la década del 70 y 80 del siglo pasado. El FSLN le solicitó su mediación durante las acciones armadas de la toma a la casa de José “Chema” Castillo Quant (1974), la toma al Palacio Nacional (1978), la rendición de la Guardia Nacional (julio de 1979) y las negociaciones de paz con la contra en Sapoa (1988-89). Mantuvo una posición firme frente a los abusos de poder del régimen de Anastasio Somoza Debayle. En la década de los 80, durante la primera etapa de la revolución, tomó posición a favor de los sectores de la derecha nicaragüense, aunque no avaló ni condenó, al menos de manera pública, la agresión armada que sufría el pueblo nicaragüense por parte de Estados Unidos. Se le debe reconocer que su personalidad y carisma, lo ubican como uno de los más importantes líderes en la historia de la iglesia católica en Nicaragua.

17 En el mes de junio se inauguró el último tramo de la carretera hacia la ciudad puerto Bluefields (Región autónoma del caribe sur), uniendo por vez primera el pacífico con la costa caribe. La significación real y simbólica de este logro social es de grandes proporciones históricas. Los gobiernos de las oligarquías burguesas que detentaron el poder político y económico desde la independencia del país no se preocuparon por la integración social, cultural y económica de esta rica y explotada región del país. En la actualidad se trabaja en la construcción de la carrera que unirá el pacífico con Puerto Cabeza en la región autónoma del caribe norte.

18 La realidad política y cultural nicaragüense de las últimas décadas han demostrado que el sandinismo es un hecho social, cultural y político arraigado en la sociedad. Se puede discutir el porcentaje de la población que desde el punto de vista partidario no comulga con el FSLN o milita en partidos con otras doctrinas o intereses políticos, siendo evidente que el sandinismo, trasciende la vida política y partidaria. En este sentido, el partido FSLN ha demostrado ser la organización depositaria del legado histórico. Sus esfuerzos de lucha se han centrado en hacer realidad el pensamiento político social, tanto del General de hombres Libres, como de la generación de sandinistas, como Carlos Fonseca (entre otros) que le dieron continuidad a su pensamiento y defendieron su legado ante sus detractores que quisieron borrarlo de la conciencia colectiva del pueblo.