El neoliberalismo y la globalización de la guerra

Resumen de la presentación del Profesor Michel Chossudovsky en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua

17 de mayo de 2016

El proyecto hegemónico de Estados Unidos

El mundo se encuentra en una peligrosa encrucijada. Estados Unidos y sus aliados se han enfrascado en una aventura militar que amenaza el futuro de la humanidad. Se están realizando de manera simultánea operaciones militares y de inteligencia a gran escala en el Medio Oriente, Europa del Este, Africa sub-Sahariana, Asia Central y el Lejano Oriente. La agenda militar de EEUU-OTAN combina tanto grandes teatros de operaciones, como también acciones encubiertas dirigidas a desestabilizar Estados soberanos.

El proyecto hegemónico de Estados Unidos es desestabilizar y destruir a países por medio de actos de guerra, operaciones encubiertas de apoyo a organizaciones terroristas, cambios de régimen y guerra económica. Esta última abarca la imposición de reformas macroeconómicas mortíferas en países endeudados, así como la manipulación de mercados financieros, el colapso manipulado de monedas nacionales, la privatización de las propiedades del Estado, la imposición de sanciones económicas, el desencadenamiento de inflaciones y la creación de mercados negros.

Las dimensiones de esta agenda militar deben ser claramente entendidas. La guerra y la globalización están íntimamente relacionadas. Estas operaciones militares y de inteligencia son ejecutadas a la par de procesos de desestabilización económica y política que tienen como objetivo países específicos en todas las principales regiones del mundo.

El neoliberalismo forma parte integral de esta agenda de política externa. Constituye un mecanismo integral de desestabilización económica. Desde 1997, cuando estalló la crisis financiera en Asia, se ha ampliado el programa de ajuste estructural del FMI-Banco Mundial y hoy tiene un marco más extenso, amplio que en el fondo consiste en socavar la capacidad de los gobiernos nacionales de formular e implementar sus propias políticas económicas y sociales.

Asimismo, el ocaso de la soberanía nacional fue facilitado por el establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, que ha evolucionado hacia acuerdos comerciales globales como, por ejemplo, el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones y el Acuerdo de Asociación Transpacífico, los cuáles, de adoptarse, en esencia servirían para transferir la política estatal exclusivamente a las manos de las corporaciones. En años recientes, el neoliberalismo ha extendido su control de los así-llamados países en vías de desarrollo hacia los países desarrollados en Europa, tanto occidental como oriental. Han planificado y están ejecutando programas para países en bancarrota. Islandia, Portugal, Grecia, Irlanda y otros han sido blancos de arrolladoras medidas de austeridad, acoplados a la privatización de sectores clave de sus economías nacionales.

La crisis económica global está íntimamente relacionada con la agenda hegemónica de Estados Unidos. En EEUU y la Unión Europea (UE), un presupuesto de “defensa” que va en aumento de forma vertiginosa perjudica de manera alarmante los sectores civiles de la actividad económica. “La guerra es buena para los negocios”: este es el lema de los poderosos grupos financieros que de manera rutinaria manipulan las bolsas de valores, las monedas y los precios de los commodities (mercancías) y promueven también la continuación y el escalamiento de la guerra en el Oriente Medio. Un proceso mundial de empobrecimiento forma parte integral de la agenda del Nuevo Orden Mundial.

Más allá de la globalización de la pobreza

Históricamente, el empobrecimiento de amplios sectores de la población mundial ha sido maquinado por medio de la imposición de reformas macroeconómicas al estilo FMI. No obstante, en el transcurso de los últimos 15 años, han puesto en marcha una nueva y destructiva etapa. El mundo ha ido más allá de la “globalización de la pobreza”: ahora los países se están transformando en territorios abiertos, las instituciones estatales colapsan, se cierran escuelas y hospitales, el sistema jurídico se desintegra, las fronteras se redefinen, y amplios sectores de la actividad económica, incluyendo la agricultura y la manufactura, han sido precipitados hacia la bancarrota. Y todo esto al fin y al cabo se deriva en un proceso de colapso económico, exclusión y destrucción de vida humana, incluyendo el brote de hambrunas y el desplazamiento de poblaciones enteras (crisis de refugiados).

Esta “segunda etapa” va más allá del proceso de empobrecimiento instigado a inicios de la década de los ochenta por acreedores y las instituciones financieras internacionales. En este sentido, la pobreza masiva resultante de las reformas macroeconómicas marca la pauta para un proceso de la abierta destrucción de la vida humana.

Por otra parte, bajo condiciones de desempleo masivo, los costos de mano de obra en los países en vías de desarrollo han colapsado. La fuerza motriz de la economía global es el consumo suntuario y la industria de armas.

El Nuevo Orden Mundial

En términos generales, los principales actores corporativos del Nuevo Orden Mundial son:

  •     Wall Street y los conglomerados occidentales, incluyendo sus instalaciones de lavado de dinero en el exterior, paraísos fiscales, fondos de cobertura o alto riesgo y cuentas secretas;
  •     El complejo militar-industrial, que reagrupa a importantes “contratistas de defensa”, empresas de seguridad mercenarias y cuerpos de inteligencia bajo contrato con el Pentágono;
  •     Los gigantes de petróleo y energía anglo-americanos;
  •     Los conglomerados de biotecnología, que controlan cada vez más a la agricultura y la cadena de alimentos;
  •     Las grandes transnacionales farmacológicas; y
  •     Los conglomerados mediáticos y gigantes corporativos de la comunicación, que constituyen el brazo propagandístico del Nuevo Orden Mundial.

Por supuesto que hay un traslapo entre las grandes transnacionales farmacológicas y la industria de armas, los conglomerados del petróleo, Wall Street, etc.

Estos diferentes entes corporativos interactúan con los órganos gubernamentales, las instituciones financieras internacionales y los servicios de inteligencia de Estados Unidos. La estructura estatal ha evolucionado hacia lo que Peter Dale Scott llama el “Estado profundo”, integrado por órganos de inteligencia encubiertos, grupos de expertos, consejos secretos y órganos consultivos, en los que se toman importantes decisiones para fortalecer y ampliar el Nuevo Orden Mundial para beneficio de poderosos intereses corporativos.

Mientras tanto, agentes de inteligencia permean cada vez más a las Naciones Unidas, incluyendo a sus agencias especializadas, así como organizaciones no gubernamentales, sindicatos y partidos políticos.

Lo que esto significa es que los poderes ejecutivos y legislativos constituyen una cortina de humo, un mecanismo para brindar legitimidad política a las decisiones tomadas por el establishment corporativo tras puertas cerradas.

Propaganda mediática

Los medios corporativos, que constituyen el brazo propagandístico del Nuevo Orden Mundial tienen un largo historial, según el cual los agentes de inteligencia vigilan las cadenas noticiosas. Los medios corporativos sirven el útil propósito de ofuscar crímenes de guerra y presentar una narrativa humanitaria que defiende la legitimidad de políticos en altos cargos.

Se legitiman los actos de guerra y la desestabilización económica. La guerra se presenta como un emprendimiento de mantenimiento de la paz.

Tanto la economía global como el tejido político del capitalismo occidental se han criminalizado. El aparato judicial a nivel nacional, así como los diferentes tribunales internacionales de derechos humanos y cortes criminales sirven el útil propósito de legitimar las guerras instigadas por EEUU y la OTAN, así como las subsiguientes violaciones de los derechos humanos.

La desestabilización de los polos de desarrollo capitalista en competencia

Hay, por supuesto, importantes divisiones y rivalidades capitalistas en el seno del establishment corporativo. En la era de post-Guerra Fría el proyecto hegemónico de EEUU consiste en desestabilizar los diferentes polos de desarrollo capitalista, como son China, Rusia e Irán, pero también India, Brasil y Argentina.

En los eventos más recientes, EEUU ha ejercido presión sobre las estructuras capitalistas de los países miembros de la Unión Europea. Washington ejerce influencia en la elección de los jefes de Estado en Alemania y Francia, ambos cada vez más estrechamente aliados con EEUU.

Las dimensiones monetarias son cruciales. Prevalece el sistema financiero internacional establecido en Bretton Woods. El aparato financiero global se encuentra dolarizado. El poder de crear dinero se utiliza como mecanismo para apropiarse de verdaderos activos económicos. El comercio financiero especulativo se ha vuelto un instrumento de enriquecimiento, a expensas de la economía real. Los excedentes de las ganancias especulativas también son reciclados a favor del control corporativo de los políticos y las organizaciones de la sociedad civil, para no mencionar científicos e intelectuales.

América Latina: la transición hacia “dictaduras democráticas”

En América Latina las dictaduras militares de los años sesenta y setenta fueron en gran medida reemplazados por regímenes sustitutivos afines a EEUU. En otras palabras, se han instalado dictaduras democráticas que garantizan la continuidad. Al mismo tiempo, han remodelado las élites gobernantes al integrarlas cada vez más a la lógica del capitalismo global, a cambio de su aceptación del proyecto hegemónico de Estados Unidos. La reforma macroeconómica ha sido conducente al empobrecimiento de toda la región Latinoamericana.

Durante el transcurso de los últimos 40 años, el empobrecimiento ha sido desencadenado por la hiperinflación, empezando con el golpe militar en Chile (1973) y las devastadoras reformas de las décadas de los ochenta y noventa.

La ejecución de estas mortíferas reformas económicas pasó por una arrolladora privatización, la desregulación del comercio, etc., todo esto en coordinación con los operadores de inteligencia de EEUU, sin obviar la “guerra sucia” ni la Operación Cóndor, el fomento del ejército contrarrevolucionario en Nicaragua y así por el estilo.

Estamos viendo cómo surge una nueva y privilegiada élite, integrada a las estructuras de la inversión y consumismo occidental. En varios países en América Latina van encaminados operaciones de cambios de régimen.

Cualquier intento de introducir reformas que se aparta del consenso neoliberal se vuelve blanco de jugadas sucias y chanchullos por medio de infiltraciones, campañas de difamación, asesinatos políticos, interferencia en las elecciones nacionales y operaciones encubiertas para fomentar la división social. Este proceso inevitablemente requiere de corrupción e incorporación forzosa a los más altos niveles de los gobiernos, así como entre el establishment corporativo y financiero. En algunos países de la región depende de la criminalización del Estado, la legitimidad del lavado de dinero y la protección del narcotráfico.