El apretón de manos del 23 S /2015, entre JM Santos y Timoshenko sostenido enérgicamente por el presidente del Concejo de Estado cubano Raül Castro, afortunadamente ha soltado la imaginación ilimitada de los colombianos y bueno, también de algunos otros “estrategas” del Marxismo nuestroamericano. Es un hecho muy positivo que la imaginación se tome el espacio de un “post acuerdo de la Habana” para Colombia y además, que ese acuerdo se dé ya por firmado.
Un análisis bastante realista y objetivo de los 4 puntos, hasta ahora pactados entre el Gobierno de JM Santos y las Farc, realizado por el economista y profesor universitario Jairo Estrada, le permite plantear la sugestiva hipótesis de que:
“……..) La alta probabilidad de transitar hacia escenarios de paz en Colombia incidirá favorablemente sobre el actual campo de fuerzas, imprimiéndole un nuevo impulso al proceso de cambio político, socioeconómico y cultural democrático en Nuestra América, en momentos en que éste muestra signos de agotamiento en unos casos y de declive en otros, como resultado de los límites que en forma desigual y diferenciada registran los proyectos políticos de contenido popular, reivindicatorios de la soberanía y la autodeterminación, emprendidos hace un poco más de tres lustros en diferentes países de la Región y también de aquellos definidos como progresistas. Todo ello, desde luego, sin dejar de considerar que lo que suceda en Colombia podría tener los alcances de una “revolución pasiva”, si no se logra desatar - con un importante respaldo social y popular - la potencia transformadora que tiene un (eventual) Acuerdo de paz En ese sentido, la tendencia del proceso político colombiano no difiere sustancialmente de lo que es válido para el conjunto de los países de Nuestra América y para la Región en general: se encuentra en disputa(………) https://anncol.eu/index.php/colombia/politica-economia/item/2139-algunas-consideraciones-sobre-el-momento-actual-los-alcances-y-la-potencia-transformadora-del-proceso-de-paz-en-colombia
Hipótesis que involucra dos conceptos complejos profundamente imbricados: Uno, el de revolución pasiva y otro, el de potencia trasformadora, ambos apoyados en un condicional básico e hipotético de “si se logra un importante respaldo social y popular”.
Considero que el profesor Estrada es consciente de que tomado el acuerdo de la Habana en su “totalidad” de 6 puntos pactados como agenda (no como lo están analizando algunos solamente por el último punto en cuestión de la Justicia Transicional) se abrirá una etapa “reformista” de adecuación, reacomodo y modernización de la dominación en la formación social capitalista dependiente de Colombia, en donde muy probablemente y pese a las limitaciones persistentes los sectores democrático-populares tendrían una mayor posibilidad de participar activamente .
Sin embargo no hay que olvidar, como el mismo Estrada lo dice en breve, que:
(…..)“La clase dirigente y dominante considera que la guerra ya cumplió su función de expropiación violenta para apuntalar el régimen extractivista de acumulación y lo que continúa es su institucionalización, la cual se presenta además como democrática y modernizante del capitalismo” (….)
Pues precisamente esta consideración es lo que hoy mantiene dividida y enfrentada a las diferentes fracciones del capitalismo trasnacional existentes dentro de lo que genéricamente se ha dado en denominar como “la clase dominante y dirigente colombiana apuntalada por los EEUU”:
-El sector Santista (que aglutina financistas y terratenientes no exaltados) considera que la guerra ya cumplió el objetivo mencionado y prefiere continuar avanzando sin guerra. Mientras el sector extremista de Uribe Vélez (que así mismo aglutina financistas y terratenientes exaltados) sostiene la necesidad de continuar la guerra de despojo y avance capitalista hasta la destrucción final o exterminio total del campesinado pobre y los trabajadores agrícolas, clases sociales que han soportado y resistido con un verdadero espíritu heroico los más de 70 años de guerra capitalista exterminadora en su contra. Este es el almendrón de todo el asunto en discusión.
¿Cuál de estos dos sectores de la Oligarquía se impondrá en un próximo futuro? De momento parece ser que a pesar de las fluctuaciones, indecisiones y bandazos y tartamudeos típicos del presidente Santos, y gracias también a la flexibilidad de la comandancia de las Farc para no dejarlo patear la mesa de la Habana, el sector Uribista apoyado también por un sector político de los EEUU, está algo frenado aunque sigue intacto en su empecinamiento militarista y leguleyo.
Y es entonces cuando para profundizar en el análisis de la coyuntura, debemos recurrir a la especificidad de la experiencia en la historia de la lucha de clases de Colombia (no de Guatemala, Salvador o Suráfrica, ect que quieren ponernos como modelos a seguir) para poner en relieve tres hechos fundamentales que, posiblemente sean irrepetibles en cualquiera otra historia de la lucha de clases mundial:
1-Más de 70 años de lucha armada de resistencia del campesinado pobre y trabajadores agrícolas al exterminio capitalista, impulsado por la Oligarquía colombiana con el sostén irrestricto en todos los niveles de parte del gobierno de los EEUU; que ha maravillado al mundo no tanto por su duración como por su extensión y profundidad. (Hobsbawm. 1994)
2-La necesidad (histórica y social como clases sociales) del campesinado pobre y los trabajadores del campo como sostenes fundamentales y más numerosos de esta confrontación armada, quienes han tomado conciencia a lo largo de esta espantosa y cruel forma de la lucha de clases, para seguir adelante sosteniendo su Programa Democrático, no el de la democracia genocida de la oligarquía pro Yanqui, sino de esa Democracia Popular que antecede (así sea por minutos) al socialismo puro soñado por el destacado jefe bolchevique creador del ejército rojo .
Y 3- La trasformación durante todo este sanguinario proceso de sus tradicionales enemigos; “la Oligarquía y el Imperialismo”, en un compacto y muy soldado Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) concepto científico sustentado en el riguroso y prolijo libro de 567 páginas de Vilma Liliana Franco “Orden contrainsurgente y dominación.2009” (y cuyos 10 componentes o ruedas dentadas no me cansaré de repetir, pues parece que no se le ha dado importancia analítica como fenómeno excepcional en el Mundo), el cual está conformado sobre el eje de acero de la dominación geo estratégica Imperialista norteamericana; sobre el cual giran las ruedas dentadas del ejército del medio millón de hombres y el 5,5% del PIB. Los 80 grupos de Paramilitares oficiales. Los grupos económicos o cacaos. Las multinacionales. La economía subterránea de lavadores de dólares y narcotraficantes. El oligopolio mediático. La “Justicia impune” del contrato para mis amigos y la ley para mis enemigos. Y los cooptaditos de las clases subalternas.
Definitivamente, "la peor ineptitud de un ser humano es no aprender de la experiencia", sentenciaba en el siglo XVI el filósofo inglés Francis Bacon y, pasar por alto esta sentencia que no ha sido revaluada del todo, puede inducirnos a equivocarnos en las conclusiones y en la prospectiva.
El proceso de paz de la Habana, según lo expresa la última declaración de la delegación de las Farc en la isla; ha entrado en una etapa decisiva para la paz debido al brusco cambio de opinión del presidente Santos y al burdo desconocimiento de la palabra pactada internacionalmente.
¿Se trata de una última maniobra “electorera” de JM Santos, quien equivocadamente supone que echándose para atrás en la Habana, le va a quitar votos a su rival Uribe en las elecciones de octubre?
¿O es acaso una imposición del apacible comisionado de paz Humberto de la Calle, quien personalmente tiene “ciertas preocupaciones” por sus “omisiones” como ministro de gobierno de Cesar Gaviria entre 1990 y 1993, cuando se realizaron las peores masacres Paramilitares reconocidas por fallos judiciales como la de Trujillo Valle del Cauca (marzo y abril de 1990) o las ocurridas en el Urabá?
¿O acaso es que el sector de Uribe ha logrado su objetivo de destruir la mesa de la Habana?
No lo sabemos aún. Lo que sí sabemos con certeza es que según la experiencia democrático popular referida arriba, se debe y se tiene que continuar (con quien sea el gobernante de Colombia) en la mesa de la Habana hasta concluir el acuerdo general de los 6 puntos pactados con el Estado colombiano en la agenda inicial, para que la prolífica imaginación de los colombianos y nuestroamericanos con sus esperanzas e ilusiones vuelvan a ponerse en marcha. Lo demás; la combinación del marxismo de maniobras y el marxismo de posiciones, ya se comprobará en la praxis.


