Presidente Rafael Correa en Encuentro Latinoamericano de Juventudes

Encuentro Latinoamericano Progresista de Juventudes "ELAP Juventudes 2015"

Quito, agosto 13 de 2015

Compañeros y compañeras, queridos jóvenes revolucionarios de América Latina:

¡Bienvenidos! Muchas gracias por visitar nuestro país. Muchos compañeros y compañeras representantes de partidos, movimientos y organizaciones políticas que participaron en el 2014 en este extraordinario evento hoy nos honran de nuevo con su presencia. Ellos son de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, El Salvador, España, Grecia, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Quiero recibirlos con un abrazo fraterno, profundamente revolucionario. Ustedes son las manos, los corazones, las mentes que construyen día a día con mucha esperanza y amor nuestra Patria Grande.

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica, decía el gran Salvador Allende, resumiendo en esta frase que las revoluciones deben estar llenas de juventud, de ideas nuevas, de rebeldía, de la alegría propia de los jóvenes.

Parafraseando al compañero Allende, yo me atrevería a decir que ser latinoamericano y no ser revolucionario es una contradicción histórica. Por eso ustedes, jóvenes y latinoamericanos, son doblemente revolucionarios y tienen un compromiso interno con sus corazones juveniles y con nuestros pueblos.

La historia de América Latina ha estado marcada por esa esencia de juventud rebelde.

Siempre rendiremos un homenaje y admiraremos a los jóvenes que lucharon hasta entregar sus vidas por una América libre, desde México hasta la Patagonia.

En este camino miles de jóvenes fueron asesinados, desaparecidos y torturados en las épocas dictatoriales que vivió nuestro continente, e inclusive durante gobiernos que se hacían llamar democráticos.

Recordemos los secuestros y asesinatos de estudiantes secundarios durante el régimen de Videla, en la Argentina de 1976; el asesinato del joven cantautor Víctor Jara y el caso de los quemados, además de miles de desaparecidos por el pinochetismo; la masacre de más de 300 estudiantes universitarios en México; la tortura, asesinato y también desapariciones en Nicaragua, Honduras, Guatemala, El Salvador y República Dominicana entre las décadas de los 60 y 80; o las torturas y asesinatos planificados durante el gobierno de León Febres Cordero en el Ecuador; la reciente desaparición forzada de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa, en México… Las historias no solamente son dolorosas, sino interminables.

Nos llena de dolor e indignación recordarlas, pero al mismo tiempo nos convencen de que debemos seguir en la lucha hasta alcanzar un futuro en donde la muerte, la violencia y el sufrimiento ya no tengan cabida.

Varios de esos jóvenes que sobrevivieron a la represión de dictaduras hoy son presidentes de sus países y ejemplos para la juventud. Es el caso de Dilma Rousseff en Brasil, Daniel Ortega en Nicaragua; Salvador Sánchez en El Salvador; el expresidente uruguayo José Mujica.

Son hombres y mujeres que pelearon por sus ideales y que hoy construyen un futuro de oportunidades para millones de habitantes de sus pueblos.

El eterno Che Guevara lo dijo: "La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud; en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera”.

Palabras sabias, futuristas, de enorme peso político, pero sobre todo de un gran compromiso para ustedes.

Nosotros coincidimos con el pensamiento del Che: sabemos que ustedes son los herederos de las transformaciones alcanzadas y que, al mismo tiempo, son quienes legarán la Patria nueva a las futuras generaciones, defendiendo y fortaleciendo la continuidad de estos procesos.

PROCESOS DE CAMBIO.

En este segundo encuentro el gran tema que nos convoca es el presente y el futuro de nuestra querida Latinoamérica, herida de muerte en el pasado pero que hoy construye procesos dignos, soberanos, que son la flama que mantiene encendidas a nuestras revoluciones.

Jóvenes de Latinoamérica:

El desarrollo es básicamente un problema político. La pregunta clave es quién manda en una sociedad: ¿las élites o las grandes mayorías?, ¿el capital o los seres humanos?, ¿el mercado o la sociedad?

Las instituciones, políticas y programas de un país, dependen de quién maneja el poder, y América Latina ha estado históricamente dominada por élites que excluyeron del progreso a las grandes mayorías.

La pobreza en América Latina es fruto de la inequidad, y ésta, a su vez, consecuencia de las perversas relaciones de poder, donde pocos dominan todo.

Esto es lo que está en el fondo de los proyectos progresistas de América Latina: el poder en las grandes mayorías, transformar nuestros estados burgueses, representando tan solo a unos cuantos, en estados verdaderamente populares, representando a todos, pero sobre todo, a los más pobres, buscando la justicia y la equidad.

Es claro que en el Ecuador y en América Latina no hemos logrado todavía la prevalencia del poder popular sobre las élites.

Hemos avanzado mucho. América Latina no ha vivido una época de cambios, sino un verdadero cambio de época. Con la llegada de gobiernos progresistas desde que Hugo Chávez ganó la presidencia de Venezuela en 1998, luego vinieron Lula, Néstor, Tabaré, Bachelet, Evo, la región verdaderamente se ha transformado, y jamás volverá a ser la misma.

Pero ahora vivimos otro momento. Las fuerzas más retardatarias se han recuperado del aturdimiento en que las dejó el fracaso del neoliberalismo y el surgimiento de gobiernos patriotas y progresistas. Aquí en Ecuador hemos llamado a esta reacción “la restauración conservadora”. Boaventura de Sousa la llama la “nueva guerra fría”.

Las fuerzas retardatarias se han reagrupado y están articuladas nacional e internacionalmente con el apoyo de la extrema derecha de países hegemónicos. Tienen estrategias de acción y cuentan con la descarada complicidad de la prensa nacional e internacional.

Ya apoyaron golpes de Estado en Honduras con Manuel Zelaya, en Paraguay con Fernando Lugo, pero no lo lograron en Venezuela, ni en Bolivia, ni en Nicaragua, ni en Ecuador aquel nefasto 30-S de 2010.

Como ya no pueden dar golpes de estado tan descarados, su nueva estrategia es la de los golpes blandos, que tiene cinco pasos:

El primero, la etapa de ablandamiento. Para ello, los medios de comunicación tratan de generar malestar en el estado de opinión con respecto al gobierno, y funcionan como ilegítimos partidos políticos de oposición.

La segunda etapa es la de deslegitimación: miles de editoriales, insultos disfrazados de humor, falsas investigaciones, cadena de rumores, ataques en las redes sociales. Todo esto ya lo hemos vivido, loseguimos enfrentando y continuaremos sin tregua contra tanta infamia.

El tercer paso es calentamiento de la calle, que es lo que estamos viviendo en estos días.

La cuarta etapa es lo que se denomina “Combinación de todas las formas de lucha”: son operaciones de guerra sicológica, siembran rumores en la fuerza pública y en la sociedad, como por ejemplo anunciar el fin de la dolarización, feriados bancarios y un largo etcétera de guerra económica.

Finalmente, la última etapa del golpe blando es la fractura institucional. Esta estrategia supone acciones callejeras, tomas de instituciones y pronunciamientos militares, para obligar a la renuncia del presidente.

Esta misma estrategia –con sus propias variantes y localismos- se está desarrollando contra Evo Morales, contra Cristina Fernández, contra Dilma Rousseff, se lo hicieron a Hugo Chávez y ahora a Nicolás Maduro, incluso involucrando a referentes de la izquierda latinoamericana y mundial, como Ignacio Lula da Silva. Esos son los problemas y maniobras que enfrentamos día a día.

APROVECHAN AÑO DIFÍCIL.

Hoy la coyuntura les favorece. Enfrentamos un año económicamente muy difícil. América Latina está cerrando un ciclo de expansión.

LOS CÓMPLICES DE LA DERECHA

Lamentablemente no es solo la derecha. Estos procesos desestabilizadores cuentan con la participación de la supuesta izquierda radical, siempre la mejor aliada de los reaccionarios, y muchas veces de los propios jóvenes sorprendidos por cantos de sirena.

Jóvenes: A ver claro, obrar recio, sentir hondo. Cuidado con dejarnos engañar, es muy sencillo dejarse convencer con esos discursos románticos, por ejemplo, el del purismo ideológico, de una izquierda que no entiende lo que es gobernar.

El rol de la supuesta ultraizquierda en América Latina es absolutamente funcional al statu quo: presentan cosas imposibles y muchas veces también indeseables. No abordan los problemas fundamentales: el dominio del capital en todos los ámbitos y su supremacía sobre el trabajo humano, el monopolio de la comunicación en manos de la derecha. Están totalmente equivocados en los énfasis y en los análisis. Es la política del todo o nada, que hará fracasar cualquier proyecto político progresista.

Aunque ustedes no lo crean, hoy tenemos a esa supuesta ultra izquierda marchando contra impuestos demasiados altos…

Otro problema es el ecologismo infantil, creer que superar el extractivismo es dejar de aprovechar nuestros recursos naturales no renovables. Eso es un suicidio social que llevaría al fracaso a cualquier proyecto político en el poder. Debemos movilizar esos recursos para desarrollar otros sectores de la economía, como lo estamos haciendo en el Ecuador con la construcción de infraestructura que mejora la competitividad en diversos campos.

La izquierda latinoamericana debe tener muy claro que la gran oportunidad para poder desarrollarnos con soberanía son nuestros recursos naturales.

Hoy, por ejemplo, muchos exigen que no se explote el petróleo de la Amazonía. Pero eso implica un costo inmenso por los ingresos no recibidos y porque cada día que transcurre tenemos un niño sin escuela, una comunidad sin agua potable, o gente muriendo por enfermedades evitables, verdaderas patologías de la miseria.

Y hablemos de libertad de prensa:

Cuando las élites latinoamericanas afirman que no existe libertad de prensa es porque sus medios de comunicación ya no tienen impunidad para manipular la verdad, o porque nos atrevemos a contestarles, a disputar su hegemonía, a desenmascarar sus mentiras. Cabría preguntarse si una sociedad puede llamarse verdaderamente libre cuando el derecho a la información y la propia comunicación social están en manos de negocios privados con fines de lucro. Y aunque este es un problema planetario, en Latinoamérica el problema es más grave por la propiedad familiar de los monopolios de medios, por sus serias deficiencias éticas y profesionales y su descarado involucramiento en la política.

Creo que todos coincidimos en que una buena prensa es vital para una verdadera democracia, pero también debemos coincidir en que una mala prensa es mortal para esa misma democracia. Y la prensa latinoamericana es mala, muy mala.

Hoy vivimos también un oenegecismo, sin responsabilidad ni legitimidad democrática, que pretende establecer las agendas políticas.

Muchas de esas ONG no son instituciones sin fines de lucro, sino tan solo sin fines confesables. Utilizando conceptos con los que nadie puede estar en desacuerdo, como libertad, y frecuentemente financiadas por la extrema derecha internacional, son tan solo partidos políticos de oposición a los gobiernos progresistas.

Jamás he entendido bien esto de “representantes de la sociedad civil”… Parecería ser un pecado ganar elecciones en América Latina, porque por arte de magia, toda autoridad se vuelve mala.

Tienen la complicidad de instituciones como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), feroz enemiga de los gobiernos progresistas por habernos atrevido a enfrentar a ciertos medios corruptos e inmorales, uno de los poderes fácticos más grandes del mundo.

Como dice Álvaro García Linera para el caso de ciertas ONG supuestamente ambientalistas “varias ONG no son realmente Organizaciones NO Gubernamentales, sino Organizaciones de Otros Gobiernos en nuestro territorio, y el vehículo de la introducción de un tipo de ambientalismo colonial que relega a los pueblos indígenas al papel de cuidadores del bosque amazónico”.

DISCURSO DE LA UNIDAD

Ahora se nos acusa de dividir a nuestros países. Fíjense, qué casualidad, lo mismo le decían a Abraham Lincoln, considerado el mejor presidente estadounidense de la historia. Lo llamaron “tirano”, “déspota”, “fanático”, “loco” por su noble lucha por la abolición de la esclavitud. Provocó una guerra civil, que en caso de derrota habría generado la división del país y Lincoln probablemente hubiera pasado a la historia como un “criminal”. Lean lo que decían los medios esclavistas de aquel entonces, aprendamos algo de la historia.

Ahora, supuestamente, las élites y los medios de comunicación que apoyaron a las dictaduras rechazan la “confrontación”.

Nos quieren imponer la política light, la política de mostrador. Nos quieren hacer creer que la política democrática es necesariamente la política del consenso. Cabría preguntarse si hubiese sido posible consensuar entre represores y reprimidos, entre esclavistas y esclavos.

Queridos jóvenes: negar el conflicto es aceptar el dominio sin disputarlo.

La democracia del consenso es una posición profundamente conservadora que niega el pluralismo y el antagonismo, claves de cualquier política democrática; es querer negar el disenso y presuponer acuerdos que no están dados. Es el equivalente del "fin de la historia" con el que nos quisieron convencer en la época neoliberal.

La política de la Revolución Ciudadana no es ambigua ni amorfa. No puede colocarse en el centro o en una falsa izquierda que niegan la necesidad de las diferencias, que rechazan la importancia de conformar identidades políticas claramente ubicadas en el espectro ideológico.

¡Negar el conflicto es aceptar que nada podemos hacer frente a realidades injustas!

Nosotros confrontamos para que no muera gente en las puertas de los hospitales; para que nuestras familias permanezcan unidas y sus miembros no emigren hacia un destino sin certezas; confrontamos para que nuestros niños tengan un futuro digno, de alegría y de esperanza; confrontamos y lo haremos siempre ante la injusticia, la mentira y la mediocridad.

La mejor respuesta a esta democracia burguesa con la que nos quieren convencer son las palabras del general Eloy Alfaro, el mejor ecuatoriano de todos los tiempos: "si en lugar de afrontar el peligro hubiera yo cometido la vileza de pasarme al enemigo, habríamos tenido paz, mucha paz, la paz del coloniaje".

Nos quieren vender la paz del coloniaje, la unidad de la claudicación, el consenso del sometimiento.

Jóvenes:

Es necesario elevar el nivel del debate social y político, es necesario apasionarse por la verdad y la justicia. ¡Reivindico el derecho a indignarnos; reivindico el deber de confrontar!

Como región, hemos avanzado muchísimo en superar las inequidades existentes, hemos llegado a un momento histórico en el que los jóvenes tienen más oportunidades para salir adelante y conseguir un futuro mejor; pero aun así falta mucho por hacer.

En mi país hemos trabajado con los jóvenes, por los jóvenes y para los jóvenes. Más de la mitad de nuestro gabinete no supera los 40 años y algunos ni siquiera los 30. Tenemos la presidenta de la Asamblea más joven de la región, con 32 años. Somos uno de los países que más invierte en educación superior (2,12% del PIB) en la región. Y hasta la fecha más de 10.400 jóvenes están estudiando en las mejores universidades del mundo gracias a becas del gobierno.

¡Qué suerte ser joven en este tiempo, pero también qué gran compromiso!

Desde los distintos gobiernos latinoamericanos hemos trazado el camino. Ustedes seguirán construyendo este sueño colectivo de vivir en la Suramérica de iguales oportunidades y cambios profundos.

¡Jóvenes queridos ustedes son nuestro apoyo y nuestra esperanza; asuman el liderazgo de los procesos de cambios en sus países!

Sigan luchando y formándose no para ocupar un puestito en la sociedad, sino para transformarla, porque todavía tenemos sociedades demasiado injustas.

Jóvenes de la Patria Grande, una vez más, bienvenidos al Ecuador, y que este encuentro sirva para con profundo compromiso revolucionario, pero también con capacidad e inteligencia seguir construyendo la Patria Grande repleta de justicia y buen vivir.

Como decía Stéphane Hessel en el 2010, en su libro Indignaos, escrito con mucha indignación frente a la crisis europea; todo un personaje, fue parte de la resistencia francesa, murió hace un par de años, pero en ese entonces era el único redactor aún vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948; decía Stéphane Hessel en su libro, cito: “El hombre no debe perder la facultad de indignación y el compromiso que le sigue”.

Queridos jóvenes: estudien con ciencia y con conciencia, indígnense, pero con ilustración, no con mediocridad. Como decía Rabindranath Tagore: “No solo hay que querer, hay que saber el camino”. Como dice Hessel: ¡Indignaos jóvenes, indignaos!

¡Hasta la victoria siempre, jóvenes de América!

RAFAEL CORREA DELGADO

Presidente Constitucional de la República del Ecuador