Es bastante probable que la sociedad colombiana en conjunto esté madura para encontrar una Solución Política al prolongado conflicto social y armado: Fuerzas productivas modernizadas y supraestructura atrasada. No así la clase dominante, dividida entre la facción de Uribe Vélez y la de Santos, que se disputan encarnizadamente la hegemonía y dirección del Bloque de Poder Contrainsurgente; disputa que desde antes del inicio de los diálogos de la Habana ha empantanado el avance en los acuerdos fundamentales o básicos (justicia bilateral acordada y constituyente) para llegar al acuerdo final que finalice la confrontación armada.
Es muy probable también que el monumental “negocio de la guerra”, para usar la expresión del investigador Darío Azzellini en su libro (1), el 6,5% del PIB invertido directamente en Gasto Militar y en pago a compañías de mercenarios privados como la Dyn, la Defense Sistem Limited (DSL), Aeroespace, North Grumman, ect; más otro 6% del mismo PIB representado en las ganancias del narcotráfico y el lavado de dólares, es decir 12% del PIB; mas las incalculables ganancias de las “400 de las 500 empresas estadounidenses más grandes que han invertido en Colombia” (y sin contar las demás empresas españolas y europeas) por razones de la dialéctica de los mercados de la economía neoliberal del imperialismo global, se haya trasformado en su contrario.
Dicho de otro modo que, el negocio de la guerra objetivamente haya dejado de ser rentable y sea necesario darle paso a otros más provechosos como los negocios trasnacionales “pacíficos”, relacionados con las “comodities” (materias primas) como petróleo, carbón, oro, platino, esmeraldas, agua, biodiversidad, metales raros y a productos básicos de la agro industria como aceite de palma, bananos, alcohol de caña, ect; siendo entonces una “necesidad real de negocios” , finalizar el conflicto armado que tantos réditos dio en el pasado.
Y es en este punto, donde difieren las dos facciones enfrentadas del “santouribismo” dominante: Los que están por continuar “pelechando de facto” como hasta ahora lo han hecho con los negocios de la guerra, y, quienes han hecho su apuesta de póker por la finalización del conflicto y el desarrollo “pacífico dentro de la ley y el orden” (obviamente de la ley y el orden de las multinacionales) de los grandes y jugosos negocios trasnacionales que ya se han visualizado y hasta repartido entre las grandes potencias industrializadas, en un posible “posconflicto”.
Con lo cual se podría cerrar el ciclo de la guerra actual, recordando la simpática y profética sentencia del anciano y terco presidente Marroquín en 1902, al concluir la sangrienta guerra civil de los mil días: “Se viene la paz con todos sus horrores”, materializada en la letargia de las dos hegemonías (la conservadora hasta 1930 y la liberal hasta 1946) que incubaron el inenarrable genocidio de 300 mil colombianos decapitados bárbaramente durante la llamada violencia liberal conservadora del medio siglo XX.
Ya lo decía Rosa Luxemburg al hablar de la lucha de clases sangrienta y prolongada sin un franco ganador que da origen a la barbarie; o el mismo Marx cuando advertía el riesgo de que ambas clases desaparecieran en el pantano de la guerra sin solución.
No me cansaré de repetir o de advertir, la gran dificultad que ha tenido JM Santos para liderar el proceso hacia el proyecto o la tesis que escogió de la vía pacifica y ordenada para desarrollar su plan neoliberal de desarrollo; no solo por su incapacidad personal sino por las dificultades presentadas en las “negociaciones de intereses” que ha debido adelantar con las 10 estructuras diferentes o ruedas dentadas que, conforman el Bloque de Poder Contrainsurgente dominante en Colombia, valga decir con los EEUU y las compañías privadas de seguridad arriba mencionadas. Con el colectivo llamado Fuerzas Militares. Con los 80 grupos paramilitares actualmente existentes. Con “los cacaos” y los llamados grupos económicos. Con los llamados gremios de la producción. Con las compañías trasnacionales establecidas en Colombia. Con la llamada “economía subterránea” lavadores de dólares y narcotraficantes. Con el oligopolio de los medios de comunicación. Con las tres-3- ramas teóricas de la democracia Maestro, y finalmente, con las clases subalternas cooptadas, políticos y poderes locales.* Lo que explica los continuos bandazos en la conducción de su “proyecto” y los continuos viajes al exterior a solicitar ayuda diplomática internacional para su implementación.
Mirando objetivamente este panorama complejo y muy real, no es la terquedad estratégica de la insurgencia “por tomarse el Poder” como lo muelen diariamente los medios contrainsurgentes, lo que está inhibiendo el avance de los diálogos de la Habana y forzando un nuevo ciclo de guerra.
Al contrario, lo que frena al presidente Santos para acordar los dos pasos básicos con los cuales se podría llegar a un acuerdo final en la Habana (justicia bilateral acordada y constituyente) es la presión irresistible (todos los días expresada como una cantinela por sus comisionados de paz Jaramillo y de la Calle) es el “Orden Jurídico Trasnacional” que NO admite ni admitirá variaciones sus leyes internacionales con las que expolian a los países de la periferia. Esto no lo podrá variar ni el Papa con sus poderosas oraciones terrenales. O a lo mejor sí ¿Quién lo sabe?
Y es en estas oraciones que se ha cifrado nuestra esperanza para (parafraseando a Rosa Luxemburg) salir de la barbarie y llegar por fin a la civilización, donde nos esperan otros retos diferentes. ¡Quién sabe!
Notas (1) Azzellini, Darío. El Negocio de la guerra. Editorial Txalaparta. Tafalla.2005 capitulo II. Págs. 37 a 70.
*Para mayor detalle ver mi artículo http://anncol.eu/index.php/opinion/item/319-alberto-pinzon-sanchez


