Intervención del Presidente Rafael Correa en la Sesión Inaugural de la Cumbre UE-CELAC

Bruselas, 10 de junio de 2015

Muchas gracias a nuestros amigos europeos por recibirnos el día de hoy, en esta bella capital de Europa, Bruselas.

Traigo un abrazo fraternal de 604 millones de personas y 33 estados que conforman la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe; la formalización de la Asociación Estratégica Birregional de 1999, entre los estados latinoamericanos y caribeños y la Unión Europea nos permitió establecer un privilegiado diálogo entre los bloques. Desde aquel entonces se afianzó la construcción europea, lo cual ha traído beneficios significativos para sus poblaciones.

Como latinoamericanos y caribeños debemos aprender, en este sentido, de Europa. Después de dos terribles guerras mundiales y enemistades eternas, prevaleció la voluntad política de unión, y hoy son una maravillosa comunidad de 28 países, pese a ser historias, lenguas, culturas y sistemas políticos diferentes. La Patria Grande, como llamamos a nuestra América Latina unida, también es impostergable; tal vez los europeos tendrán que explicar a sus hijos por qué se unieron, pero nosotros tendremos que explicarles a los nuestros por qué nos demoramos tanto.
CELAC trabajará, en los próximos años, en cinco grandes ejes:

El primero, Reducir la Pobreza Extrema y las Desigualdades; tenemos 68 millones de latinoamericanos y caribeños en la miseria, pobreza extrema. La erradicación de la pobreza es un imperativo moral para nuestra región y para el planeta entero, porque –por primera vez en la historia de la humanidad- dicha pobreza no es por falta de recursos, sino fruto de la inequidad, donde pocos tienen todo, y muchos no tienen nada. Las respuestas a la inequidad, normalmente, se han limitado a atacar los problemas de la distribución de la renta nacional, sin preocuparse por el acervo de capital y su concentración en pocas manos. Por ejemplo, en Ecuador, el 90% de las grandes corporaciones está en manos de menos del 2% de familias; la inequidad se profundiza porque la tasa de rentabilidad del capital es superior a la tasa de crecimiento del ingreso nacional y se produce la llamada sociedad patrimonial, fruto de la acumulación heredada y presente de riqueza, lo cual socava a la sociedad meritocrática, como base de una democracia real. Por ello, autores, como el francés Thomas Piketty, han propuesto un impuesto mundial y progresivo al capital, para regular el capitalismo patrimonial globalizado del siglo XXI.

Dadas las condiciones actuales de información y coordinación entre países, este impuesto es imposible, sin embargo, sí podemos avanzar –a nivel nacional- en cortar fuentes ilegítimas de acumulación, como la plusvalía, fruto de la especulación, así como proponer adecuados impuestos progresivos a las herencias.

El segundo eje en que trabaja CELAC, es Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación. Creemos firmemente en el poder transformador de la ciencia y la tecnología. Actualmente, nuestra región invierte el 0,78% del PIB, en investigación y desarrollo. Debemos duplicar esta inversión, en los próximos cinco años, incrementándola, al menos, al 1,5% del PIB, hasta el año 2020. En la etapa de desarrollo en que están los países de América Latina y el Caribe, el tipo de cooperación que requerimos ya no es la escuelita o el camino vecinal, si no la formación de talento humano y transferencia científica y tecnológica. Por ejemplo, la eficiencia energética media de los países de alto ingreso, es cinco veces superior a la eficiencia energética media de los países de bajos ingresos. Debemos pensar en un tratado mundial que permita el acceso al conocimiento crítico, por parte de los países en desarrollo; este conocimiento, no se confisca a los inventores, pues debe ser reconocido y compensado por parte de los estados y por parte de una verdadera cooperación para el desarrollo.

El tercer eje, es Medio Ambiente y Cambio Climático. Antes, los países subdesarrollados producíamos materias primas y los países desarrollados producían bienes industriales de alto valor agregado; esta clásica división del trabajo, probablemente ha sido superada. Pero, ahora, los países desarrollados generan conocimiento, que privatizan, y nuestros países generan bienes ambientales de libre acceso y consumo gratuito; los grandes contaminadores no firman Kioto, pero, en nuestros países hay cárcel, si no se paga regalías por un producto patentado. Se cree, algunas veces, que la generación de bienes ambientales no tiene costo; hoy, por ejemplo, muchas organizaciones sociales de la propia Unión Europea, exigen que no se explote el petróleo de la Amazonía, pero eso implica un costo inmenso, por los ingresos no recibidos y por cada día que transcurre teniendo un niño sin escuela, una comunidad sin agua potable, o gente muriendo por enfermedades perfectamente evitables. Como manifiesta Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, cito: “varias ONG, Organizaciones no Gubernamentales, no son realmente dichas Organizaciones no Gubernamentales, sino organizaciones de otros gobiernos en nuestro territorio y el vehículo de la introducción de un tipo de ambientalismo colonial, que relega a los pueblos indígenas al papel de cuidadores del bosque amazónico”, cierro cita. Los estados insulares caribeños están, particularmente expuestos a los efectos negativos resultantes del calentamiento global; necesitan –y en prioridad- recursos para fortalecer su capacidad de adaptación ante los eventos climáticos extremos. Finalmente, es indispensable declarar a las tecnologías que mitiguen el cambio climático como bienes públicos globales, garantizando su libre acceso.

El cuarto eje, Financiamiento para el Desarrollo, Infraestructura y Conectividad. La CEPAL, Comisión Económica para América Latina, de las Naciones Unidas, estima que la región requiere invertir en infraestructura el 6.2% del PIB regional, esto significa cerca de 320 mil millones de dólares anuales, hasta el 2020, Sin embargo, en el último decenio solo se ha invertido el 2.7% de ese PIB regional, es decir, menos de la mitad.

América Latina y el Caribe necesitan la inversión extranjera, pero dentro de una relación entre estados y transnacionales más justa y equilibrada, que posibilite el beneficio mutuo, el respeto de los derechos humanos y de los derechos de la naturaleza. Otra de nuestras principales propuestas, es la creación de Centros de Arbitraje para nuestra región, que eviten ese atentado a nuestras soberanías, que constituyen los actuales tratados bilaterales de inversión, donde todo está en función del capital, y los árbitros, son abogados vinculados a las propias transnacionales.

Por último, debemos primero exigirnos nosotros mismos; resulta inaceptable que, mientras América Latina y el Caribe tienen depositados un billón de dólares de nuestros recursos en el primer mundo, sigamos dependiendo de préstamos externos, inversiones extranjeras, de cooperación sin ningún impacto estructural; debemos aprender a aprovechar nuestro ahorro y destinarlo a la inversión en nuestra propia región. Para eso, la CELAC trabaja en una Nueva Arquitectura Financiera Regional.

Quinto eje, Desarrollar y Potenciar nuestro Rol como Bloque. Existe una coincidencia en torno a los principios que defendemos los países de ambos lados del Atlántico: creemos en la primacía del derecho internacional, la democracia y la autodeterminación de los pueblos; defendemos la vigencia de los derechos humanos y al Estado, como garante de los mismos; enfocamos nuestros esfuerzos en la construcción de un desarrollo humano sostenible. Celebramos el triunfo de la dignidad y soberanía del pueblo cubano y el proceso de restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba; aún queda por extirpar el inhumano e ilegal bloqueo y la devolución del territorio ocupado de Guantánamo, uno de los rezagos de colonialismo en nuestra América.

Rechazamos y demandamos la derogatoria de la orden ejecutiva, emitida por el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, imponiendo sanciones unilaterales a Venezuela por, supuestamente, constituir un peligro a la seguridad nacional de Estados Unidos. La orden, además del ridículo argumento, viola flagrantemente el derecho internacional y, particularmente, el literal e) del Artículo 3 de la Carta de la Organización de Estados Americanos. Exigimos que se respete el derecho soberano de los países, como lo ha hecho Argentina, de acordar con sus acreedores soluciones a los problemas de endeudamiento y consideramos inaceptable que un Juez, de un condado cualquiera, de otro país, atropelle –con sus decisiones ilegales- una decisión soberana de tanta trascendencia. América Latina y el Caribe son regiones dignas, libres y soberanas.

Si compartimos una preocupación por profundizar la vigencia de los derechos humanos, es nuestra obligación moral incluir en nuestras agendas el tratamiento de los problemas relacionados con las poblaciones migrantes; se prioriza la liberalización financiera y de mercancías, pero se criminaliza –cada vez más- la movilidad humana.
Hoy se habla mucho de globalización, pero se trata de una globalización que no busca ciudadanos globales si no tan solo consumidores globales; que no busca crear una sociedad planetaria si no tan solo mercados planetarios; y que, sin adecuados mecanismos de control y gobernanza –esta globalización- puede devastar países.

Finalmente, en la próxima Conferencia sobre Cambio Climático, en París, debemos exigir la adopción de un acuerdo vinculante, basado en el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas. La evidencia indica que el consumo de energía y la generación de emisiones son directamente proporcionales al nivel de ingreso; un habitante de los países ricos emite 38 veces más CO2, que un habitante de los países pobres: el efecto consumo domina el efecto eficiencia por mejora en tecnologías.

Quisiera, en esta parte, reconocer y felicitar el liderazgo europeo en la protección del medio ambiente y, particularmente, con respecto al Protocolo de Kioto, pero es necesario que avancemos en la ratificación de los compromisos acordados en el segundo período, en Durban, para concretar acciones reales de reducción de emisiones.
Queridas amigas, queridos amigos:

Algunos creen en una supuesta mano invisible para alcanzar la eficiencia, la justicia y el desarrollo; la historia nos demuestra que se requiere de manos bastante visibles, de acción colectiva, de la voluntad explícita de las sociedades.
Que las manos de nuestras naciones, en ambos lados del Atlántico, sirvan para la construcción de un mundo mejor.

Muchas gracias.