COLOMBIA : La fraudulenta paz de las élites

Rubén Zamora*, en Anncol, 1ero de mayo 2015
http://pazfarc-ep.org/index.php/blog/2659-la-fraudulenta-paz-de-las-elites

Ninguna acción militar deliberada ha realizado las FARC-EP, menos cuando hemos procurado a toda costa dar cabal cumplimiento al cese unilateral al fuego, el cual se mantiene vigente desde el 20 de diciembre del año anterior. Otra cosa es que por las continuas operaciones de la Fuerzas Militares, alguna de nuestras unidades se haya visto aboca da a elegir el combate ante la posibilidad de ser aniquilada en uno de tantos cercos del ejército, como ocurrió en Buenos Aires, Cauca, donde murieron 11 soldados y 19 más resultaron heridos. Sin lugar a dudas es un hecho lamentable que no hubiera acontecido si el gobierno no pretendiera con su guerra lograr un desbalance militar de las FARC-EP que refleje resultados en la Mesa de diálogo para finalmente conducirnos a la capitulación, en vez de concertar acuerdos que resuelvan definitivamente las dinámicas del conflicto y sus causas.

Esos cálculos son los que están profundizando las tragedias del conflicto armado poniendo sobre nuestros hombros la responsabilidad que le compete al Establecimiento. Hablan de la necesidad de desescalar el conflicto, eso sí, sobre la base de que sea la guerrilla quien unilateralmente se comprometa con acciones precisas en ese sentido.

Es, a todas luces, mendaz e insensata la tesis del gobierno según la cual acciones como la de Buenos Aires, Cauca, lo que buscan es presionar un acuerdo de cese bilateral al fuego cuando en la realidad han faltado son garantías para cumplir cabalmente este compromiso que hicimos con el país y los amigos que desde el exterior claman la paz de Colombia. Mantenemos el cese unilateral al fuego aún consientes que ante la ocurrencia de nuevos hechos de guerra como consecuencias de las acciones militares contra las FARC-EP, desaten infames acusaciones que buscan desacreditarnos y justificar lo injustificable. Pese a los riesgos políticos y militares y a los más de 20 guerrilleros muertos durante la tregua unilateral consecuencia de las acciones ofensivas del ejército seguimos en tregua por la formidable convicción que tenemos de la necesidad de buscar una salida política al conflicto social y armado.

En casi todo el territorio nacional hay operaciones militares buscando debilitar la moral de los combatientes guerrilleros y darnos de baja. Eso sí podría considerarse una presión sobre las FARC-EP creyendo que con ello vamos a aceptarles los términos de negociación que quieren imponernos hasta que finalmente capitulemos y quedemos atrapados tras las rejas de los vencedores mediante la implementación de la llamada justicia transicional.

Así la paz significaría un fraude a la voluntad nacional dejando intactas las nefastas causalidades de la violencia política que han surgido de la costumbre de gobernar imponiendo la llamada “fuerza legítima del Estado” llegando a los extremos del horror del genocidio político, la tortura, la desaparición forzada, las masacres paramilitares, el desplazamiento de más de seis millones de compatriotas y el despojo de sus tierras y otros bienes. Así como es de ilegítimo este proceder lo son también las instituciones y las políticas que han implementado bajo el auspicio de la violencia. De manera que la paz está más allá del desescalamiento del conflicto e impone la urgencia de transformaciones de fondo que remuevan las estructuras que han fomentado la desigualdad, la pobreza, la violencia y las mañas antidemocráticas.

La reacción del gobierno y de otros sectores elitistas frente a los hechos de guerra en los que resulta afectada la Fuerza Pública deriva más que nada de la soberbia que les da la certeza de que esta insurgencia se mantiene indemne pese a que, por todos los medios, han pretendido aniquilarla. Si les conmoviera el dolor de los colombianos no hicieran uso de la violencia contra la oposición democrática y revolucionaria y contra las movilizaciones sociales; no impondrían políticas que profundizan la desigualdad y la pobreza; tendrían algún empacho ético y moral para ordenar los bombardeos y masacrar guerrilleros inermes en su lugar de campamento a altas horas de la noche; se sensibilizarían frente acciones desesperadas de familias colombianas que por su situación caótica apelan al suicidio para escapar de su desgracia; evitarían la intensificación del conflicto, y en cambio promoverían la reconciliación; no sembrarían odios en el alma nacional a través de la frenética maquinaria mediática; y, en últimas, tenderían puentes para el entendimiento que nos permita un gran acuerdo político nacional para que entre todos repensemos y construyamos la Colombia del futuro en paz con justicia social.

*Integrante del cuerpo de mando del BCJB.