China en el mundo

tortilla con sal, 28 de julio 2013

Nota TcS : este artículo se escribió hace dos meses para la Revista Correo. Los aconteciemientos desde su publicación solo confirman sus principales argumentos.

Entre el imagen de la República Popular de China y la realidad de su presencia cultural, política y económica en el mundo, existe una enorme variedad de percepciones y opiniones. Para América Latina China representa la oportunidad de ampliar y diversificar los mercados para sus exportaciones, de desarrollar nuevas fuentes de inversión y de trabajar a nivel global para un mundo multipolar más equitativo. Para sus vecinos, China representa también una influencia cultural y político con profundos raíces históricos aunque quizás con inciertas perspectivas futuras.

En África, igual que en América Latina, el surgimiento de China como un poder económico global ha cambiado de una manera muy positiva las opciones de comercio, de financiamiento y de inversión. Por su parte, los poderes imperiales de Europa y Norte América encomian efusivamente las transformaciones económicas de China que sirven sus intereses, por ejemplo bajando sus costos de mano de obra. Sin embargo, a la vez, critican de la manera más hipócrita al gobierno de la República Popular de China en los temas del medio ambiente, de los derechos humanos o del comercio desleal.

Es difícil entender la lógica de la respuesta militar y diplomático del Occidente al inevitable desarrollo de China como el poder preeminente en las décadas que vienen. China es el poder comercial más fuerte del mundo con un volumen de comercio de casi US$4 millones de millones. Sus reservas de divisas también son por mucho los más grandes del mundo con un valor de casi US$3 millones de millones, de que la mitad son de bonos de la Tesorería estadounidense, un factor que indica la complejidad de las relaciones económicas y políticas de China con los Estados Unidos de Norte América.

Con un Producto Interno Bruto nominal de más de US$8 millones de millones, China ahora es la tercera economía más grande en el mundo detrás de la Unión Europea y los Estados Unidos. Es solamente un asunto de tiempo hasta que este enorme país, con una población de más de 1.3 millones de millones de personas supera por mucho las economías de Norte América o de Europa. La respuesta de los poderes imperiales de la Organización de Tratado del Atlántico Norte ha sido más que todo en el ámbito militar, el único dónde por unos años más van a poder mantener una ventaja significativa.

Es por ese motivo que los Estados Unidos ha enfatizado lo que sus estrategas llaman “el giro hacia Asia”. Esta política es poco más que un aumento en las fuerzas armadas estadounidenses en regiones donde pueden amenazar a China y un reforzamiento desmedido de las fuerzas armadas de sus aliados en la región como Japón, Taiwan y Corea del Sur. Junto con el aumento del potencial militar para agredir a China, el gobierno de Estados Unidos se esfuerza para “contener” a China por medio de sus relaciones diplomáticas y económicas con los países vecinos de China en la región. A rasgos grandes este es el contexto global en que China desarrolla su perfil internacional y sus intereses nacionales.

Un poco de historia

Es quizás en Asia dónde se ve con mayor claridad el marcado declive del poder e influencia de los Estados Unidos y sus aliados en comparación con el auge de la influencia de China. Trabajando de una manera cooperativa con los países cercanos, con Rusia e India, los países de Asia Central y con los países de la Asociación de Naciones de Asia Sur-Este (ASEAN) China ha consolidado su liderazgo regional por medio del comercio, la inversión y la diplomacia. La Organización de Cooperación de Shanghaí (una agrupación para la cooperación económica y la seguridad colectiva que incluye Rusia) y la zona de libre comercio entre China y los países de ASEAN son solo dos aspectos de la compleja estrategia china para superar paulatinamente las todavía vigentes pretensiones imperiales en Asia del gobierno de los Estados Unidos.

ASEAN fue fundado en 1967 por las Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia. Fue la época de la guerra genocida de Estados Unidos contra Vietnam. Pocos años antes, en Indonesia, se había masacrado más de un millón de los miembros y simpatizantes del partido comunista. Allí, el dictador Suharto tomó el poder en 1966 . El dictador Ferdinand Marcos había tomado el poder en 1965. El reino de Tailandia siempre ha sido un estrecho aliado de Estados Unidos. Mientras Filipinas y Tailandia se aliaban con los poderes imperiales en la Organización del Tratado de Asia Sur-Este (SEATO) Indonesia, Malasia y Singapur preferían mantener algún grado, aunque sea mínimo, de independencia de los Estados Unidos como miembros del Movimiento de Países No Alineados.

En aquel tiempo, ocurrió en China la Revolución Cultural, un período que todavía suscita mucha controversia y que duró hasta medianos de la década de los 1970s. En 1972, ocurrió la famoso visita a China del genocida líder estadounidense, el Presidente Richard Nixon, para reunirse con Mao Tse Tung y su Primer Ministro Chou En Lai. Fue el preludio al fin de la guerra en Vietnam y de un nuevo capítulo en las relaciones de China con lo demás del mundo. Con la muerte de Mao en 1976 su sucesor Hua Kuo Feng enfrentó una lucha por el poder dentro del Partido Comunista de China que terminó con el traspaso del poder al grupo de reformistas liderado por Deng Xiaoping, quien había sufrido mucho desprecio durante el período de la Revolución Cultural.

Solo fue en Octubre de 1971 que China asumió su escaño en la Organización de las Naciones Unidas para así integrarse al Consejo de Seguridad como miembro permanente con derecho al veto. Anteriormente su lugar había sido asignado a lo que ahora es Taiwan, conocido antes como República de China. Taiwan sigue siendo gobernado por el Kuomintang, el movimiento político que en 1948 perdió la guerra civil en China al Partido Comunista dirigido por Mao Tse Tung. Desde un inicio, la República Popular de China ha mantenido la política de “un solo China” aunque desde hace varios años sus relaciones con Taiwan se han caracterizado por la pacífica convivencia e intercambio comercial.

Se puede argumentar que la relativa estabilidad de la lucha ideológica en China que se inició con el gobierno de Deng Xiaoping permitió los cambios sociales y económicos por medio de que China ha llegado a hacer salir de la pobreza la enorme mayoría de su población. Ha habido mucha discusión interna sobre los beneficios y costos de esta dramático desarrollo logrado en solo tres décadas. En 2012 el Congreso Nacional del Partido Comunista eligió como Presidente a Xi Jinping quien con sus colegas está revisando lo que algunos ven como los excesos del período del gobierno anterior de Hu Jintao.

Quizás la discusión más profunda gira alrededor del tema de como re-equilibrar la economía china para   mejorar el nivel de vida doméstica de su población en vez de priorizar la acumulación de riqueza por medio de las exportaciones. La realidad es que China ha logrado disminuir la pobreza de manera que ahora ésta ha bajado a alrededor de 10% de la población. Sin embargo, con un ingreso promedio per capita de apenas US$6000, China sigue siendo un país de ingresos medianos. Entonces, el debate sobre la manera óptima de invertir los recursos del país sigue siendo clave en el desarrollo de las políticas internas.
Asia Sur-Este

Un señal de como las relaciones regionales pueden madurar posiciones aparentemente irreconciliables  llegó a inicios del Siglo 21 cuando China y los países de ASEAN firmaron un acuerdo marco de libre comercio. Para 2010 se formalizó este acuerdo con los seis países fundadores de ASEAN, sus otros miembros podrían incorporarse en 2015. En adición a sus miembros originales ASEAN ahora incluye también al pequeño reino de Brunei, a Myanmar (Birmania), Camboya, Laos, y Vietnam.

El comercio entre los países de la ASEAN y China ha crecido a un ritmo equivalente a más de 20% al año desde un poco más de US$50bn en 2002 hasta unos US$400bn en 2012. Vice Ministra de Comercio de China Gao Yan ha señalado que el comercio con ASEAN ya pasó más de US$210bn en el primer trimestre de 2013 con un excedente a favor de China de más de US$8bn en 2012. ASEAN es un bloque económico de enorme potencia en relación a Estados Unidos y la Unión Europea. El comercio de ASEAN y China en conjunto con lo demás del mundo constituye casi el 15% del comercio global.

La inversión directa a China de parte de ASEAN en 2012 superó los US$80bn. En cambio, China ha desarrollado una propuesta para un fondo de inversión en los países de ASEAN de US$10 mil millones para mejorar la infraestructura entre éstos y China. También contempla créditos corrientes con un valor de US$15 mil millones y específicamente para Camboya, Laos y Myanmar un fondo de casi US$40 mil millones.

Estas políticas de cooperación financiera para el desarrollo en cierta medida mitigan las tensiones que han surgido por los conflictos entre China y algunos de los países de ASEAN por motivo de territorios en disputa en el Mar Sur de China y una propuesta para una serie de represas en el importante Río Mekong. El Río Mekong es el octavo río más largo del mundo. Nace en China y pasa por Birmania, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam.

Del punto de vista chino, la relación con ASEAN también lleva el riesgo de una competencia vigorosa para la inversión directa extranjera en la región. El desafío para China y los países de ASEAN es de encontrar un equilibrio adecuado entre la competencia y la complementariedad. El gobierno de los Estados Unidos ve con mucha ansiedad el desarrollo de las relaciones de cooperación y amistad entre China y los países de ASEAN.

Por ese motivo la diplomacia estadounidense tiende a querer pescar en río revuelto. Se enfoca en y exagera de la manera más negativa posible las disputas territoriales entre China y algunos miembros de ASEAN. Sin embargo, la postura del gobierno de China con respecto a estas disputas es de insistir sobre la resolución pacífica de estás dentro del marco de cooperación que caracteriza las relaciones comerciales y de inversión entre los países de la región.

Asia Central

De la misma manera que Rusia tiene importantes relaciones con las poblaciones islámicas de Asia Central, China también comparte milenios de historia con los pueblos de aquella región. La región autónoma china de Xinjiang y su capital Urumqi, con una población de más de tres millones, unen a China no solo con Asia Central sino con las culturas e infraestructura de comunicaciones terrestres y aéreas, del petróleo y gas de Asia Sur-Oeste – por ejemplo Iran e Iraq, Siria y Turquía – y, además, de Rusia y el Este de Europa. Estas conexiones son mucho mejor desarrolladas que las con los países hacia el Sur, Pakistan, Afghanistan e India

A pesar de recibir su autonomía en 1955, las tensiones étnicas en la región de Xinjiang siguen vigentes ahora. Las principales étnias son los Uighurs (45% de la población de la región), los chinos Han y Hui (40% y 4% respectivamente) y la gente Kazaja (6%) Entre la minoría étnica Uighur  existe un movimiento independentista que esporádicamente provoca incidentes muy violentos que el gobierno chino condena como terrorismo. La región colinda con Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán y Afganistán. Su ubicación es de suma importancia estratégica para China por su cercanía a las abundantes reservas de energía – gas y petróleo  - de las republicas de Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán

La empresa estatal Compañia Nacional China de Petróleo (CNCP) tiene significativas inversiones en el campo de gas natural conocido como Galkynysh en Turkmenistan, uno de los cinco campos de gas más grandes en el mundo. De allí la CNCP ha construido un gasoducto que extiende por más de 9500 kilómetros con muchas ramas que conectan el gasoducto central a países importadores de gas como Kirguistán, Tayikistán, y Afganistán. Se espera que alrededor de 60 mil millones de metros cubicos de gas se canalizará por esta red para el año 2015 y que la red se extenderá hacia al Oeste hasta el Mar Caspiano.

Esta estrategia también se ha aplicado a las abundantes reservas regionales del petróleo, principalmente en Kazajistán. Allí China controla la mayoría de la producción en manos de empresas extranjeras. Por medio de un extenso sistema de oleoductos, la CNCP envía su producción de petróleo en Kazajistán hacia sus refinerías en la región autónoma de Xinjiang. La CNCP tiene suficiente confianza en la estabilidad de sus inversiones en Afganistán para desarrollar sus inversiones en la parte norte de aquel país, todavía ocupado militarmente por la OTAN. Aunque actualmente suministra solo alrededor de 5% de la energía requerida por su economía, la inversión de China en Asia Central es una parte clave de su visión estratégica de sus futuras necesidades energéticas en las próximas décadas.

África

De la misma manera que la creciente influencia de China en Asia ha despertado una reacción decidida de parte de los Estados Unidos y sus aliados en el Pacífico (Japón, Australia, Nueva Zelandia), también en África se percibe una dinámica parecida. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los poderes imperialistas europeas manipularon los procesos de independencia para sustituir su dominación político militar por el control político-económico. Con ese objetivo abusaban de la manera más cínica los mecanismos del endeudamiento y de la mal llamada cooperación por el desarrollo aplicando a estas dos modalidades fuertes condiciones políticas y económicas.

Las élites corporativas de los antiguos poderes coloniales europeos en África han compartido el botín neocolonial con sus contrapartes norteamericanos. Igual que la mayoría de las regiones del mundo bendecidas con abundantes recursos naturales, África sigue siendo explotado despiadadamente tanto en términos de aquellas riquezas como en términos de su vulnerabilidad política. En ese contexto, la llegada de la influencia China con políticas de cooperación sin condiciones, de complementariedad, de verdadera inversión para el desarrollo, ha abierto nuevos horizontes para el desarrollo de los pueblos africanos.

China es el mayor socio comercial de África. Ha desplazado a los Estados Unidos y sus aliados Europeos. Muchos gobiernos africanos han aprovechado la oferta china para forzar la renegociación de los contratos existentes con las corporaciones extranjeras. En respuesta, en Costa Marfil, Libia y Mali, las agresiones e intervenciones de estos países de la OTAN en África reproducen algunas de las peores características de la era colonial del Siglo 19. Los ataques contra Costa Marfil y Libia, la grotesca hipocresía de la intervención francesa en Mali, el patrocinio de figuras sangrientos como Paul Kagame en Rwanda, Blaise Compaoré en Burkina Faso o Yoweri Museveni en Uganda, la sádica manipulación de la catástrofe humana en el Congo – todos contradicen la hueca retórica de la democracia y la libertad de los poderes occidentales.

Aún así, los apólogos occidentales intentan levantar una cortina de humo sobre el histórico genocidio de sus países en Africa por acusar a China de abusar el medio ambiente del continente, de apoyar a gobernantes corruptos y sangrientos y de imponer un modelo de desarrollo inapropiado. En verdad, no podría ser más fuerte el contraste entre los horrores de la dominación colonial y neocolonial del Occidente en África y el bajo perfil pacífico y complementario de las relaciones emprendidas por China con sus contrapartes africanos. África es otro ejemplo del compromiso de China en sus relaciones internacionales con los principios de la Carta de la ONU, la no agresión, la auto-determinación, la no intervención y la igualdad.

La inversión de China en África constituye más de 40% de su cooperación para el desarrollo, lo cual cubre todos los áreas, desde la inversión en la infraestructura hasta la formación de los recursos humanos en todos los campos de la actividad humana. China ha construido importantes obras en todo el continente africano, en África del Sur, Argelia, Chad, Nigeria, Camerún, Kenya, Etiopía, Congo, Sudan, Tanzania, Mozambique y Angola. En 2012 el comercio entre China y África alcanzó US$200 mil millones y la inversión directa de parte China llegó a unos US$20 mil millones.

África suministra más de 30% del petróleo importado por China. La demanda por materias primas de parte de China ha apoyado el nivel de los precios de éstas, así que ha ayudado a África a mantener las tasas de crecimiento en un promedio de alrededor de 6%. China ha cancelado la deuda de más de 30 países africanos. En gran medida el desarrollo de las relaciones entre China y los países africanos se ha basado en las diferentes cumbres del Foro de Cooperación China-África. Éstas se iniciaron en el año 2000 y constituyen en efecto un mecanismo de fomento económico en base a la igualdad que no tiene contraparte en las relaciones que tiene Africa con el Occidente imperialista.

Para entender el cinismo e hipocresía de las quejas y reclamos del Occidente en relación al desarrollo de las relaciones Chinas con África, solo es necesario revisar los términos de los mecanismos que rigen las relaciones comerciales del continente con Estados Unidos y Europa. Por ejemplo el African Growth and Opportunity Act (Ley de Crecimiento y Oportunidades para África) de Estados Unidos en teoría ofrece un significante trato preferencial a más de 40 países africanos. En la práctica, solamente beneficia a un media docena de países capaces de satisfacer los exigentes criterios y condiciones ligados a esa ley norteamericana. De igual manera los Acuerdos de Partenariado Económico promovido por la Unión Europea reproducen los aspectos negativos de los tratados de libre comercio impuestos por los poderes imperiales para maximizar los beneficios de sus corporaciones transnacionales.

Estos tipos de relaciones neocoloniales se imponen dentro del marco de un sistema financiero internacional dominado siempre por las mega-corporaciones financieras occidentales y policiado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El fracaso de este sistema, evidente en Africa desde hace por lo menos treinta años, ahora se ve en el colapso de la capacidad productiva y de la redistribución equitativa del sistema económico del mismo Occidente. Es solamente tomando en consideración todo esto que se puede valorar justamente el desarrollo de las relaciones comerciales, financieras y de cooperación para el desarrollo entre África y China.

América Latina

El impacto de China en América Latina ha seguido el mismo patrón que ha tenido en Asia y en África. Desde los años 1990s China ha aumentado sus relaciones económicos con América Latina en todas las esferas. Es el primer socio comercial de Brasil y, para Argentina, el segundo después de Brasil. Tiene acuerdos de comercio libre formales con Chile, Peru y Costa Rica. Con Argentina tiene un acuerdo bilateral para hacer sus intercambios comerciales, no en dólares estadounidenses, sino en las monedas respectivas de los dos países. Colombia tiene un acuerdo de inversión bilateral con China.

Igual como en Asia y en África, las relaciones latinoamericanos y caribeños con China se enfocan principalmente en los recursos naturales imprescindibles para la economía china y en la infraestructura tan necesaria para el desarrollo de América Latina y el Caribe. Desde 2005 los principales bancos chinos han dado créditos a los países latinoamericanos por un total de más de US$80 mil millones. Los principales beneficiarios han sido Venezuela, Brazil, Argentina y Ecuador. En julio de este año, el Banco Chino de Desarrollo ofreció US$15 mil millones a Bolivia para desarrollar su sector minero.

Entre los aspectos financieros y comerciales el factor de transferencia de tecnologías es de suma importancia. China ha lanzado dos satélites de telecomunicaciones para Venezuela, una para Bolivia y tiene un satélite programado a lanzar para Nicaragua en el año 2016. Se ha capacitado numerosos recursos humanos latinoamericanos en estas tecnologías, Además, China comparte tecnología aero-espacial con la empresa Embraer de Brasil y tecnología nuclear con la empresa Nucleoeléctrica de Argentina. Son ejemplos de la determinación de China de fomentar su crecimiento por medio de compartir sus avances tecnológicas con sus contrapartes comerciales, algo que contrasta fuertemente con las políticas de los poderes imperialistas occidentales que ponen tanto énfasis en el tema de la propiedad intelectual.

La reciente visita a Trinidad y Tobago, a México y a Costa Rica por el Presidente Xi Jinping de China subraya el cambio en las relaciones globales de la región de América Latina y el Caribe. Presidente Xi firmó importantes acuerdos comerciales, financieros y de cooperación para el desarrollo con casi todas las naciones islas caribeñas y con los gobiernos huéspedes de su visita. Su gira caribeño y mesoamericano tomó lugar a la vez que el gobierno de Nicaragua anunció los primeros pasos hacia la construcción de un enorme megaproyecto de conexiones interoceánicos financiado por capital privado chino.

El canal interoceánico en Nicaragua y sus asociados proyectos de infraestructura costarán más de US$30 mil millones. Cambiarán de manera decisiva y categórica el perfil global de China en relación a los Estados Unidos y Europa. Mientras los comentaristas occidentales enfatizan el giro hacia Asia de la política extranjera estadounidense, parecen ser ciegos al giro hacia las Américas de la política exterior de China.
BRICS y la SCO

Por supuesto, el enfrentamiento geoestratégico entre Estados Unidos y China implica a nivel global una serie de relaciones de extrema complejidad. Estados Unidos conspira contra China sin descanso junto con sus aliados en Europa (todos los países de Europa Occidental) y en el Pacífico (principalmente Japón, Taiwan, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelandia y las Filipinas). La desventaja geográfica de Estados Unidos por su posición al otro lado del vasto Océano Pacífico se compensa por su extensa red de bases militares y sus múltiples flotas navales.

Todos estos recursos militares se dirigen de una manera claramente ofensiva hacia China. La dimensión más importante a tomar en cuenta es que Estados Unidos y sus aliados solamente podrían derrotar a China militarmente por medio de las armas nucleares. Por este motivo la falsa retórica estadounidense contra el programa de armas nucleares de Corea del Norte, estrecho aliado de China, es sumamente cínica. Estados Unidos y sus aliados piden la desnuclearización de la península coreana a la vez que mantienen constantemente listo su arsenal nuclear para atacar a China.

La respuesta de China al incesante hostigamiento estadounidense ha sido de forjar alianzas tanto en la esfera económica como en la esfera militar. El ejemplo más obvio del desarrollo de parte de China de las relaciones multipolares en la esfera económica ha sido sus aportes al llamado formación BRICS (Brasil, Rusia, India, China, África del Sur). Este año los países miembros del BRICS tenían una cumbre en Durban en África del Sur en que siguieron con la consolidación de su intercambio comercial. También iniciaron un banco de desarrollo para aumentar todavía más la independencia y autonomía de sus economías del sistema económico dominado por las instituciones occidentales.

Para dar una idea de la importancia de esto es necesario recordar que en el Fondo Monetario Internacional, el gobierno de los Estados Unidos de Norte América tiene 17% de la votación mientras China solo tiene 3.8%. En esto China es por delante de Canadá, India, Italia y Rusia, pero detrás de Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido. Este desequilibrio se ve también en el Banco Mundial donde Estados Unidos tiene más de 16% de la votación seguido por Japón con más de 9% y en tercer lugar China. Aún en su totalidad, los llamados países en vías de desarrollo, entre estos China, tienen un total de solo 47% de la votación en el Banco Mundial.

Entonces la iniciativa de los países BRICS de crear un banco de desarrollo es una decisión lógica y necesaria para ir desmantelando la histórica dominación financiera de las élites corporativas occidentales. Sin embargo, la diversidad de la composición económica de los países del BRICS no contribuye a la consistencia política necesaria para promover de una manera oportuna y exitosa los cambios fundamentales requeridos en la economía internacional. Las economías de Brasil y Africa del Sur por ejemplo siguen siendo fuertemente controladas por los intereses corporativos de las élites occidentales.

Por su parte, la India tiene una relación muy ambivalente en el escenario internacional. Por un lado las élites de la India quieren afirmar su autonomía y su independencia. Pero son incapaces de resolver las profundas contradicciones sociales, económicas y culturales a nivel interno. Y esta inseguridad interna se refleja en una política inconsistente a nivel internacional con respecto a las relaciones con el Occidente. La política externa de la India se hace más compleja todavía por la historia de su relación con su contrincante histórico en el sub-continente, Pakistán, tradicionalmente aliado con China.

Esta realidad hace que la agrupación del BRICS tenga que desarrollar sus posiciones comunes de una manera mucho más coherente que se ha logrado hasta el momento si va a poder realizar su verdadero potencial económico y político a nivel global. Esto en su turno hace que China busque otras formaciones a nivel internacional para promover y defender sus intereses económicos y para articular sus necesidades de seguridad y de defensa nacional. En este sentido la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) es mucho más importante para China que lo de las BRICS.

La Organización de Cooperación de Shanghai fue formado en 2001 por China, Rusia, Kazajistán,   Kirguistán, Tayikistán Uzbekistán. Estos países tienen la cuarta parte de la población mundial. Sus idiomas operativos son el chino y el ruso. Se espera que en la próxima Cumbre de la OCS en Bishkek,  capital de Kirguistán, los países de India, Irán y Pakistán se integrarán a la OCS. Si resulta ser así, será un paso decisivo en la construcción de un nuevo mundo multipolar capaz de superar para siempre la dominación global de los Estados Unidos y los viejos poderes coloniales de Europa.

Mientras las Cumbres anteriores de la OCS han priorizado aspectos de la cooperación económica, la Cumbre de Bishkek se enfocará más que todo en los aspectos de la seguridad. En julio de este año Rusia y China organizaron maniobras conjuntas en el Mar de Japón para mejorar la interoperatividad de sus respectivas fuerzas navales. Y en agosto de este año las fuerzas militares de estos dos países harán otras maniobras en los Urales de Rusia. Este tipo de cooperación militar se inició en 2005. En junio de este año los países de la OCS tenían su décima colaboración en maniobras anti-terroristas.

Toda esta cooperación militar se hace con una clara énfasis en la auto-defensa y la defensa colectiva. En contraste con las maniobras agresivas de los Estados Unidos y sus aliados, las actividades de defensa mutua de la OCS jamás se organicen de una manera dirigida hacia algún país específico. Y es que los objetivos principales de la OCS son el establecimiento de relaciones de armonía y amistad entre los países de la región, la promoción regional del intercambio comercial, económico, tecnológico, cultural y educativo y la cooperación ambiental y energético.

La sede del Secretariado permanente de la OCS se ubica en Beijing, el capital de China. La OCS ha desarrollado un estilo propio basado, como la política externa de China, en los principios fundamentales de la ONU de la no agresión, el respeto para la diversidad, la no intervención en los asuntos internos de otros países y en la resolución pacífica de conflictos. Para China su participación en la OCS es uno de los elementos más importantes de su estrategia para crear un mundo verdaderamente democrático y seguro que responde oportunamente a la urgente necesidad de una reforma fundamental de las instituciones internacionales.

Los casos de Costa Marfil y de Libia llamaron en cuestión la determinación de Rusia y China de desafiar la agresión imperialista norteamericana y europea en el mundo. La decisión de aceptar la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU en el caso de Libia, costó caro a China en términos de sus inversiones en aquel país. Desde luego en el caso de Siria, tanto China como Rusia han tenido que actuar para impedir otra agresión catastrófica de parte de los países de la OTAN porque se ven directamente afectados sus intereses regionales. Si se evite una intervención militar occidental directa, es posible que Siria marcará el punto decisivo en el declive del uso del poder militar occidental en el mundo.

Conclusiones

El centro de gravedad del poder global mueve naturalmente hacia China y Asia. No se trata del eclipse total de los Estados Unidos y sus aliados como protagonistas a nivel internacional porque su gran poder económico seguirá, aunque disminuido relativo al poder económico de Asia. Sin embargo es indudable que se trata del fin de la capacidad norteamericana y europea de hacer lo que quiera donde quiera sin enfrentar importantes consecuencias negativas para sus economías y su seguridad.

Para América Latina y otras regiones que buscan su emancipación final de la pesadilla del imperialismo norteamericano y europeo, el mundo pasa por una fase muy delicada. Todavía no se puede descartar que los Estados Unidos y sus aliados ocupen su poderío militar devastador en una agresión para reafirmar su dominio regional. De hecho, es perfectamente posible que Estados Unidos vuelva a usar su poder comercial y financiero para imponer sanciones económicas contra los países independientes más pequeñas, como algunos de los países de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), de la misma manera que han intentado destruir a Cuba durante más de cincuenta años.

El caso de Edward Snowden demuestra una vez más el desdeño categórico para el derecho internacional del gobierno de los Estados Unidos y sus aliados. Como secuela de la fuga hacia Moscú de Snowden, los países europeos miembros de la OTAN cometieron el grosero atropello de interceptar el avión presidencial del Presidente Evo Morales. El gobierno del Presidente Obama amenaza abiertamente que podría aplicar sanciones contra Venezuela, Ecuador y Nicaragua por haber ofrecido asilo a Snowden.

Al mismo tiempo, los genocidas, terroristas, asesinos países norteamericanos y europeos se adjudican la autoridad moral de condenar a China por supuestos abusos de los derechos humanos y por defender de sus intereses esenciales de seguridad nacional. Esta clara incoherencia tiende a confirmar que los próximos años verán una aceleración en la dinámica del declive occidental relativo al ascenso de China y sus países vecinos. El papel de América Latina y los países del ALBA será clave para apoyar a todos los países y pueblos de buena voluntad a transitar hacia el mundo racional, democrático y pacífico tan anhelado por la humanidad entera.