¿Es América una “dictadura” porque crece 1.1%?

Submitted by tortilla on Mié, 13/09/2017 - 18:16

Edwin Sánchez, 13 de septiembre 2017

Nicaragua se mueve. Y su movimiento es alrededor de los intereses nacionales. No es “normal”. Al menos para el rígido pensamiento conservador que aún cree que el país es un satélite de la élite: su deber es girar para siempre alrededor de ella.

Los índices de la República son tan dinámicos que incomodan a los que se quedaron tiesos en la historia colonial. Exaltado por organismos internacionales el admirable aumento del Producto Interno Bruto, algunos han venido buscando cómo empañar estos logros. Están enfrascados en elaborar cualquier artilugio con tal de negar que el Sandinismo es capaz de dirigir, y con notable éxito, los destinos de la nación.

Detrás de las no muy convincentes “razones” técnicas, lo que subyace es que la “supremacía blanca” quiere dejar sentado que únicamente su Estado de Derecha es la que puede generar una economía superior al 9%. Que solo sus “gentlemen” son los “bonitos” para la portada de la historia.

Al margen de los cuentos de hadas hiperderechosas, Nicaragua es un Estado con una saludable estabilidad tanto social como en el ámbito del mercado, sin incluir la consistente seguridad ciudadana, entre las superiores de América. Como no fueron sus gobernantes y técnicos los que subieron por estos peldaños inéditos sino el Frente Sandinista, entonces debe ser ensombrecido, criticado, menospreciado.

El relato conservador, expuesto con vehemencia fanática durante las campañas presidenciales de 1990 a 2006,  se trocó posteriormente en una rabiosa hostilidad hacia los programas socioeconómicos dirigido a los pobres, los procesos electorales, y ahora, con énfasis de amargura, en la economía. Esta, según los “Bolaños-boys (BB)”, debe crecer a un ritmo de califato petrolero-Silicon Valley-auge algodonero años 60-industria armamentista-Mitch. ¿Un huracán?

Durante los gobiernos anteriores que se autoproclamaron “democráticos”, nunca se vieron por ninguna parte esos mágicos crecimientos del 8%, mucho menos que hayan dejado en los archivos del Banco Central de Nicaragua, BCN, indicadores que “arañaran” el 10%.

Algunos pueden alegar el “7%” de 1999 que el propio gobierno se atribuyó “a pesar de los Niños y Niñas, sequías, la oposición y el Mitch”, con que el BCN intentó encumbrar el “excelente desempeño económico” de la administración Alemán.

La Cepal, no obstante, reportó 6%, y esto arrastrado por el inmenso flujo de asistencia externa. El terrible meteoro de 1998, paradójicamente, fue la salvación del derrumbe nacional.

“El buen desempeño económico sólo fue posible gracias al aumento de los recursos financieros externos, que contribuyeron al mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, al financiamiento del programa de reconstrucción (apoyado en una oferta de ayuda financiera internacional de 2, 500 millones de dólares para los próximos cuatro años)…”, expuso el organismo.

¿“Tasas” de democracia?

Los BB rezan junto al doctor Tünnerman: “en un país con instituciones democráticas sólidas el desarrollo económico es mayor, porque crea confianza en los inversionistas nacionales y extranjeros”.

La idea perversa de todo esto es que si Nicaragua ha promediado “solo” un 5% en los últimos años, es porque “no hay democracia”. ¡Eureka! Han encontrado la “evidencia”.  Ergo, si hay un empresariado que participa de esos “insignificantes” resultados, es “cómplice”.

Empero, los profesionales y técnicos no deberían degradar su ciencia a mampostería de la derecha, llegando al disparate de fabricar una relación inexistente entre la economía y su liberalismo de membrete: la “tasa de democracia”.

¿Qué orden puede haber en tratar de usar mecánicamente los datos del PIB como calificaciones de la democracia, en el que 4-5% es “aplazado”, F, mientras 9-10 % es Excelencia democrática, A+?

Veamos la Nicaragua “democrática”

2001: el Banco Central registró 3 % del PIB.
2005: 4%, “comparable a los crecimientos de Costa Rica y Honduras”.
2006: 3.7%,  con la contribución del “crecimiento de las remesas recibidas”.

En el periodo 1996-2000, las “tasas de democracia” muestran un promedio “imparable de crecimiento”: 2.96%.

El Banco Mundial (BM) señaló que “Durante 2001-2006, el crecimiento económico ha sido estable”: 3.2%. ¿Dónde estaba ese cacareado “Estado de Derecho” empujando viento en popa el 9%?

El Informe sobre la Pobreza 1993-2005 recuerda que los nicaragüenses huían de la “edad dorada de la democracia”: “Alrededor del 10 por ciento de la población nicaragüense vive en el extranjero, y cerca de 20 mil a 30 mil personas emigran cada año, principalmente a Costa Rica y a los Estados Unidos”. Entonces no mandaban a sus periodistas y camarógrafos madrugadores a hacer “reportajes dramáticos” al Consulado de Costa Rica.

Además, lo que ahora es condenable para los sectores ultraderechosos, es lo que el Banco Mundial destacaba hace 15 años: que si Nicaragua no caía en los niveles más bajo de pobreza, no era por el fantástico “10% del PIB” y su “gran productividad” que ahora reclaman al Sandinismo: “sin estas remesas la tasa de pobreza de Nicaragua habría llegado a 50 por ciento en 2005, en lugar del 46 por ciento”.

Si la minoría derechista ocupara su “democracímetro” para medir sus propios resultados ¿cómo calificarían la gestión 1999 - 2005? El BM registró:
 “Nicaragua es una economía pequeña, abierta, y vulnerable a impactos naturales y externos. Es uno de los países más pobres de América Latina con un Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita de US$ 1,000 en el año 2006 (…) y una población total de 5.2 millones. Cuarenta y seis por ciento de la población vivió bajo la línea de pobreza en el 2005 (mientras que un 15 por ciento vivió en la extrema pobreza)”.

América

Un breve repaso de lo que acontece en América revelaría que si por eficacia o mediocridad económica se midieran los gobiernos desde hace años, según el macondiano “democracímetro” de los BB, el continente es el paraíso de las “dictaduras”.

La Cepal pronosticó que Perú aumentará un 2.5% en 2017, mientras que el Fondo Monetario Internacional predijo un 1.7%  para Chile.

Es decir, de acuerdo a las “lumbreras” de la derecha ortodoxa, calificar a estos países de “antidemocráticos” es “piropo”, porque si Nicaragua con 4.7% está “peor”, mínimo en esas latitudes esculpen en mármol de Carrara un monumento a Mussolini.

Costa Rica “perdió” su estatus de “reino de la democracia” porque en 2016 tuvo una expansión del 4.3%, que se contraerá en 4.1% en 2017, en tanto Colombia creció un 2.0%.

La  derecha “fans” de Álvaro Uribe, eleva a paradigma de “libertad, democracia y Estado de derecho” al país sudamericano, pero el Papa ve los hechos: “es un país fracturado por los enfrentamientos internos” y necesita “poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad”.

“Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”.

Es una minúscula minoría conservadora la que anhela el retorno a ese nefasto “arquetipo” de sociedad elitista, desgarrada y materialista, causante de los enormes abismos sociales  que pomposamente llama “libertad” y “democracia”.

¿En qué queda, pues, esa falacia de la derecha radical que donde hay “instituciones democráticas sólidas el desarrollo económico es mayor”?  

El FMI y la Cepal podrían responder: el crecimiento en Latinoamérica será del 1.2% o el 1.1%. En cambio, Nicaragua, alcanzará el 5%, señalan economistas no tendenciosos.

Que hace falta más, ¡claro! Pero las democracias de verdad no vienen envueltas en papel periódico ni marinadas en odios viscerales. Están hechas de realidades: el Sandinismo promueve el encuentro, la inclusión socioeconómica y la solidaridad, es decir, el cristianismo. Es lo que hace la diferencia en este siglo: construir un Estado más humano.

Nicaragua, como diría Galileo: “E pur si muove”.