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HONDURAS Y LA SEGURIDAD HEMISFÉRICA

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HONDURAS Y LA SEGURIDAD HEMISFÉRICA
Jesús Dávila, SAN JUAN, Puerto Rico, 2 de Julio de 2009 (NCM) -

La interceptación -probablemente en Caracas con equipo militar- de una señal difundida por satélite desde las Naciones Unidas en Nueva York pone de manifiesto el nivel de la amenaza a la seguridad de todo el hemisferio que ya representa la crisis desatada con el golpe de estado en Honduras.

El tema resulta todavía más grave al tomarse en cuenta que se desoyeron informes de peritaje del propio gobierno de Estados Unidos en los que se advirtió hace más de diez años que la cadena de bases denominadas "puestos avanzados" estaban obsoletas en un continente en el que la prioridad sería el mejoramiento de la economía y la democracia, asuntos a ser atendidos por agencias civiles.

Así las cosas, aún de lograr la comunidad
internacional la rendición incondicional o
negociada de los golpistas hondureños en los
próximos días, la tensión centroamericana ha
inaugurado una situación con repercusiones a
largo plazo.

En primer lugar, se ha puesto sobre el tapete si
EEUU podrá continuar usando sus fuerzas armadas
para promocionar intervencionismos de grupos
militares en los asuntos políticos
latinoamericanos o si reconocerá a las naciones
del continente una zona estratégica propia de
seguridad. El caso de la base de Palmerola es que
a la hora de la verdad no sirvió para garantizar
la seguridad democrática de Honduras ni del resto
de los países de Centroamérica.

Ese desastre en la doctrina de seguridad
militar-civil lo que ha hecho es sumarse a la
cadena de vergüenzas que ha sufrido Washington en
el Caribe, como haber usado la Estación Naval de
Roosevelt Roads para maniobras obsoletas de
bombardeo en la isla de Vieques, con el resultado
de que tuvo que ponerle fin ante las protestas
populares. Otro similar es el de la Estación
Naval de Guantánamo, escenario del oprobio de un
campo de concentración y torturas que hace
recordar los horrores de la Segunda Guerra
Mundial.

En segundo lugar, la utilización de la tecnología
de las comunicaciones para lo que el analista
venezolano Walter Martínez ha denunciado como la
"guerra satelital", ha puesto al periodismo en la
primera línea de fuego en un conflicto
desproporcionado.

La censura a la libertad de prensa no es nada
novedoso en la historia de los golpes de estado,
pero lo ocurrido esta semana en Caracas con la
intervención directa contra Telesur marcó un
nuevo nivel. La interceptación afectó la
transmisión internacional y en la división de
televisión de las Naciones Unidas se le confirmó
a NCM Noticias que la señal salió bien del
edificio de la organización mundial, lo cual
tiende a remitir la pesquisa a Venezuela.

Dos peritos en ingeniería militar consultados
dijeron que en el caso de la interceptación del
discurso del Presidente José Manuel Zelaya ante
la Asamblea General de la ONU el martes pasado,
los pasos evidenciados en los cambios de la señal
corresponden a una operación realizada con un
equipo móvil colocado en la misma ciudad de
Caracas. Uno de ellos, que trabajó en operaciones
similares en la guerra de Kosovo, explicó que
debió tratarse de equipo de alta tecnología sólo
disponible para militares y que además los que la
llevaron a cabo necesitaron información de
inteligencia específica para poder realizarla.

Ambos, sin embargo, advirtieron que si se
evidenciase otros puntos de interrupción no
servidos por Telesur, se trataría de equipos más
potentes que intervinieron la señal en los
propios EEUU o con acceso directo al satélite.

De una forma o de otra, más grave que la
operación misma ha sido que el tema ha pasado
desapercibido en la mayoría de los informes de
prensa que circulan internacionalmente. Eso
apunta a una interceptación más profunda, la de
las señales de la consciencia sobre las cosas que
están pasando.

Se trata de un ambiente muy cargado entre los
propios profesionales de la información, como se
evidenció durante una convención que sostuvo en
Puerto Rico la Asociación Nacional de Periodistas
Hispanos de EEUU apenas días antes del golpe en
Honduras. En la reunión se llevó a cabo un foro
para alegar ataques a la libertad de prensa en
Venezuela que fue percibido como algo tan
parcializado que la mayoría de los cientos de
periodistas que estaban en el salón lo
abandonaron y uno de ellos, un prominente
reportero de Nueva York, dijo que le había
ofendido que se usase la entidad para un acto de
"propaganda anti Chávez".

Nada demasiado raro en tiempos de guerra, según hasta dónde se pretenda llegar.

En el informe marcado GAO/NSIAD-95-39, del 2 de
agosto de 1995, ya se advertía que la base de
Soto Cano en Palmerola, Honduras, había dejado de
ser "crítica" para los objetivos de EEUU en la
región "ahora orientados hacia el desarrollo
económico y la reforma democrática. Los oficiales
militares y funcionarios diplomáticos de EEUU
coinciden en que la aportación militar a estos
nuevos objetivos es incidental y no es razón
suficiente para mantener su presencia", para lo
cual se calculaba que eran más apropiadas
agencias civiles.

Los desarrollos de las economías
latinoamericanas, así como el de proyectos de
integración económica, política y militar de la
propia región -desde UNASUR hasta el ALBA-
demostraron que los analistas de la Oficina de
Contabilidad General (GAO) no estaban muy lejos
de la verdad. De igual forma, las reformas y los
experimentos de democracia participativa
inauguraron una nueva era en Latinoamérica en la
que vibra un mosaico de colores y tendencias, si
bien algunas contradictorias con otras, en las
que se destacan las tendencias de Chile, Uruguay
y Argentina en el cono sur, el poderío de Brasil
y los cambios radicales de Venezuela, Ecuador y
Bolivia, todo lo cual impactó la empobrecida
Centroamérica.

A contrapelo de ese proceso, sin embargo, la
cadena de bases estadounidenses ha continuado
desarrollando programas de activación de los
sectores militares. Poco tiempo antes del golpe
de Honduras varios barcos de la IV Flota se
encontraban en las inmediaciones de Centroamérica
mientras se animaba a los militares de la región
sobre la cooperación que tenían de EEUU para
proteger la seguridad de la zona.

La contradicción estalló en Tegucigalpa y es
prematuro pronosticar hasta dónde llegará.

NCM-SJ-02-07-09-31

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