Los papagayos de la propaganda negra
Managua. Por William Grigsby Vado, Semanario El 19. | diciembre 1, 2008
A lo largo de la historia de la humanidad, una de las armas más eficaces de los pudientes ha sido el rumor para destruir toda posibilidad de perder su poder omnímodo sobre las grandes mayorías empobrecidas, cuya sumisión era fomentada desde las perspectivas religiosas más atrasadas.
Por ejemplo, durante la Edad Media, hace más de 600 años, cuando los campesinos abandonaban masivamente las inmensas haciendas de los
condes y los príncipes para intentar una vida propia sin someterse a los amos feudales, las iglesias construyeron como eje central de la propaganda para evitar la independencia de los miserables (y de paso, la propia pérdida de muchas de sus riquezas), que "la obediencia era
el centro de toda moralidad y la rebelión era el resultado del más terrible de los siete pecados capitales, la soberbia" (Los
Intelectuales en la Edad Media, Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, Argentina).
Muchos años después, cuando el Imperio Británico se hizo del control del mundo, el rumor se hizo el eje fundamental para mantener sometidos
a los centenares de pueblos de Asia, África y América. Los servicios de inteligencia británico lo convirtieron en "ciencia". Pero como
resultado de su propio invento, achacaron su creación a los nazis.
En el diario alternativo español La República, el periodista Ricardo Rodríguez recuerda que "el escritor y cineasta australiano John
Pilger, sin embargo, explicó hace años que los nazis, aún habiendo empleado hasta el delirio la falsedad y la manipulación, no pasaron de
ser meros aprendices de los agentes del Imperio Británico, los verdaderos maestros en la materia. Durante décadas, el Foreign Office
instaló, en aquellos lugares del mundo en los que existían intereses imperiales, oficinas más o menos clandestinas que se encargaban de
elaborar «noticias» que les favorecían y luego lograban insertarlas eficazmente como hechos comprobados en los cables de las agencias de
información de todo el mundo. El fin era, naturalmente, la manipulación, la homogeneización de las informaciones –sólo en
apariencia independientes– y el ahogo de cualquier crítica a la estrategia de dominio de la gran potencia. La elite gobernante en el
Reino Unido fue, de hecho, la primera que adquirió conciencia de la importancia del control de la prensa para la subyugación de las mentes
y la represión de la rebeldía".
Rodríguez también cita un ejemplo estremecedor de cómo la propaganda negra se extendió como eje articulador de todos los servicios de
inteligencia imperialistas: "Igual que otras muchas cosas, después de la Segunda Guerra mundial, EEUU heredó del Imperio Británico en
declive sus altamente desarrollados métodos de manipulación y propaganda. De entre las innumerables hazañas en este campo de la CIA
y del Departamento de Estado, John Pilger destacaba el haber conseguido que ningún medio de comunicación occidental importante
informase sobre la salvaje matanza de casi un millón de militantes comunistas en Indonesia, entre 1965 y 1966, por el gobierno criminal
de Suharto con la imprescindible colaboración estadounidense".
Los nicaragüenses sabemos lo que han hecho en este campo los servicios de inteligencia del imperialismo norteamericano. Desde la época de
William Walker. O con Sandino, a quien bautizaron bandolero. O con los muchachos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, a quienes les
llamaban facinerosos.
La base de la propaganda negra está constituida por dos grandes elementos unidos como un todo: el miedo y la ignorancia. O al revés.
No es una simple injusticia social el analfabetismo como resultado del capitalismo: es la esencia de su dominación. El prócer cubano José
Martí, decía que "ser culto es el único modo de ser libres" y el independentista argentino, Manuel Belgrano afirmaba que "un pueblo
culto nunca puede ser esclavizado".
El sociólogo cubano Ramón Brizuela Roque, afirma que "una «bola» echada a rodar y argumentada cuidadosamente puede parecer una verdad.
Y si hay oídos receptivos con poca capacidad de análisis, entonces el daño fluye. (…) hay personas que hablan antes de informarse, que
demandan sin valorar la justeza de sus palabras... pero a lo anterior se suman los que sí saben lo que hacen, porque reciben indicaciones de
cómo crear problemas en la forma de pensar de las personas y no debemos olvidar que el rumor (o bola) siempre ha formado parte de los
desestabilizadores políticos".
Las fábricas de mentiras sólo han cambiado de nombres. Sus dueños y la esencia de cómo las fabrican, son los mismos. Lo que sí es
sustancialmente diferente, es la manera de transmitir los rumores, las calumnias, las mentiras, y de repetirlas una y otra vez de una y de
mil formas. Antes lo hacían de boca en boca, ahora tienen una auténtica maquinaria mediática (escritos, electrónicos, publicitarios,
Internet). No les ha bastado convertir los hechos y las noticias en otra vulgar mercancía. Ahora son auténticos altoparlantes o masivos
panfletos que repiten una y otra vez lo que los dueños de las fábricas inventan.
Al referirse a una de tantas fábricas de rumores y propaganda negra, la tristemente célebre organización "Reporteros Sin Fronteras",
financiada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, el periodista Rodríguez recuerda que "diariamente, centenares de
columnistas y reporteros repiten como papagayos sus consignas". Los llaman "expertos", "analistas políticos", "periodistas
independientes"... Aquí en Nicaragua, los hay también escritores, pero los principales instrumentos del derrame de patrañas de todo tipo, son
los ex–cualquier–cosa, sobre todo, si algunas vez militaron en el Frente Sandinista. Curiosamente, muchos de ellos renegaron en público
y privado de todos los actos de la Revolución, sienten culpa y vergüenza por aquellos diez años heroicos y reclaman con alaridos
desgarradores la dispensa por sus "errores" de juventud. Trabajan como papagayos para comprar sus carnets de demócratas.
La semana pasada, Bayardo Arce ironizaba sobre el último bautizo: Dora María Téllez es ahora " ex guerrillera y analista política" ya no es
dirigente opositora. "A mí nunca me han dicho analista político; tengo como 20 años de estar hablando de política y todavía no me he graduado
de analista político ¡me ganó la Dora María! ¿Qué hago para que me llamen así, y alcanzar ese título tan sagrado, tan honorable que se
debe oir...?".
La honorabilidad no está vinculada ya a la honradez, ni a la capacidad ni a la integridad personales. Es simplemente una mercancía. Se compra
y se vende. Como lo hizo Rosa Zelaya, después que bendijo el desvergonzado fraude electoral de 1996, le obsequió una diputación
ilegal a su marido y tres meses después le fue a cantar rancheras a su mecenas, Arnoldo Alemán. Pero la "prensa independiente" le llama
"analista y experta en asuntos electorales".
En el sitio Web mexicano "estereofonico.wordpress.com", «Un blog para las joyas de la CIA» (anónimo por razones obvias), se explica que
"todo servicio de inteligencia que se precie, cuenta con un «departamento de desinformación» que dedica sus actividades a filtrar
noticias o documentos falsos a los medios de comunicación, con el único fin de desprestigiar a sus contrarios. A dichas filtraciones se
les conoce con el nombre de propaganda negra y los buenos comunicadores tienen especial cuidado con ella. Regularmente son
oficios sin fecha ni sello de ninguna institución, en donde se cuenta una historia verosímil (pero falsa) sobre determinadas organizaciones
o personajes. No pocas veces, dichos documentos aparecen en los escritorios de los periodistas como un regalo de las «fuentes de
inteligencia». Estos ante ellas tienen básicamente dos opciones: 1] armar una nota mediante el copia-pega de algunos de sus párrafos, para
presentarla como un gran reportaje periodístico, o 2] iniciar una investigación propia que corrobore o desmienta tal información. No es
necesario ser un genio para saber por cuál se inclinan la mayoría de "los trabajadores" de los medios. Desde que al psicólogo y padre de
las relaciones públicas, Edward Bernays, se le ocurrió inventar las famosas notas de prensa (comunicados redactados por la parte
interesada), los periodistas perezosos se multiplicaron y las noticias tendenciosas también".
¿Les gustaría un ejemplo criollo? Lo que hizo el diario La Prensa con Alexis Argüello, tres días antes de las elecciones. Regaron el rumor
de que había sido internado en un centro hospitalario para recuperarse de un repentino malestar. El alcalde electo de Managua lo desmintió.
De poco le importó a los dueños del periódico. Lo repitieron todo el día y los otros papagayos en la televisión y las agencias
internacionales, hicieron lo propio. La semana pasada cambiaron una parte del guión, y ubicaron al tricampeón internado en un centro de
rehabilitación. Apareció fulgurante en el acto de celebración de la victoria, pronunció el mejor discurso de su vida, pero al día
siguiente, desde la oficina de cooperación española en Nicaragua repetían la misma calumnia.
"Podría decirse que la propaganda negra es una especie de gran nota de prensa sin fuente verificable, en donde se mezclan hechos y mentiras
flagrantes, con el objetivo de desprestigiar e incluso criminalizar a un opositor real o potencial. Aunque posteriormente las cosas se
aclararan, la duda y la desconfianza hacia las entidades o sujetos afectados por la desinformación se vuelve una cosa muy difícil de
revertir", dice el blog estereofonico.
El eje rector de la fábrica de propaganda negra en Nicaragua es que el gobierno es una dictadura y el presidente Daniel Ortega es un
dictador. No existe un solo hecho de cualquier naturaleza que fundamente con seriedad semejante definición, pero lo repiten todos
los días, aplicando los once mandamientos de Paul Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi (cualquier parecido con la derecha
nicaragüense, no es pura coincidencia):
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único
enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en
suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si
no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va
dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas
es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra
vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa
frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de
informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el
adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una
mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes
primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de
unanimidad.
La periodista norteamericana, radicada en Venezuela, Eva Golinger, define que "«propaganda negra» no es otra cosa que el uso de los
medios de comunicación para crear matrices de opinión para fomentar divisiones entre grupos, e incluso entre países, con la finalidad de
derrocar un gobierno y justificar las acciones que conlleven a ese fin. Este tipo de propaganda la utilizaron los nazis en la II Guerra Mundial para llevar adelante las arbitrariedades contra el pueblo judío. Mediante estas tácticas se hace ver al presidente Hugo Chávez (¿les suena parecido a Nicaragua?), tanto dentro como fuera de Venezuela, como «dictador, violador de los derechos humanos, responsable de la pobreza de los últimos años y enemigo de la libertad de información». Esta matriz de opinión, destinada a satanizar a Chávez, es difundida por los agentes norteamericanos dentro de su país y en otras regiones del mundo, para crear una imagen distorsionada del presidente venezolano y justificar cualquier acción que quieran emprender contra nuestra nación".
No es casualidad que las fábricas del capitalismo (la mayoría de ellas con sede en Washington y las principales capitales europeas), recurran
ahora a los ex–cualquier cosa que alguna vez fueron izquierdistas "por error" (según confesión propia). El más repugnante de todos esos casos
es el de Joaquín Villalobos en El Salvador, quien fue miembro de la comandancia del FMLN y se autodefinía como "el garante del proceso
revolucionario" farabundista. Hoy, es un triste asalariado de los diarios de la extrema derecha, vive en Londres a costillas de millones de dólares robados a los ex combatientes y asesora a gobiernos como el de Colombia para exterminar a los guerrilleros.
En Nicaragua tenemos ejemplares parecidos. Ustedes pongan los nombres. Todos usan como credencial lo que fueron y no lo que son: ex miembro de la Dirección Nacional, ex comandante guerrillero, ex diputado, ex ministros, ex embajador, ex vicepresidente, ex eso: ex cualquier cosa. No pueden poner lo que son, porque eso no le sirve a nadie, ni a ellos mismos. Usan lo que fueron para denigrar a los que siguen siendo.
La fórmula para combatir la propaganda negra, tampoco ha variado. Simplemente la verdad. Lo dijo Pedro Aráuz Palacios, el comandante
Federico, en una entrevista otorgada a un diario hondureño poco antes de caer combatiendo a la guardia somocista el 17 de octubre de 1977:
"la política de la verdad, es la política de la Revolución".
El extraordinario luchador antifacista y gloria de la humanidad Bertolt Brecht decía que "hoy, aquel que quiere combatir la mentira y
la ignorancia y escribir la verdad, debe vencer al menos cinco dificultades. Le hace falta el coraje de escribir la verdad, cuando en
todas partes la ahogan; la inteligencia de descubrirla, cuando en todas partes la esconden; el arte de hacerla manejable como un arma;
el juicio para escoger aquellos en cuyas manos será eficaz; la astucia para propagarla entre ellos".
Y Ricardo Rodríguez recuerda la manera de cómo difundir esa verdad "hoy como en el pasado, es posible incluso desvelar los trucos de la
propaganda negra, por medio de la organización popular, el ejercicio de la crítica libre y la constitución de redes alternativas de información y debate público sin cortapisas. Las extraordinarias movilizaciones contra la invasión de Iraq que todos vivimos hace pocos años lo demostraron, como antes lo había demostrado la derrota del nazismo, que pretendía edificar nada menos que el Reich de los mil años. Al fin y a la postre, ningún engaño dura para siempre".