¿Qué ha pasado con la oposición política de derecha en Nicaragua?

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Tortilla con Sal, 16 de Junio 2016

¿Cómo es posible que la derecha esté tan mal en Nicaragua? Mucha gente en el extranjero no conoce lo que ha sucedido en el plano político nacional los últimos años. Por eso no se pueden explicar por qué la oposición política de derecha va tan mal ni tampoco por qué el gobierno de Daniel Ortega y su equipo ministerial ha tenido tanto éxito. Por un lado las políticas sociales y económicas del gobierno tienen apoyo masivo. Por otro lado, el sentir general es que el principal motor del desarrollo económico en el país es el sector privado.


Desde mediados de 2013, una consistente mayoría de entre 50 y 60% de la población se ha posicionado a favor de enrumbar al país hacia el Socialismo del Siglo XXI. (Fuente: M&R Consultores, Marzo 2016)

Sin embargo, más de 80% de la gente piensan que el sector privado es el principal motor del desarrollo económico
(Fuente: M&R Consultores, Marzo 2016)

En ese contexto vale la pena notar que un 70% de la población del país en el sector de la economía familiar, comunitaria, cooperativa y asociativa producen un 63% del Producto Interno Bruto. Esto podría explicar las opiniones aparentemente contradictorias sobre el modelo económico en el país, ya que son las políticas socialistas del gobierno que han fortalecido y consolidado la economía popular a nivel de base que ha aportado de manera despropocionadamente más al crecimiento del PIB en Nicaragua, un crecimiento excepcional en términos regionales, que los intereses mucho más ricos de la empresa privada convencional.

Más de la mitad del electorado en Nicaragua se declaran simpatizantes del FSLN, mientras que el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo cosechan cifras de aprobación del 70 u 80 por ciento; en materia de votos, las encuestas arrojan una sólida victoria sandinista por un 60% o más. El apoyo explícito a los partidos de la derecha apenas llega al 10%; los líderes que generan más rechazo que aprobación son los de la derecha y los menos conocidos son también los de la derecha. Existe una cantidad importante de personas (más o menos un 35%) que se declaran “independientes”, es decir que no se consideran ni sandinistas ni liberales, y que a la hora de votar no garantizan un apoyo a la derecha, sino que con toda seguridad dividirán su voto entre el FSLN, los liberales y la abstención.

El apoyo al sandinismo ha sido mayor que el 50% desde hace años, mientras el apoyo a los partidos de la oposición ha sido menos del 10%. Y el importante grupo "independiente" no es mayoritariamente oposicionista. (Fuente: M&R, Marzo, 2016)

Desde fines de 2011, más de 70% de los nicaragüenses se declara satisfecho con el funcionamiento de la democracia en el país. Hoy en día es más del 80%.
(Fuente: M&R Marzo, 2016)

En el último discurso del Comandante Daniel, durante el Congreso sandinista, el dirigente anunció que no se permitirán observadores internacionales de ningún tipo en los comicios de noviembre, aunque sí la presencia de acompañantes, no como jueces sino como facilitadores del proceso electoral.

Esta decisión, basada en el hecho de que existe una campaña contra todos los gobiernos de izquierda a nivel continental, pero aún más en el hecho de que la institucionalidad de Nicaragua descansa sobre bases y consensos propios, y no es dependiente de la aprobación exterior, cuenta con la oposición de una gran mayoría del pueblo nicaragüense. Según las últimas encuestas, hasta un 83% de las y los nicaragüenses estaría deseando que hubiesen delegaciones internacionales observando el proceso electoral.

Sin embargo, y a pesar de la oposición que enfrenta, esta decisión del Gobierno de Nicaragua estamos seguros que no erosionará las bases de su apoyo, que se asientan sobre consensos ampliamente compartidos en los temas considerados como más importantes para la población. Las encuestas de diverso signo (Gallup, Borge & Asociados, M&R, Mitofsky...) tienen ya prácticamente años de arrojar un panorama consistente de apoyo a la gestión sandinista:

La tendencia en el apoyo al Frente Sandinista y a la oposición es consistente, independientemente de la encuestadora. Esta es la tendencia que arrojan los estudios de CID GALLUP hasta la fecha.

De igual manera, CID-Gallup demuestra que el presidente Daniel Ortega es el más popular desde que se realiza este tipo de estudios en Nicaragua.

Desde 2007 hasta la fecha no ha pasado un solo día sin que la derecha conspire, solo el año pasado asesinaron a cuatro activistas y dirigentes locales del FSLN por motivos políticos. En julio de 2014, cinco personas fallecidas y otras 24 heridas resultaron de un  cobarde e inhumano ataque a mansalva con armas de fuego a una caravana de buses que se encontraba transportando a mujeres y jóvenes de regreso a San Juan de Limay, Estelí, tras celebrar pacíficamente en Managua el 35 Aniversario de la Revolución.

cobarde ataque
El bus luego del ataque. Foto: El 19 Digital

Pero a ninguno de esos hechos y otros similares se les permitió afectar el funcionamiento del país. Al identificarse con soluciones violentas, la derecha se ha hecho a sí misma irrelevante.

Es cierto que es una derecha muy débil políticamente, pero también lo es porque se le ha venido derrotando a pesar de condiciones muy desfavorables.Una clave de esta derrota ha sido la de no caer en sus provocaciones violentas.

Nicaragua está expuesta a prácticamente el mismo bombardeo mediático que el resto de países de América Latina.

En el terreno de las nuevas tecnologías, Nicaragua es el país con uno de los mayores crecimientos en el área de la telefonía celular. Es un país muy pobre, es cierto, pero no por ello desligado de la realidad contemporánea.

Sólo basta ojear un número del diario La Prensa o escuchar por unos minutos emisoras como Radio Corporación para darse cuenta de que el nivel retórico de la derecha nicaragüense no se queda atrás de ninguna otra derecha latinoamericana, más bien al contrario: el tipo de insultos y visiones demonizadoras que se transmiten, especialmente sobre el Comandante Daniel Ortega y la dirigente Rosario Murillo desde esos y otros medios son del mismo nivel o incluso peores que las que se dirigían contra Hugo Chávez, o las que actualmente se dirigen contra Nicolás Maduro, Evo Morales o Rafael Correa.

Ante semejante nivel de agresión, la respuesta del Frente Sandinista (basada, entre otras cosas, en la experiencia de los años 80) ha sido la de no caer en la trampa de la polarización: Para resolver el problema de la mayoría política (el FSLN llegó al poder en 2007 con 37% de los votos y tuvo que trabajar duro para llegar al 63% en el 2011), el Frente Sandinista fue abandonando las luchas callejeras (sin por ello abandonar las calles) en beneficio de un compromiso masivo con resolver los problemas de la gente: Durante todos estos años, brigadas masivas de jóvenes se han estado involucrando activamente en el trabajo social, en la distribución de alimentos a los sectores más pobres, en la lucha contra las enfermedades como el dengue y el chikungunya, en la protección del medio ambiente y en la promoción de actividades culturales y deportivas entre los jóvenes.

Un elemento muy importante de la polarización ha sido el terreno de la ideología. Se debe recordar que en los años 80, la guerra que desangró al país (se calculan 150,000 víctimas entre heridos y muertos, algo que en un país de entonces 3,5 millones de habitantes fácilmente es comparable con la actual guerra de Siria), tuvo entre sus focos la confrontación ideológica: Tanto Reagan como el Papa Wojtila hicieron explícito el carácter de cruzada que para ellos tenía la guerra en Nicaragua. Ante esta experiencia, y ante los traumas sociales que causó ese tipo de confrontación, la actitud actual del FSLN ha sido la de descomprimir en vez de subir la presión.

Si bien existen espacios de discusión y análisis revolucionarios, en lo que respecta a la comunicación de masas se ha optado por medios que no confronten directamente el modelo de comunicación neoliberal prevaleciente pero que, por un lado, estén libres de la propaganda de odio antisandinista y, por otro, paulatinamente vayan introduciendo otros elementos. Se ha rescatado el canal estatal de televisión (Canal 6), tratando de difundir producciones de calidad, con tendencia progresista y sandinista pero sin caer en el partidismo excluyente ni en el tono polémico.

En las redes sociales se ha ido abandonando progresivamente la polémica y se la ha reemplazado con la comunicación y la información positivas. Fenómenos como los de los "trolls" por lo general son pasados por alto, una estrategia que ha mostrado ser efectiva, no en el mundo virtual, sino en el real.

Pero además de haber sido enfrentada con políticas acertadas por parte del FSLN, la derecha antisandinista es el reflejo de las propias debilidades de la burguesía nicaragüense y del imperialismo.

En los 80s, el gran capital en bloque boicoteó a la Revolución. Las grandes familias capitalistas dejaron de invertir y abiertamente sabotearon el proceso de cambios que estaba teniendo lugar en Nicaragua. Le dieron la espalda al país y se dedicaron a hacer dinero especulando en paraísos fiscales o en otros países centroamericanos.

Liberada del yugo del monopolio que ejercía la familia Somoza sobre la mayor parte de la economía, la gran burguesía nicaragüense se comenzó a regionalizar a la vez que esperaba que la revolución llegase a ser derrocada para ellos recobrar - y reclamar - su poder. Al mismo tiempo, la mayor parte de la clase política de derecha, comandada por los sectores que directamente se habían beneficiado del contubernio libero-conservador del somocismo, vivía de las ayudas y el tutelaje de los Estados Unidos dentro del marco de la guerra Contra.

Al derrocar a la tiranía somocista el 19 de julio de 1979, la Revolución Popular Sandinista tuvo el paradójico efecto de crear las condiciones para un cierto desarrollo capitalista endógeno del país. El tumor somocista, que gracias al monopolio ejercido por la dictadura sobre importantes sectores de la economía y sobre la administración del Estado, impedía la competencia entre los capitales, fue extirpado por la insurrección popular. Esto liberó a la burguesía no somocista para perseguir sus propios proyectos de acumulación, supeditados al imperio occidental, sí, pero no al punto de renunciar a sus propios intereses como élite.

La nicaragüense es una burguesía altamente oportunista, relativamente dependiente de los centros de poder económico, con vocación centroamericana, compuesta por diversas facciones y crónicamente dividida: Sabe que le costaría mucho proponer y defender un proyecto propio de país que como clase social no fue capaz de construir en 200 años de historia. Además, la dependencia de la clase política de derecha de los fondos de injerencia de los Estados Unidos y de los países de la Unión Europea dificultan aún más la construcción de un partido burgués fuerte en Nicaragua.

Uno de los legados más importantes del decenio revolucionario de los años 80s en Nicaragua fue, aparte de la fundación de un ejército, una policía y una Constitución verdaderamente nacionales, la construcción del partido político de las clases populares: El Frente Sandinista de Liberación Nacional. A pesar de perder el poder en las elecciones de 1990, el FSLN siguió siendo el mayor y mejor organizado partido político del país.

Tras la derrota de 1990, los Estados Unidos y la derecha política trataron por todos los medios de destruir al Frente Sandinista, pero no lo lograron: Por su falta de contacto con la realidad del pueblo nicaragüense fueron erosionando sus propios instrumentos políticos de derecha hasta llegar a la situación en la que se encuentra hoy en día.

A lo largo de los años, el Frente Sandinista ha sabido maniobrar, dividir y aislar a los sectores más recalcitrantes de la derecha política y en gran medida ha logrado encausar a los otros sectores por un camino productivo más cercano a las necesidades de la sociedad:

Ha logrado incorporar a amplios sectores de la base campesina de la Contra (y a muchos de sus antiguos dirigentes), ha logrado establecer alianzas con sectores del catolicismo que antiguamente eran enemigos jurados del sandinismo, ha logrado establecer alianzas con las iglesias evangélicas que han tenido un crecimiento acelerado en las últimas décadas, ha logrado llegar a un modelo de entendimiento con la propia clase capitalista.

Pero además, el Frente Sandinista ha venido construyendo las bases de un nuevo poder socioeconómico: el de los productores directos libremente asociados para controlar sus medios de producción:

En Nicaragua, la propiedad asociativa, cooperativa y familiar, cuya lógica económica no se basa en la reproducción del capital sino en la satisfacción de las necesidades humanas, responde por el 63% del PIB y por más del 70% de la fuerza de trabajo: Produce la mayor parte de los alimentos, produce carne, leche, café, maneja sectores como el transporte colectivo, controla enormes mercados populares por los que se mueven cientos y cientos de millones de dólares al año, tiene bancos cooperativos con decenas de miles de miembros y en la actualidad desarrolla estructuras solidarias de comercialización y distribución con los sindicatos de trabajadores del sector "formal" de la economía.

El sector de la economía social en Nicaragua no es dependiente de la burguesía, por el contrario, es capaz de resistir eventuales boicots y sabotajes de ésta. Buena parte de su capital viene de las remesas que los propios trabajadores emigrados envían a sus familias, de las que una considerable fracción termina siendo convertida en consumo productivo para la economía popular.

La gran burguesía nicaragüense se debate entre las promesas del emergente orden multipolar y los cada vez más dudosos beneficios de su dependencia de los Estados Unidos y los intereses transnacionales. Además, se debate entre la necesidad de un proyecto de país que no ha sido capaz de construir en 200 años de historia, y la imposibilidad de lograrlo ante la existencia del "convidado de piedra" de la historia: las clases populares políticamente organizadas. Para colmo de males, el "convidado de piedra" tiene la llave de la gobernabilidad, la estabilidad y la prosperidad material, tanto la del país en su conjunto como la de la propia burguesía.

En estos días, el partido más extremo de la extrema derecha, el PLI bajo la conducción de Eduardo Montealegre en alianza con figuras de la "sociedad civil" del imperio, recibió un golpe formidable a su ya muy debilitado andamiaje: Perdió la representación legal de su partido (el PLI), la que había obtenido de manera fraudulenta hace varios años y que venía siendo contestada por otras tres facciones. Esta semana, la Corte Suprema de Justicia decidió fallar a favor de una de las facciones (por cierto, la menos vendepatria), desatando la ira de Montealegre y del "partido de papel", el diario La Prensa. Ahora el PLI tendrá que realizar un congreso verdaderamente democrático y la conspiración de la cúpula de Montealegre de cara a las elecciones de noviembre, en la que esperaban montar un show mediático con ayuda del inefable Almagro en la OEA, se verá gravemente afectada.

La gran burguesía se lamenta de la actuación "politizada" de la Corte Suprema de Justicia que eligió justamente un año electoral en el inicio de la campaña para emitir un fallo que llevaba varios años engavetado. Sin embargo, la propia burguesía sabe que el PLI bajo la conducción de Montealegre se había convertido en un lastre para su propio proyecto, ya que estaba totalmente marginado de la realidad nicaragüense, reducido a pequeños grupos de liberales rabiosamente antisandinistas.

Lo cierto es que estos pleitos intraderechistas tienen sin cuidado a la gran mayoría de las y los nicaragüenses, sean o no simpatizantes del Frente Sandinista, que por su parte ha sabido encarnar los grandes consensos de la Nicaragua real de hoy. He ahí nuestro análisis de la anemia estructural que aqueja a la derecha nicaragüense.