Militarismo y globalización : inflación + déficit = guerra.
por toni solo.
Los gobiernos, bancos centrales y corporaciones financieras del Bloque
Occidental se han hecho rehenes de una dinámica inflacionaria para
sostener su imperialismo militarista. Los países de Europa y del
Pacífico actúan solidariamente política, financiera y económicamente. A
cambio, Estados Unidos sirve como el matón a sueldo global de sus
aliados en Europa y el Pacífico.
La Tesorería estadounidense, la Reserva Federal y las corporaciones
financieras trabajan en conjunto para aumentar la oferta de dólares.
Devalúan el dólar deliberadamente. Por medio de intervenciones en los
mercados, sus contrapartes en Europa y el Pacífico apoyan a EEUU para
estabilizar el sistema. Mantienen sus monedas en una relación de cambio
sostenible, lo que contribuye a un equilibrio conveniente en el
comercio y en las finanzas del sistema para así apoyar a EEUU en su
déficit presupuestario y de cuenta corriente.
El petróleo, el dólar y el euro.
Mientras el dólar cae, el precio del petróleo tiene que subir para
garantizar a los productores los márgenes adecuados de operación y
comercialización. Una comparación de la tendencia de la tasa de cambio
del dólar contra el euro con la tendencia del precio del petróleo desde
2006 hasta 2008 muestra una correlación sorprendentemente uniforme
entre las dos. De una relación con el euro en enero 2006 de
aproximadamente US$1.21, el dólar se situó en aproximadamente US$1.45
en enero de 2008. Durante el mismo período, el precio del petróleo
subió con una tendencia similar desde alrededor de US$60 hasta
alrededor de US$100. En promedio, por cada centavo que el dólar perdió
contra el euro, el precio del petróleo subió algo menos de US$2 .
Si se miran las cifras del precio del petróleo y del dólar respecto del
euro desde enero de 2007 hasta abril de 2008, se puede ver que la
tendencia vuelve a ser aun más uniforme y que continúa más
intensamente. El dólar estadounidense cayó respecto del euro desde 1.35
en abril de 2007 hasta casi 1.57 un año más tarde. Durante el mismo
período el precio del petróleo subió desde alrededor de 63 dólares
hasta alrededor de 132. Groso modo, un aumento medio de US$3
en el petróleo por cada centavo de pérdida en el valor del dólar
respecto del euro.
Las autoridades estadounidenses van a seguir devaluando el dólar. Lo
harán para financiar el gasto militar, entre otros componentes del
déficit presupuestario del gobierno, para disminuir el déficit
comercial y para impedir la quiebra de sus bancos y corporaciones
financieras insolventes.
Si es cierta la hipótesis de una conexión directa entre el precio del
dólar respecto del euro y el precio del petróleo, entonces, en
diciembre del año en curso debe de verse el dolár caer respecto del
euro hasta alrededor de US$1.70 o US$1.75 y el precio del petróleo
subir hasta US$170 o US$180. Un ataque contra Irán o una provocación
grave contra Venezuela seguramente haría mucho más aguda esa tendencia
que dura ya más de 30 meses.
Si la especulación es el factor determinante en el auge del petróleo,
¿por qué es la tendencia del precio del dólar respecto del euro tan
parecida a la tendencia en el precio del petróleo? El precio del
petróleo sigue al declive del dólar, no al contrario. Aún si la
especulación es un factor importante, en unos momentos más que en
otros, es algo que complementa una tendencia existente. El déficit
presupuestario y de cuenta corriente de EEUU no van a cambiar mucho a
corto plazo. Mientras la presión inflacionaria aumenta, en algún
momento, probablemente en la primera parte de 2009 sino en el segundo
semestre de 2008, las tasas de interés van a subir más o menos
abruptamente para contrarrestar el fenómeno de la hiperinflación.
Cuando eso suceda, podría señalar el final de la correlación aparente
entre el precio del petróleo y la caída del dólar estadounidense contra
el euro. Un revés en el precio del dólar, el euro, el petróleo y en las
tasas de interés no influirá en la política exterior del Bloque
Occidental. Es cien por cien seguro que el ancien regime del Bloque
Occidental mantendrá su militarismo para promover la globalización
corporativa. Tanto el sistema europeo como el sistema estadounidense
parecen ser rehenes ahora de procesos inflacionarios que resultan del
colapso de sus burbujas de crédito y de bienes y las secuelas de este
colapso en el crecimiento.
Promueven la inflación para fomentar la guerra
El Banco Central Europeo habla de la batalla contra la inflación con el
mismo nivel de credibilidad que sus homólogos estadounidenses hablan de
un dólar fuerte. La verdad es que el sistema financiero del Bloque Occidental está preso de una presión inflaconaria fatal. Las
autoridades estadounidenses son incapaces de terminar sus guerras
o de recortar su gasto militar grotesco para poder manejar su
déficit. Por su impotencia para influir o por falta de voluntad para
hacerlo, sus aliados contribuyen a mantener esta situación.
Con la plutocracia estadounidense renuente a terminar sus guerras, lo
más probable es que van a intentar a desmantelar la seguridad social y
los programas sociales relacionados para intentar controlar el déficit
presupuestario. Es seguro que las y los plutócratas corporativos no van
a aportar nada. No importa quién gane la presidencia en noviembre - las
guerras, el militarismo, el descarado bienestar corporativo van a
seguir más fuerte que nunca. Si no pueden sostener el auge
inflacionario en la oferta de dólares, entonces profundizarán su guerra
contra los empobrecidos y disminuirán a la clase media. Se enfrentarán
a la oposición a sus políticas por medio de una manipulación de "la
guerra contra el terrorismo".
En Europa, los gobiernos dirán a la gente que ya no es posible mantener
los acostumbrados niveles de bienestar, de jubilaciones, de seguro
médico. Sin embargo, siempre habrán suficiente recursos para cumplir
con los compromisos con la OTAN, para tropas y material en Afganistán,
para las fuerzas europeas que protegen a Israel frente a Hizbollah en
el Líbano y para diversas intervenciones militares bajo pretextos
variados en África. Habrá recursos para apoyar una intervención
estadounidense contra Irán y Siria, contra
Hizbollah, quizás contra Venezuela.
Los medios corporativos nos siguen informando de las muy buenas
intenciones de los líderes del Bloque Occidental. Pero parece ser claro
que la
correlación sospechosamente uniforme entre el precio del dólar respecto
del Euro
y el precio del petróleo implica que estos líderes están
fomentado de una
manera deliberada la inflación que está destruyendo las economías de
países vulnerables en todo el mundo. ¿Por qué hacen eso si no es para
sostener
su poder y privilegio neocolonial por medio de la globalización
corporativa respaldada por la fuerza militar?
Desde los acuerdos de Bretton Woods, los gobiernos del G7 han trabajado
en conjunto cada vez más estrechamente para planificar la estrategia
económica y su puesta en práctica. Confeccionan resultados que protegen y promueven
los intereses de sus elites corporativas. Sus medios corporativos llaman a esto "libre mercado".
Déficit por cuenta corriente
En su memorandum de junio de 2005, el Comité Conjunto Económico del
Congreso afirmó: "Sin un incremento del ahorro nacional, cualquier
reducción en
el déficit por la cuenta corriente se verá acompañada de una reducción
en
la inversión nacional que perjudicaría el futuro crecimiento." Entre
las recomendaciones del Comité está la de una reducción del déficit
presupuestario. Sin embargo, el déficit presupuestario estadounidense
ha empeorado aún más desde 2005.
Mientras tanto, con sus masivas reservas de deuda del gobierno
estadounidense, China, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Taiwan y los
países europeos,
siguen permitiendo al gobierno estadounidense manejar un gran déficit
presupuestario sin altas tasas de interés. Puesto que el ahorro en
Estados Unidos ha
sido muy bajo durante mucho tiempo, las autoridades estadounidenses
dependen
de los ahorros extranjeros para sufragar la inversión necesaria para
mantener el crecimiento. Actualmente, la capacidad del país de mantener
aún un crecimiento mínimo depende del enorme déficit por su cuenta
corriente.
En enero de 2007 analistas del prestigioso Peterson Institute dijeron
en su testimonio al Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes:
"Hemos llegado a depender tanto de los ingresos adicionales de grandes
cantidades de dinero extranjero, que cualquier revés importante en los mismos tendría
secuelas significativas para nuestra economía." Las secuelas a las que
se refieren son una inflación sin crecimiento - la estanflación - y la
recesión,
que ya están apareciendo. La respuesta en la política exterior del
régimen de Bush y de los demás líderes de la plutocracia con dos cabezas que rige
en los EE.UU. ha sido aumentar el déficit presupuestario con mayor gasto
militar.
Junto a ese militarismo se da una política monetaria que fomenta la
inflación por medio de una devaluación del dólar, parte de la cual consiste en un
esfuerzo para disminuir el déficit comercial. Pero el aumento en las
exportaciones no va acompañado necesariamente de una disminución en las
importaciones a mediano o largo plazo. Mientras el capital extranjero
compra activos estadounidenses, esa misma inversión debe estimular las
importaciones. También podría afectar negativamente el hecho de que la
inversión extranjera en los EE.UU. implica una menor inversión en los
países que invierten por su parte en EEUU.
En un informe de la Reserva Federal, "Why Dollar Depreciation May not
Close the US Trade Deficit", ("¿Por qué el déficit comercial de Estados
Unidos podría no disminuir con una depreciación del dólar?"), Linda
Goldberg y
Eleanor Wiske Dillion señalan tres cosas. Se factura un 92.8% de las
importaciones a EE.UU. en dólares, no en moneda extranjera. Las autoras
observan también que las empresas extranjeras podrían mantener sus
precios
bajos para no perder su cuota del mercado. Además señalan que los
costos del transporte y de la distribución adentro de EE.UU. se pagan en dólares.
Escriben: "Juntos, estos tres factores sugieren que, si todo lo demás
sigue igual, es posible que no veamos una subida significativa en los precios
de las importaciones de tal magnitud que presionaría a los consumidores
estadounidenses para cortar su consumo de bienes extranjeros y
sustituirlo por compras de bienes producidos localmente. Lo más probable es que una
mejora en la balanza comercial debido a una depreciación del dólar se
conseguirá por medio de más compras de bienes estadounidenses
nuevamente a precios competitivos en el extranjero. Sin embargo, si los
patrones de consumo nacional no se "re-equilibran" de una manera que se
alejen de
las importaciones, el ajuste total en el comercio estadounidense
después de
la depreciación del dólar podría alejarse significativamente de las
expectativas".
De déficit a guerra
El déficit comercial es sostenible como parte del déficit por cuenta
corriente mientras los extranjeros sigan comprando deuda estadounidense en
cantidad suficiente. Mientras el dólar cae, el valor de activos estadounidenses
en el extranjero sube. Los ingresos generados por aquellos activos hace más
fácil
controlar la gigantesca deuda externa de los Estados Unidos. Pero
quizás no a un grado suficiente para equilibrar la reacción negativa de, entre
muchas otras cosas, el fracaso de las negociaciones comerciales de la Ronda de
Doha, el rechazo por parte de los EE.UU a cumplir sus obligaciones con el
medio ambiente, las ocupaciones militares de Irak y de Afganistán y el apoyo
del gobierno de las EE.UU. al lento genocidio contra los Palestinos.
La hipocresía del Bloque Occidental con respecto a los subsidios
nacionales, hace que otros países sean menos proclives a abrir más sus economías y
vender sus activos, su patrimonio, a las corporaciones transnacionales. Fuera
de los países del Bloque Occidental y sus títeres regionales, las actitudes
hacia la hipocresía de esos países recorre toda la gama desde el escepticismo y
el desprecio hasta el rechazo. Quizás los ejemplos más evidentes son Cuba,
Irán y Venezuela.
Eso contribuye a la lógica imperialista que conduce a los Estados
Unidos a intensificar su bloqueo contra Cuba, a amenazar a Irán y a
amedrentar a
Rusia con instalaciones militares cerca de sus fronteras. Las tropas
estadounidenses no van a salir de Irak o Afganistán hasta que la
resistencia les obliga a irse. En América del Sur el Comando Sur ya ha
señalado,
con el bien conocido Plan Balboa, sus intenciones de usar las tropas y
paramilitares
Colombianos como infantería para atacar a Venezuela con el apoyo de la
aviación y la marina estadounidense. En el este de Europa, los EE.UU.
han provocado a Rusia para que aumente su gasto militar, lo que
hace
recordar la
guerra fría.
Si se produce, un ataque contra Venezuela será considerado como un
nuevo asalto imperialista sobre los recursos de América Latina para
ponerlos definitivamente al servicio de los países del Bloque
Occidental. Será
una
apuesta arriesgada sobre el alcance de los cambios en las relaciones
internacionales y regionales en América Latina en la última década. La
reacción probablemente será muy diferente a la resignación impotente
con la
que la región saludaba las agresiones estadounidenses de los años
ochenta. Pero quizás no será una diferencia tan importante como para impedir que
EEUU consiga los resultados deseados de su desesperada agresión.
Es notorio el estado muy deteriorado de la economía doméstica
estadounidense. Las amenazas contra Irán y Venezuela parecen estar
dirigidas hacia
China, que es un cliente muy importante de gas y petróleo de Irán y de
Venezuela respectivamente. La plutocracia estadounidense quizás ha
calculado que
los beneficios de una agresión abierta contra dos proveedores de
energía a
China superan a sus posibles costos. Quizás han calculado, posiblemente
con
razón, que los líderes chinos - y brasileños - pondrán los beneficios a
su
propio imperialismo del estatus quo económico por encima de la
solidaridad
contra el imperialismo estadounidense.
La plutocracia estadounidense apoya al régimen Bush con todo su
militarismo, cinismo y sadismo. Es evidente que juntos están preparando
una guerra contra Irán y otra contra Venezuela, sin importar el perjuicio al pueblo
estadounidense. Su gasto militar sin precedentes en el mundo y su red
internacional de bases militares demuestran que no tienen ningún deseo
de controlar los déficits de manera que beneficie al ciudadano medio de
EEUU.
Como verdaderos fascistas que son, parecen estar comprometidos con la
idea de un "blitzkrieg", un golpe violento y agresivo para desprenderse de
todos sus problemas y dejar al Emperador del Norte George W. Bush como Balboa
sobre ese cerro en Darien sobre el que escribió John Keats, dueños de todo lo que
miran. Para esa gente, la negociación, como el ahorro, está muy por
debajo de lo que corresponde a un Superman corporativo con el que se identifican.
Bush y sus mercaderes de guerra parecen decididos a hacerse un camino a
bombazos hacia las condiciones que les permitan un control más cómodo del
deficit por cuenta corriente de los Estados Unidos.
Consuela poco saber que Pedrarias Davila ejecutó a Balboa por
conspiración. La globalización corporativa en beneficio de las empresas transnacionales
del Bloque Occidental es el motivo decisivo que impulsa la política
exterior e interior de los Estados Unidos. Si las elecciones presidenciales
suceden como está previsto en noviembre del año en curso, no importará qué facción
de la plutocracia con doble cabeza gane. Sea quien sea, siempre estará
comprometido con la dinámica de la globalización corporativa contra los estados
soberanos e independientes. Aún sin la insistente presión israelí, los temores de
un ataque contra Irán están sobradamente fundados. Es dudoso que uno
contra Venezuela se haga esperar mucho tras éste.
toni escribe para tortillaconsal.com
gracias a Agustin Velloso por revision y comentario, los errores que
quedan
son del autor