Crisis del imperio : amanecer del ALBA
La
crisis en Estados Unidos y Europa más que una crisis económica, es una
crisis moral y política. Tiene sus orígenes en la desintegración de la
Unión Soviética. Desde aquel entonces, el imperio ha promovido con
prepotencia y cinismo el oscurantismo del "mercado libre" y la falsedad
del "libre comercio" bajo la lema de “globalización”.
De hecho,
se profundizó aún más todavía la corrupción del sistema capitalista.
Los intereses financieros y corporativos compran políticos por medio de
apoyo para las campañas electorales. En efecto compran las leyes que
requieren. Las actuales campañas electorales de Obama y McCain se
financian en su mayor parte por el sector financiero y empresarial.
En
contraste a la incapacidad y falsedad del agotado sistema capitalista,
en América Latina se plantea el ALBA. La prepotencia y corrupción del
capitalismo despiadado se combate con la cooperación y la solidaridad
de un mercado justo. Mientras Estados Unidos y Europa se ahogan en el
oscurantismo y la mentira, los países del ALBA en América Latina
construyen una alternativa de luz y verdad.
La crisis
Incapaz
de sostener la rentabilidad que quiere por medio de la producción
industrial y agropecuario y el comercio, el capitalismo occidental ha
promovido una economía mundial de avaricia basado en la especulación.
El problema fundamental ha sido una inflación irracional de los valores
de bienes, principalmente los bienes y raíces. Sobre esa inflación de
valores se levantó una enorme pirámide invertida de deuda.
Cuando
los bienes originales pierdan su valor, la estructura colapsa.
Actualmente, los valores del mercado de bienes y raíces en Estados
Unidos y en Europa siguen cayendo. Quienes apostaron que los precios no
iban a caer, e hicieron transacciones imprudentes en base de aquella
apuesta, ya no pueden saldar sus deudas.
Para sanar sus
cuentas, las empresas y bancos del sector financiero tienen dos
alternativas. Pueden reconstruir su capital por la venta de acciones o
pueden admitir sus pérdidas e incluirlas en su balance general. Pero
pocas inversionistas van a comprar acciones en un banco de solidez
sospechosa. Y las deudas son tan enormes que si se reconocieran en el
balance general sería admitir la bancarrota.
El régimen Bush
ha propuesto un plan de rescate que apoya a sus compinches financieros.
Pero no ayuda adecuadamente a los bancos a reconstruir su capital.
Tampoco ayuda a los millones de familias que podrían perder sus casas.
Todo resulta de la gigantesca deuda que se montó fraudulentamente sobre
una base de capital inadecuada.
Orígen de la crisis
Bajo
los gobiernos de Bill Clinton, se confundieron las funciones del sector
financiero. Clinton aprobó la destrucción del Acta Glass-Steagall que
prohibía a los bancos especular como si fueran casas de inversión. Bajo
el gobierno de George W. Bush en 2000, el colapso de la burbuja
especulativa en las nuevas tecnologías inició la corrupción definitiva
del sistema. Fue señalada por el colapso del fondo de inversión LTCM y
por los escándalos de Enron y Worldcom en Estados Unidos y de Parmalat
en Europa.
Para inflar la economía estadounidense de nuevo,
desde 2001 y por más de un año, se mantuvieron las tasas de interés por
debajo del nivel de la inflación. Se provocó una explosión del crédito
sin precedentes. El fenómeno se replicaba en Europa. Desde 2004 las
entidades reguladoras permitieron a las cinco grandes casas de
inversión de Wall Street prestar hasta más de 30 o 40 veces de su
capital.
La Reserva Federal bajo su director Alan Greenspan, “El
Rey Burbuja”, aumentaba la oferta del dólar mucho más que la tasa de
crecimiento de la economía podía justificar. Además, George W. Bush
hizo estallar el déficit presupuestaria para pagar sus guerras en
Afganistán e Iraq y el desmedido gasto militar en general. Desde hace
años, la economía estadounidense depende de la compra de la deuda
oficial, principalmente en la forma de bonos tesoreros, por los
gobiernos y otras entidades extranjeras.
Eso permite financiar
el déficit comercial estadounidense y así controlar las tasas de
interés domésticas. Ese proceso también depende de la aceptación del
dólar como moneda de reserva internacional. El mundo requiere dólares
para comprar materias primas, especialmente el petróleo, que se cotizan
en la moneda estadounidense.
Tecnología y complejidad
Todos
estos factores económicas se complicaron porque las transacciones
financieras ahora se hacen por computadora. Lo que antes ocupaba mucho
tiempo para procesar y completar, ahora se hace en segundos. La
explosión del crédito junto con las nuevas tecnologías permitió
transacciones globales muy complejas, entre éstas la venta de productos
financieros derivados del crédito que supuestamente eliminaban el
factor de riesgo.
Las empresas se aseguraron contra créditos
morosos por medio de complejos trueques financieros. Solo ese mercado
llegó a un valor total de más de 16 millón millones de dólares. Una
baja porcentaje morosa iba a causar insuperables problemas de
solvencia. Nadie sabía de verdad el valor de estos productos
financieros. Las valoraciones de las agencias de calificación de
riesgos no eran confiables, porque se pagaban por las mismas empresas
que se valoraban.
Desde por lo menos 2003, se sabía que el
sistema fue amenazado, no por un problema transitorio de liquidez, sino
por el riesgo de una bancarrota del sistema misma. La crisis empezó
desencadenarse en 2007 con el colapso de dos fondos de inversión. La
respuesta errónea de las autoridades fue precisamente decir que el
problema fue uno de liquidez. Todo el mundo se había engañado que los
precios de bienes y raíces nunca iban a caer. Pues, cayeron.
Las
hipotecas, que se habían vendido con tanto entusiasmo como instrumentos
financieros seguros, perdieron valor dramáticamente. ¿Cuanto valor han
perdido? Nadie quiere decir, porque poner un valor sobre las pérdidas
demostrará que muchos bancos no están solventes. Por ese motivo ahora
los bancos no están prestando entre sí-mismos y se amenaza una
depresión internacional.
¿Ahora qué?
En agosto 2008, el
régimen Bush en efecto nacionalizó dos corporaciones semi-estatales que
manejaban hipotecas con un valor de más de US$5 millón millones. El
gobierno también compró, por US$85 mil millones, 70% de la empresa
aseguradora AIG – que garantizaba enormes cantidades de instrumentos
financieros. En Wall Street ahora, ni uno de los cinco grandes casas de
inversión existe en su forma original.
Los mega-bancos
Citigroup, J.P.Morgan Chase, y Bank of America van consolidando el
sector financiero. En Estados Unidos se calcula que más de cien bancos
están en peligro de ir a la bancarrota. Es igualmente posible una etapa
de socialdemocracia al estilo de Franklin Roosevelt o una etapa de
fascismo corporativo.
Europa no ha sido inmune. En Inglaterra
han caído dos bancos. Islandia, Francia, Bélgica y Alemania han tenido
que intervenir para apoyar a cuatro más. El daño total en Europa ha
costado a los gobiernos hasta la fecha unos US$200 mil millones. Esa
cifra va a subir significativamente en los meses que vienen. Queda a
ver el impacto en Asia.
¿Es el fin de sistema capitalista
occidental? No. Pero la credibilidad del sector financiero esta
destruida. El Estado y los contribuyentes tienen que rescatar a los
banqueros y a los millones de victimas del sistema fraudulento que
causó la crisis. La memoria de eso va a durar mucho tiempo, tanto en
Estados Unidos como en Europa. Seguirán rezando al espíritu del
mercado libre, pero será un entierro en que el Estado compre las velas.
A nivel mundial, el colapso del prestigio del sistema
occidental tendrá secuelas complejas. La crisis sin duda acelerará la
presión para terminar el estatus del dólar como moneda de reserva
internacional. Los representantes del gobierno de China ya lo han
dicho. China, Japón, y otros países ya no van a comprar deuda
estadounidense de la misma manera que ha permitido financiar las
guerras del régimen Bush. Estados Unidos va a tener que implementar un
ajuste estructural.
No es un accidente que China, Rusia y
Venezuela han abierto relaciones de energía, tecnología y comercio por
miles de millones de dólares mientras Estados Unidos ha invertido
cantidades iguales en guerras desastrosas. La ideología del libre
mercado en Estados Unidos y Europa ha llevado sus pueblos hacia el
catástrofe, mientras las economías dirigidos por el Estado prosperan.
Estados Unidos y Europa están negando cada vez más a sus pueblos los
beneficios de salud, de educación, de seguridad social que hasta ahora
han disfrutado, mientras en China, Rusia y Venezuela esos beneficios
van en aumento.
Los líderes de China, de Rusia, de otros países
como Venezuela e Iran, de Brazil e India buscan un mundo de consenso
multipolar. Es para los Estados Unidos y sus aliados europeos decidir
si acepten de una manera civilizada la caída de su influencia o si van
a seguir desgastándose en agresiones criminales como en Iraq y
Afganistán. Es posible que las condiciones existen para permitir lo que
Padre Miguel D'Escoto ha pedido, de "salvar la planeta del pantano de
egoísmo enloquecido en que estamos, para volver al camino de construir
un mundo mejor."