La solidaridad y los anti-valores del imperio

por toni solo
, 7 de julio 2010

Me han contado que en Ohio,
a comienzos del siglo,
vivía en Bidwell una mujer,
Mary McCoy, viuda de un guardavía
llamado Mike McCoy, en plena miseria.

Pero cada noche, desde los trenes ensordecedores de la Wheeling Railroad,
los guardafrenos arrojaban un trozo de carbón
por encima de la tapia del huerto de patatas
gritando al pasar con voz ronca:
"。Para Mike!"

Y cada noche, cuando el trozo de carbón para Mike
golpeaba en la pared posterior de la chabola,
la vieja se levantaba, se ponía,
soñolienta, la falda, y guardaba el trozo de carbón,
regalo de los guardafrenos a Mike, muerto
pero no olvidado.

Se levantaba tan temprano y ocultaba
sus regalos a los ojos de la gente,
para que los guardafrenos no tuvieran dificultades
con la Wheeling Railroad.

Este poema está dedicado a los compañeros del guardafrenos McCoy
(muerto por tener los pulmones demasiado débiles
en los trenes carboneros de Ohio)
en señal de solidaridad.

                                                           "Carbón para Mike", Bertolt Brecht,


El neoliberalismo es la ideología más desesperada y extrema de un capitalismo cada vez más incapaz de satisfacer la avaricia de sus élites por medio de las actividades productivas. Para prolongar la ilusión de la prosperidad durante la década 1998  hasta 2008, aquellas élites recurrieron a la cínica manipulación financiera para crear ciclos de burbujas crediticias de una duración cada vez más corta. Un siniestro aspecto habitual de la prolongación de esta etapa de falsa prosperidad en el declive del sistema del capitalismo de consumo ha sido la propagación de anti-valores – el egoismo, el individualismo, el narcisismo – que destruyen la capacidad de las personas de demostrar una verdadera solidaridad humana y distorsionan la razón de ser de la sociedad humana.

La paradoja del neoliberalismo es que promueve la conectividad global para crear una infinitud de transacciones contratuales atomizadas. Los algoritmos financieros que se ocupan para aprovechar y sumar al máximo las ínfimas ganancias de una multitudinaria proliferación de compras-ventas computarizadas se reflejan en los rostros iluminados de consumidores, en los cinco continentes del mundo, por las pantallas de aparatos digitales de todo tipo. La tendencia es que cada uno vive en un pequeño ciberespacio aislado, cada espacio casi totalmente colonizado por las grandes corporaciones de las industrias globales de las telecomunicaciones, del entretenimiento y de la información.

Los multitudes que se conectan por medio de Facebook u otros redes sociales virtuales, por ejemplo, son como los incontables partículos atómicos que forman la materia fundamental del mundo. Lo que aparenta ser la comunicación vuelve a ser poco más que una bruta, mecánica conexión. Facebook es el arquetipo de la solidaridad al estilo neoliberal, una conexión artificial que propicia la comunicación con el fin imperativo de promover el consumismo por encima de todo. Constituye la falsificación de una solidaridad verdaderamente humana.

Los sociólogos han intentado sistematizar algunos variantes de la solidaridad. Lo analizan como un fenómeno que indica el grado o tipo de integración que existe en una sociedad. Los estudios sociológicos generalmente tratan de la afinidad natural entre personas que se siente por motivo de su raza o grupo étnico, su ocupación o estatus social, su edad o género. El poema de Bertholt Brecht trata en parte de ese tipo de solidaridad, pero desde un sentir humano de la experiencia física, de una realidad económica y política compartida. Brecht trata de una solidaridad de clase en que el grupo protege una de las suyas contra la mezquindad de una empresa corporativa y de una sociedad capitalista indiferente o cobarde.

En su poema, la beneficiaria, de manera recíproca, protege sus compañeros de la posible traición que podría afectarlos negativamente por motivo de su gesto solidario. En esto, se diferencia enormemente de la solidaridad virtual que se genera en el Internet, en Twitter, por ejemplo, del tipo que se dio en el caso de las falsas acusaciones de fraude contra el gobierno iraní durante las elecciones en aquel país a inicios de 2009. Ese contraste plantea la dificultad de hablar sencillamente de “la solidaridad” como si este concepto no fuera un campo de batalla ideológico ferozmente peleado entre las élites globales y las grandes mayorías.

La solidaridad internacional como contrapeso al imperialismo

Ni el análisis sociológico ni el ejemplo de Brecht tratan del caso de la solidaridad ideológica-humanitaria que trasciende diferencias de clase o de raza y se motiva más que todo por una profunda fe en la justicia. El siglo pasado dio muchos ejemplos de ese tipo de solidaridad ideológica-humanitaria – la lucha contra el apartheid en Africa del Sur, los resistentes franceses que apoyaron la lucha por la independencia de Argelia contra su propio gobierno colonialista, las decenas de miles de personas extranjeras que ayudaron activamente a los Republicanos en la Guerra Civil en España, los europeos en países bajo la ocupación alemana de la Segunda Guerra Mundial que escondieron y protegieron a los judíos perseguidos por los nazis.

En nuestros tiempos, el concepto de la solidaridad ha sido un espacio intelectual y cultural dónde diversas tradiciones de pensamiento – por ejemplo, el marxismo y la teología de la liberación – pueden encontrarse en armonía. Hay muchos ejemplos de como la conciencia de clase del análisis materialista dialéctica va de mano naturalmente con la insistencia sobre la hermandad que se encuentra en las diferentes tradiciones religiosas. Ultimamente hemos tenido ejemplos vivos y recordatorios oportunos de aquella realidad.

Lo más notorio a nivel internacional ha sido el asalto criminal del gobierno israelí contra la Flotilla de la Paz que iba rumbo a la Franja de Gaza con ayuda humanitaria. La población de Gaza ha sido víctima no únicamente del flagrante crimen de castigo colectivo masivo de parte del régimen sionista, sino también de la hipócrita complicidad en ese crimen por parte de la “comunidad internacional”. No es para nada que el Padre Miguel D'Escoto ha priorizado la situación en Gaza en su nuevo trabajo para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra.

Cuando los militares-piratas israelís asaltaron el barco turco Mavi Marmara, mataron a por lo menos nueve civiles desarmados e hirieron de bala a 40 más. Habían más de 700 personas – en el Mavi Marmara la mayoría eran de Turquía - de decenas de países en los seis barcos que integraron la flotilla. Otro barco, procedente de Irlanda, que fue interceptado posteriormente por las fuerzas israelís, llevaba el nombre Rachel Corrie. Rachel Corrie fue una activista estadounidense quien fue asesinado por el ejército israelí cuando ella desafió uno de los enormes tractores, de la empresa estadounidense Caterpillar, que los sionistas ocupan para destruir las casas de las familias palestinas de quienes los israelís han robado sus propiedades con total impunidad durante más de 60 años.

Lo que pasó a Rachel Corrie trae a la mente el sacrificio heroico de Brian Wilson, otro activista estadounidense por la paz. Brian Wilson desafió un tren militar cargado de municiones durante una acción de protesta en contra del militarismo del gobierno estadounidense y específicamente su agresión terrorista contra el pueblo de Nicaragua. El tren aplastó a Brian Wilson, cortándole las piernas. Milagrosamente, sobrevivió.

Brian Wilson fue uno de cientos de miles de internacionalistas que apoyaron la causa de la paz en América Central durante los años 1980s. En la misma época también se dio el ejemplo imborrable  de Benjamin Linder, asesinado por la Contra nicaragüense. Estos fueron asesorados en su campaña de terror, de una manera escasamente encubierta, por agentes y efectivos del gobierno estadounidense y sus aliados, incluso el gobierno de Israel.  

En México últimamente, otro internacionalista, Jyri Jaakkola de Finlandia fue asesinado por sicarios del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz del Partido Revolucionario Independiente, mientras intentó en vano proteger a Bety Carino, una activista indígena. Las dos formaban parte de un convoy  que llevaba alimentos y medicinas a miles de indígenas de la etnia Triqui en San Juan de Copala. El gobierno de México, igual que el gobierno israelí, permite la practica del asesinato y de la tortura de manera rutinaria. No es un accidente que el mejor aliado de aquellos gobiernos criminales es el gobierno de los Estados Unidos.

En 2006 otros asesinos bajo el mando de Ulises Ruiz mataron a Brad Will, un periodista estadounidense que reportaba sobre la huelga de maestros en Oaxaca y el movimiento popular de la aquella región en aquel entonces. Jaakola, Will y Carino se han sumado a los cientos de heroicas activistas mexicanos asesinados por motivos políticos en en la lucha continua por una verdadera democracia contra la élite fascista que ha supervisado el declive de México hacia el abismo de un corrupto narco-estado fallido, parecido a Colombia.

La solidaridad como tradición revolucionaria

En gran parte lo que ha motivado y sigue motivando los ejemplos inspiradores de las y los activistas solidarias internacionalistas son los ejemplos de la solidaridad revolucionaria dados por pueblos enteros como lo de los sur-africanos que derrotaron al sistema racista de apartheid, los cubanos que derrotaron a Batista y posteriormente han derrotado año tras año el bloqueo genocida de los Estados Unidos. Los ejemplos  de los pueblos centroamericanos en lucha, de Guatemala, de El Salvador y de Nicaragua también inspiraron impresionantes movimientos de solidaridad  en todo el mundo.

En la Cuba revolucionaria la solidaridad a nivel interna se ha expresado históricamente en  extensas y profundas campañas para garantizar los derechos más fundamentales del pueblo. La campaña de alfabetización de 1960-1961 creó la base de una experiencia educativa que ha servido a muchos países para reducir dramáticamente sus niveles de analfabetismo. La transmisión de aquella experiencia cubana a Nicaragua en los primeros años de la década de los 1980s se ha repetido últimamente en otros países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de nuestras Américas (ALBA) – Bolivia, Ecuador, Honduras y Venezuela.

Ese solo ejemplo de la alfabetización demuestra de la manera más contundente la falsedad y cinismo de la supuesta “ayuda” de los países ricos a los países en vías de desarrollo. Si uno contempla las cifras del analfabetismo en, por ejemplo, América Central, se encuentra que los países históricamente aliados de Estados Unidos – Honduras, Guatemala, El Salvador - tienen  altas cifras de analfabetismo a pesar de haber recibido miles de millones de dólares en “ayuda” durante décadas. Mientras en muy corto tiempo, dentro del ALBA, Nicaragua ha eliminado el analfabetismo. El mismo contraste se observa entre Colombia y Venezuela.

Hace treinta años, en 1981, la Campaña de Alfabetización del gobierno revolucionario en Nicaragua también demostró el vergonzoso fracaso de los programas de cooperación para el desarrollo de los países occidentales bajo el liderazgo de los Estados Unidos. El ejemplo sin par de la revolución cubana en el campo del la educación se repite en el campo de la salud. De la misma manera en que se desarrolló la gran experiencia de erradicar el analfabetismo, la revolución cubana también ha demostrado como las políticas basadas en  la solidaridad pueden transformar el estado de salud de un pueblo entero.

El gobierno revolucionario en Cuba nacionalizó la industria farmaceútica en 1960 y de allí se procedió a integrar todo un sistema de salud nacional. Entrando a la década de los 1970s, Cuba ya tuvo un sistema que enfatizó la salud integral con prioridad a la salud preventiva. Su sistema  priorizaba la participación comunitaria. Eso fue de suma importancia para desarrollar con éxito las campañas de vacunación, de higiene ambiental y de educación sanitaria. Establecer la gratuidad del sistema de la salud y asegurar el acceso de todo el pueblo al mismo también fueron logros revolucionarios fundamentales.

Cuba se puso al rango de los países ricos en términos de su sistema de salud y de los indicadores de la salud de su pueblo en base de su ideología revolucionaria de socialismo y solidaridad. Ahora, por más de treinta años, médicos cubanos han trabajado en todo el mundo y Cuba es una potencia médica a nivel mundial en términos de la investigación de enfermedades, la producción de nuevas medicinas y la educación de médicos y todo tipo de profesional de salud. Igual que las y los educadores cubanos han ayudado eliminar el analfabetismo en los países del ALBA, brigadas médicas cubanas contribuyen a transformar los sistemas de salud de aquellos países.

Esta larga tradición de cooperación y solidaridad ha tenido un fuerte impacto en la historia de Nicaragua. Aquella histórica Campaña de Alfabetización de 1981 ayudó crear un contexto de solidaridad revolucionaria que hizo posible un amplio apoyo popular para las movilizaciones de los cortes de café y para las jornadas nacionales de salud. Son fenómenos que en las sociedades capitalistas solo ocurren durante tiempos de guerra o de desastre nacional.

La cínica manipulación imperial de la solidaridad

Aunque es más que claro que los altos valores morales de la solidaridad contradicen la ley fundamental del capitalismo - que la ganancia individual es todo, que la ley del mercado es la que rige - los poderes imperialistas han sabido como manipular los ideales de la solidaridad para sus propósitos anti-humanitarios. El ejemplo obvio es lo del movimiento popular polaco que llevaba el nombre de Solidaridad. Fue un movimiento fuertemente apoyado por el gobierno de Estados Unidos y sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte para debilitar el sistema comunista del gobierno de Polonia y de los países socialistas del Pacto de Varsovia.

Se trataba de un movimiento que dependía fuertemente sobre el movimiento obrero, especialmente los obreros de los grandes astilleros de Gdansk. Eran precisamente aquellos obreros, que lucharon por más libertad y un mejor nivel de vida, que fueron los principales víctimas de la transformación de Polonia a un país capitalista. El período desde la caída del muro de Berlin ha sido uno de alto desempleo, bajos sueldos, peores servicios de educación y salud, altos índices de desigualdad socio-económica. Lo más probable es que aquel perfil se empeorará dado la persistente crisis económica que aflige actualmente la región europea. En efecto el movimiento Solidaridad hizo el trabajo del gran capital y de los intereses extranjeros para reformar Polonia al servicio de los intereses de las élites globales y las corporaciones transnacionales.

La experiencia de movimiento con el nombre Solidaridad en Polonia fue el modelo para otras experiencias posteriores, por ejemplo la manipulación masiva de una oposición fabricada a la medida del imperio en países como Georgia y Ucrania. Aquellas experiencias dan pautas para entender mejor lo que está pasando en América Latina en términos de la explotación de algunos sectores de los movimientos sociales para intentar socavar el avance de ideas socialistas en el continente. Las características de la fuerte presión por la justicia socio-económica en América Latina son muy diferentes a las presiones por una vida mejor en los países del antiguo Bloque Socialista. Sin embargo, los Estados Unidos y sus aliados asignan mucho esfuerzo y grandes recursos económicos para promover de una manera semi-encubierta los anti-valores del capitalismo disfrazados como incuestionables derechos humanos.

Sus blancos principales en América Latina han sido los gobiernos de los países más grandes del ALBA –  Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. Los gobiernos del ALBA  movilizan sus pueblos alrededor de procesos revolucionarios de emancipación colectiva para asegurar para las mayorías desposeídas la educación, la salud, el empleo, la igualdad, una vida digna. Los países ricos que quieren reprimir esos procesos revolucionarios y sostener su sistema capitalista anti-humanitario manipulan y buscan apropiarse exclusivamente para ellos las lemas de los derechos humanos y la libertad.

Los resultados de la libertad al estilo capitalista están a la vista. El sistema financiero y económico del Bloque Occidental – Estados Unidos y sus aliados – esta en la más severa depresión desde la Depresión de los años treinta. Es así precisamente porque los gobiernos occidentales quitaron al por mayor las regulaciones y controles que protegían las grandes mayorías del la avaricia desfrenada de las grandes corporaciones y conglomerados financieros.

En el Golfo de México el desastre del fracaso del proyecto de producción “Deepwater Horizon” en aguas profundas de la transnacional BP ha provocado el desastre ecológico más grande en la historia de la región. Vale la pena notar que la transnacional petrolera Shell repetidamente ha sido responsable de desastres parecidas en las costas del Oeste de Africa. Estos desastres son el resultado directo de la desregulación de las normas ambientales más rudimentarias, sencillamente para maximizar las ganancias de las élites que dirigen un puñado de mega-corporaciones.

En todos los casos son las mayoría empobrecidas que sufren más. En el caso del desastre económico en que han caído los países ricos, los gobiernos occidentales anti-humanitarias han sentenciado decenas de millones de personas al desempleo y la indigencia. Sus políticas para recuperar alguna semblanza de la prosperidad consisten en  ir en retroceso más de setenta años quitando sus poblaciones de las protecciones sociales y derechos económicos acumulados después de duras luchas librados por los movimientos populares desde los años 1930s.

Si se trata del tema de derechos humanos el imágen de los países occidentales no podría ser peor. La continua existencia de Guantánamo y los múltiples abusos de la llamada Ley Patriota en Estados Unidos contradice categóricamente cualquier aspiración a autoridad moral del gobnierno de barack Obama. Si se trata de Europa, uno solo tiene que recordar la siniestra complicidad de países como  el Reino Unido, Irlanda, Alemania y otros en los vuelos secretos que llevaron prisonieros a ser toturados en cárceles clandestinas en Europa misma y en otros países aliados de los Estados Unidos.

La solidaridad humana triunfante del ALBA

A la vez que el proceso de feroz reacción anti-popular y de retroceso en programas de bienestar, educación y salud se desencadena en Estados Unidos y en Europa, los países del ALBA avanzan con su programa emancipador. En Nicaragua, el legado de las experiencias ricas de la primera etapa de la revolución en los años 1980s nutren el desarrollo de las acciones y la conciencia necesaria para llevar a cabo la transformación tan largamente anhelada del país y de la región. Los aliados locales en la región de los Estados Unidos  y de los países europeos no tienen respuesta a un programa inspirado por un concepto de la solidaridad derivado de los puros ideales altruistas del cristianismo unido al lucido análisis coherente y concreto del socialismo.

Las ideales y la práctica concreta se unen contundentemente en la Misión Milagro, en los aportes de las brigadas médicas cubanas, el Yo Sí Puedo, la implementación de programas como Hambre Cero y Usura Cero en beneficio de la población más marginada, las iniciativas productivas sin discriminación política, la énfasis sobre el desarrollo de la Costa Atlántica, la extensa inversión en infraestructura de todo tipo a nivel nacional, la reactivación del mercado de vivienda a favor de las familias de bajos ingresos. Todas estas iniciativas y muchas más revelan el poder de los valores de una solidaridad verdaderamente humana. Es una solidaridad basada en las experiencias compartidas, en realidades indiscutibles y en respuestas basadas en un compromiso absoluto a los principios de la comunicación y la reciprocidad entre iguales.

La ventaja del gobierno revolucionario del FSLN en Nicaragua y sus homólogos en los demás países del ALBA es que construyen la emancipación de la región en base de verdades fácilmente accesibles a las mayorías empobrecidas. La experiencia concreta de tener acceso a una educación mejor, a una salud mejor, a una alimentación mejor, a una vivienda mejor, a calles mejores, a un empleo digno, a una actividad recreativa alegre hacen a la gente creer en los valores solidarias que dieron vida a aquellas experiencias concretas. Aquellos valores de una solidaridad verdaderamente humana se refuerzan con cada avance que deja aún más atrás el fracaso de las recetas políticas neoliberales de las élites locales y sus amos globales.

En cambio, las fuerzas de oposición en países como Nicaragua o Venezuela conjuran las fantasmas de una dictadura  inexistente que las mayorías ni reconocen ni  miran porque no existe. Los opositores del Presidente Ortega o del Presidente Chávez hablan en lenguas de las amenazas a la libertad de expresión o a la propiedad privada. Pero solo sus correligionarios los entienden, porque son de un culto hermético y exclusivo de misterios solo comprensibles por las más altas élites burgueses.

La realidad socio-económica que vive la mayoría de la gente es más poderoso que los pseudo-valores de los espacios virtuales de la televisión o del Internet, de los spots propagandísticos de la derecha y del centro-derecha. En aquella realidad socio-económica, la solidaridad socialista y cristiana contradice directamente y poderosamente la mezquina vacuidad del individualismo narcisista promovido por el capitalismo o por los falsos profetas de algún inexistente “tercer via”. ALBA ha transformado un “Carbon para Mike” en una avalancha de genuina solidaridad humana capaz de enterrar para siempre el miedo al patrón, a su amo norteamericano o europeo y la deferencia vergonzosa a todas sus mentiras.