Consenso de Nuestra America - Proyecciones de un programa político del Foro Sao Pablo

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Proyecciones para un programa político de acuerdos de la izquierda, los partidos
y movimientos populares de América Latina y el Caribe

CONSENSO DE NUESTRA AMERICA (PDF 194Kb)

Agenda para un debate - Introducción al documento por Orlando Nuñez Soto

El documento que el lector tiene en sus manos es el primer esfuerzo y compromiso de más de cien organizaciones políticas de izquierda de América Latina y el Caribe, organizadas desde hace 27 años en el Foro de Sao Pablo y que hoy someten a la discusión pública la proyección de lo que sería un programa político en proceso permanente de redacción, consulta y adopción, hoy consensuado alrededor del texto que prologamos, ofrecido al mismo tiempo como una herramienta de trabajo y de lucha por la transformación de nuestras sociedades.

El objetivo de su publicación es socializar nuestros pensamientos, sentimientos, experiencias y proposiciones, en aras de masificar su contenido en el seno de las miles de organizaciones de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños. Esperamos, modestamente, que sea aceptado como una agenda de debate en el seno de cada uno de los colectivos políticos, académicos, institucionales, sindicales, cooperativos, indígenas, afroamericanos, juveniles, así como de pobladores y de mujeres, y de cuanta asociación exista, y se mantenga en la lucha de resistencia frente al sistema imperante y el orden establecido que lo sostiene.

El momento histórico de Nuestra América se caracteriza por una mayor ofensiva por parte de las fuerzas locales de las oligarquías apoyadas por las potencias imperiales (estatales), particularmente del imperialismo (corporaciones) de los Estados Unidos y sus aliados. Encontrando una decidida fuerza de resistencia y disputa de la opinión ciudadana y de las instituciones públicas, encabezada por las organizaciones políticas y sociales del subcontinente latino-americano-caribeño. Estos liderazgos y estas organizaciones han decidido mantener sus posiciones, sin desertar de los ideales de nuestros ancestros, alimentados por las conquistas que desde la Independencia hasta nuestros días nos muestran que la lucha sigue siendo imprescindible, necesaria y promisoria para cambiar un mundo agobiante.

Estructuralmente, el sistema político y económico establecido, encabezado por los gobiernos y naciones imperiales, pierde cada día más capacidad para alimentar al pueblo que explota y domina, sostener la biodiversidad que fagocita y encuentra mayor dificultad para alcanzar rentabilidad económica para la mayoría de sus empresas, usufructuando cada vez más el presupuesto público para sostener las ganancias de los más capitales más favorecidos. Por otro lado, las corporaciones siguen desplazando a las empresas de talante local y nacional, contribuyendo a aumentar el desempleo, empobreciendo a los pobladores, empujando a la ciudadanía a prácticas cada vez más delictivas y migraciones hacia la ciudad y al extranjero.

Sin embargo, las crisis del sistema no garantiza su desmoronamiento, sino que más bien funcionan como mecanismos para enmendar con mayor eficiencia su fatídico quehacer. Las transformaciones, desde arriba y desde abajo, solamente pueden ser el resultado de saltos revolucionarios, por muy pequeños que sean, y del esfuerzo constante por deslegitimar el sistema, arrastrando a la ciudadanía hacia nuestros programas socioeconómicos.

Desde el punto de vista político y como producto de un acuerdo tácito entre la derecha y la izquierda, nos comprometimos con la democracia inclusiva, aceptándola como un medio y un fin para acceder y gestionar el poder, decidiendo cerrar el ciclo de la revolución armada iniciado con la revolución cubana en 1959 y terminado con el actual desarme de las fuerzas revolucionarias colombianas. El resultado ha sido alentador, nuestra disputa por la opinión pública ha logrado captar alrededor del 40% de los votos ciudadanos, lo que en varios países se ha traducido en victorias presidenciales, parlamentarias y municipales. En esta lucha ha sido decisiva y seguirá siéndolo la alianza y combatividad de los variados frentes políticos electorales y de movimientos sociales, que en los últimos años han multiplicado sus reivindicaciones, denuncias y prácticas alternativas de gestión económica y formas participativas de gestión. De tal manera que seguimos comprometidos con la libertad, la democracia y los derechos humanos, tal como lo explicitamos en el documento, conscientes de que la lucha por la transformación social es larga, pero tiene que librarse cada día y en todas las escalas.

En ese mismo sentido y desde el punto de vista económico nos comprometimos a disputar los excedentes a través de las reglas del mercado, sin confiscaciones arbitrarias, aceptando transitar a través de una economía mixta, aunque inclinándonos por apostar y apoyar a esos centenares de miles de unidades económicas populares que frente al desempleo han decidido empezar a hacerse cargo de su propia sobrevivencia y reproducción. Igualmente, el resultado ha sido favorable para paliar la tragedia socioeconómica generada por la desigualdad social.

Sin embargo, nuestros adversarios, lejos de cumplir con su compromiso de respetar nuestras victorias electorales y los espacios económicos para una emergente economía popular, se han dedicado a desestabilizar políticamente y boicotear económicamente a los gobiernos de izquierda, debilitando fiscalmente y privatizando el Estado, tildando a los gobiernos de izquierda de populistas y autoritarios, ensañándose en una oposición destructiva, incluyendo el recurso a los golpes de Estado de todo tipo. Como parte de su estrategia, han instrumentalizado a esas nuevas iglesias laicas, los ONGs y sus intelectuales orgánicos, quienes después de satanizar a los gobiernos de izquierda y apoyar el desmantelamiento de los estados nacionales, hoy enarbolan un discurso disfrazado de progresista, culpando y exigiendo que las instituciones públicas se hagan cargo de resolver los estragos dejados por la globalización y sus políticas neoliberales.

A pesar de todas las adversidades, las nuevas unidades económicas populares (campesinos, artesanos, pescadores, comunidades indígenas, trabajadores por cuenta propia, unidades económicas familiares, cooperativas) están generando su propio empleo, aunque precario, produciendo gran parte de los alimentos que consumen nuestros países, enviando remesas desde el exterior y contribuyendo con sus ingresos-gastos con más del 50% al Producto Interno Bruto Disponible (PIBD) de nuestras economías, aunque sigan en condiciones precarias por no poder captar el valor agregado que favorece a las empresas capitalistas que le drenan el excedente a través del mercado comercial. Hoy por hoy, esta nueva economía ha comenzado a escalar algunos trechos de la cadena de valor (acopio, comercio, procesamiento y exportación), a través de múltiples formas cooperativas y asociativas, empezando por administrar con mayor emprendeduría y solidaridad sus unidades económicas familiares, así como sus pequeñas unidades de sobrevivencia y reproducción, progresivamente ampliadas, compitiendo en un mercado cada vez más exclusivo y excluyente.

La coyuntura actual sigue siendo desgastadora para nuestras economías, el nivel de vida y de seguridad de la población, el sostenimiento de los recursos naturales cada vez más mercantilizados, así como para la soberanía de nuestras naciones, acechada por la globalización neoliberal, hoy combinada con una mayor decisión proteccionista de las potencias imperiales. En este empeño, las naciones imperialistas arrecian su impulso conservador, concentrador y excluyente, hasta con sus propias poblaciones, aterrorizando al mundo con sus guerras de rapiña, la instalación de sus empresas transnacionales y sus bases militares en nuestros territorios, imponiendo sus mecanismos comerciales y financieros con los cuales siguen drenando nuestros excedentes y precarizando nuestras economías. Asimismo, observamos una reactualización de sus viejos valores racistas y xenofóbicos, hoy contaminados por una cruzada contra el terrorismo que ellos mismos han engendrado.

Como parte de nuestras propuestas, hemos conferido especial énfasis en este documento a las alternativas de lucha y de modelo político, económico y cultural, las que evocamos como un modelo de poder popular. El poder popular lo concebimos como una combinación de organización económica de los pequeños y medianos productores, avanzando, junto a la cada vez menos numerosa clase obrera, por el camino de la  asociatividad social y económica + movimientos populares y sociales + políticas públicas, encaminadas éstas a erradicar la pobreza a través de presupuestos fiscalmente progresivos y participativos, defender nuestra soberanía alimentaria y económica, impulsar la reforma agraria, expropiar cuando se pueda la propiedad de los grandes monopolios extranjeros, alentar el nacionalismo de nuestras fuerzas armadas, disputar y transformar las instituciones públicas, fomentando formas locales de gestión popular de las instituciones locales y nacionales, encaminándose progresivamente hacia un modelo de restitución de derechos ciudadanos y una práctica cada vez más participativa de responsabilidad compartida entre las instituciones públicas y el pueblo, local y sectorialmente organizado. Este concepto y esta práctica de poder popular, producto de la correlación de fuerzas, contrastan con aquel poder popular surgido en el momento de las revoluciones militares, cuando las fuerzas sociales conformaron un pueblo armado amparado de un proyecto socialista y estatista y protagonizaron beligerantemente la gestión directa de la cosa pública y de la cosa económica. Estos aportes históricos inspiran hoy las significativas prácticas de democracia directa que están implementando los procesos bolivarianos en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia.

En esta guerra de posiciones y a pesar de su satanización, nos inclinamos por un mayor protagonismo estatal que oriente y planifique una economía mixta, conviviendo estructuralmente con el capital productivo, favoreciendo con nuestras políticas públicas la naciente economía popular, a través del apoyo a los nuevos actores que esperan ser tratados como sujetos productivos a quienes hay que capitalizar y no como pobres a quienes solo cabría mitigarles su miseria.

En este bregar, las contiendas electorales seguirán siendo verdaderos campos de batalla por la opinión pública y las instituciones políticas; batallas pacíficas, pero beligerantes en todos los órdenes, que nos permitan, independientemente de sus resultados finales, tomar el pulso a la acogida de nuestros programas políticos, entrenar nuevos valores que trastoquen la conciencia inoculada por la tradición conservadora, fomentar y consolidar toda forma de organización social, haciendo de la movilización de calles una demostración de identidad, presión y unidad de todo el movimiento, incluyendo la alianza de todas las fuerzas posibles que nos faciliten avanzar en la hegemonía política por un proyecto social alternativo.

Asimismo, conscientes de que no puede haber soberanía nacional sin soberanía latinoamericana, reafirmamos nuestra voluntad de trabajar y luchar por la unidad latinoamericana y caribeña, respetando nuestras particularidades, pero empeñados en acumular y mostrar factores de unidad contra los embates de un sistema decadente y cada vez menos operativo para colmar los anhelos de las personas, familias y comunidades más empobrecidas, más excluidas, más discriminadas, más violentadas y más invisibilizadas en su trabajo y en su vida cotidiana, así como ignoradas en sus luchas y esfuerzos por resistir al sistema que las oprime cotidianamente.

En esta lucha local, nacional, continental y mundial, siempre habrá movimientos nacionales y sociales que padezcan, luchen y se encuentren en las primeras filas, al borde de las fronteras políticas ofensivas del sistema imperial. Hoy vislumbramos a nuestros hermanos mexicanos, hostigados y empujados a ocupar el puesto de avanzada para repeler la ofensiva imperial, levantando sus propias trincheras para resistir los embates del belicoso proteccionismo estadounidense. México que ha sido la frontera geográfica para Centroamérica, el Caribe y Suramérica, México que desencadenó la primera revolución del siglo XX americano. México hacia quien América Latina tendrá que mostrar la misma solidaridad que desplegó para la revolución cubana, la gesta heroica de la Unidad Popular de Salvador Allende, la revolución sandinista o la revolución bolivariana de Venezuela, por no citar que las experiencias más destacadas de la solidaridad contra las embestidas del imperialismo gringo en sus múltiples fechorías.

Frente a esta nueva cruzada imperial deberemos crear de nuevo un gran frente antiimperialista o como haya que llamarlo para enfrentar mejor los embates de una economía estadounidense rezagada en algunos de los diferentes frentes de guerra de la competencia económica globalizadora y que la supremacía blanca con sede en Estados Unidos y otros países industrializados quieren recuperar. Sirva este documento consensuado por la otra América para preparar las pequeñas y las grandes tareas y batallas que el sistema heredado, los embates del enemigo y nuestros propios compromisos y esperanzas, nos obligan a emprender.

En este sentido cabría sumar fuerzas con todos los adversarios comunes, dentro y fuera de los Estados Unidos, aprovechando las contradicciones en que necesariamente se mueve el presidente Trump, a caballo entre los intereses de una nación imperial y los intereses del sistema imperialista, donde el nacionalismo estará matizado por los intereses de las grandes corporaciones transnacionales que gobiernan el mundo a través de las reglas del capital globalizador y que como sabemos no tienen patria, ni frontera, ni lealtades nacionales, ni veleidades o escrúpulos ideológicos.